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Zaragoza

El reto de rediseñar la ciudad de Zaragoza tras la pandemia

La ‘nueva normalidad’ obliga a los ayuntamientos a estudiar cambios en el urbanismo y la movilidad. Los expertos piden entornos más confortables, potenciar la bici y no segregar a los más vulnerables.

Vista de Zaragoza desde la iglesia de la Magdalena.
Vista de Zaragoza desde la iglesia de la Magdalena.
José Miguel Marco

El uso de mascarilla, la restricción de aforos en el transporte público, las franjas horarias para salir a la calle, el recelo social, el teletrabajo... La crisis sanitaria mundial por el coronavirus ha alterado el día a día de los ciudadanos que, en el caso de España, acometen ahora una desescalada incierta y gradual. Para ello, las autoridades, también las municipales, improvisan como buenamente pueden regulaciones y decretos provisionales para alcanzar cuanto antes la denominada ‘nueva normalidad’ en condiciones de seguridad. Sin embargo, las grandes ciudades, principales afectadas por la pandemia por su densidad de población, afrontan el reto de revisar su configuración para adaptarse a cambios mucho más permanentes.

Por ello, HERALDO ha contactado con expertos de diferentes ámbitos para conocer hacia dónde debe encaminarse Zaragoza y las nuevas urbes poscovid. Una reflexión más habitual de lo que parece. La planificación urbanística ha estado marcada históricamente por las epidemias que han afectado en el pasado a la humanidad. La tuberculosis, la peste, la fiebre amarilla o la malaria asolaron en su momento las grandes ciudades, que introdujeron mejoras sustanciales que hoy todavía perduran con criterios sanitarios.

La perspectiva social

"El mundo actual se encuentra en una encrucijada similar, por lo que hay que impulsar transformaciones urbanas en todos los aspectos, desde el sanitario al económico, pasando por el geopolítico y el cultural", apunta Ángel Pueyo, al frente del Grupo de Estudios en Ordenación del Territorio (GEOT) de la Universidad de Zaragoza. Junto con su equipo, acaba de publicar un artículo titulado ‘La planificación y la gestión urbana entre la Gran Recesión y la pandemia covid-19: aportaciones de la inteligencia geográfica’, en el que advierte de que «el contexto previo a la pandemia podría reforzar los modelos autocráticos o neoliberales, e incentivar la necesidad de segregar a los grupos sociales más débiles». Por ello, teme un aumento del "control social y del populismo" frente a principios básicos como "la hospitalidad, la convivencia o el teletrabajo".

En cualquier caso, el director de la Cátedra Territorio Sociedad y Visualización Geográfica apunta que la respuesta a la pandemia "requiere la detección precoz de los potenciales focos de contagio, la incorporación progresiva y segura de la población a sus actividades cotidianas y medidas sociales de largo recorrido".

Ciudad densa o ciudad dispersa

Los investigadores y técnicos coinciden en que la crisis de la covid-19, que ha golpeado con más fuerza a las grandes capitales, ha intensificado el pulso entre una configuración urbanística vertical, y más densa, de las ciudades, frente a otra más horizontal o dispersa. "Durante la fuerte expansión inmobiliaria que concluyó en 2007, muchos ‘expertos’ cantaron las excelencias de la densificación y llegaron a considerar modelos de responsabilidad ecológica aglomeraciones como Singapur o Manhattan. Desde hace unas semanas, otros ‘expertos’, o quizá los mismos, nos están recomendando áreas urbanas redirigidas hacia la dispersión, la baja densidad", dice Ramón Betrán, director del Servicio de Planificación y Diseño Urbano del Ayuntamiento de Zaragoza. "En esto, como en casi todo, creo que la virtud está en el justo medio", apuesta.

"Con y sin virus, serán preferibles unas ciudades suficientemente esponjadas, con manzanas aireadas, calles de amplias aceras, más y mejores plazas, jardines y parques, y vínculos eficaces con el entorno rústico y natural; donde también sea agradable y sana la vida de quienes no pueden vivir en pisos de 200 m² o unifamiliares con jardín", defiende este arquitecto que, eso sí, considera que "sería muy triste que esas anchas aceras y esos espacios libres se concibieran para distanciar a la gente y no para aproximarla".

Para Adriana Marín, secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón, esta "es una cuestión central" que, en todo caso, "depende del modelo territorial, ya que no es lo mismo el urbanismo del norte de España que el del sur o el del interior". "La ciudad es una solución dinámica a un escenario en constante transformación y tras la pandemia volverán debates sobre su modelo. Por ejemplo, ahora parece que crece la búsqueda de viviendas con jardín, terraza, a las afueras... pero habrá que ver si es una demanda real o una cuestión circunstancial".

Hacia la nueva movilidad

Quizá los cambios más inmediatos que deben afrontar las ciudades tienen que ver con la movilidad, dadas las restricciones de aforo que han impuesto las autoridades sanitarias a los medios de transporte de masas, por el riesgo de contagio que conllevan. En este sentido, el Ayuntamiento de Zaragoza ha dado los primeros pasos y, por ejemplo, va a prohibir aparcar vehículos sobre cualquier acera para facilitar el paso peatonal.

Además, la coalición PP-Cs ha tenido que redirigir las prioridades con que llegó al gobierno municipal -centradas, sobre todo, en el bus- para impulsar otros medios más seguros, como la bicicleta o los patinetes, aunque siempre teniendo en cuenta que estos vehículos no satisfacen las necesidades de la población de más edad.

"Confío en que el recelo frente al transporte público no sobreviva mucho. Pero, por si esto no fuera así y para evitar que el automóvil privado vuelva a ocupar espacios que había ido liberando pacíficamente, habrá que seguir haciendo más transitables las ciudades para los peatones y las bicicletas y, al mismo tiempo, garantizar en los barrios un ecosistema funcional que reduzca la necesidad de desplazamientos a largas distancias", defiende Betrán.

En el caso de Zaragoza, Ángel Álvarez, ingeniero técnico en obras públicas experto en movilidad, apuesta por mantener los convoyes dobles que estos días circulan por la ciudad para favorecer la distancia. "Están dando muy buen servicio, pero cuando vuelva la normalidad no tenemos tantos tranvías, hay que adquirir más", reclama, así como más vehículos dobles para las líneas de bus. Por su parte, Belinda López, directora de la Cátedra Zaragoza Vivienda, destaca que "la bicicleta es un vehículo saludable, sostenible y efectivo contra la propagación del virus" frente al coche, que es "uno de los medios más contaminantes, y por tanto perjudicial para el ecosistema que constituye la principal barrera natural a la propagación".

En este sentido, esta investigadora de la Universidad de Zaragoza asegura que la crisis "pone de manifiesto la necesidad de acelerar la evolución hacia el vehículo eléctrico". Es más, a su juicio, y aunque "todavía está lejos de una implantación en España", la conducción autónoma aportaría grandes beneficios. "Tiene el potencial de reducir el contacto persona a persona", por ejemplo, en el envío de compras a domicilio.

Viviendas y comercios

Finalmente, los expertos coinciden en que el confinamiento ha evidenciado la necesidad de contar con ecosistemas confortables tanto en las viviendas particulares como en los comercios y en los espacios públicos. Respecto a los hogares, Belinda López recuerda que "la relación entre salud y confort está ampliamente documentada" y asegura que "la rehabilitación energética es crucial tanto para generar empleo y reducir el estrés sobre el ecosistema, como para proteger la salud".

"La rehabilitación es crucial", coincide Adriana Marín, que reclama el respaldo financiero de las instituciones y apuesta por introducir mejoras en las edificaciones. "El teletrabajo se ha disparado, y eso se debe tener en cuenta en el diseño de las viviendas", advierte. En este sentido, Fernando Oliván Avilés, del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja, reclama "un urbanismo más sostenible", con «"pisos de más metros, no solo para dormir". Por ello, califica de "barbaridad" el auge de la conversión de locales en viviendas.

De igual modo, Oliván recuerda que en los últimos años se han aplicado mejoras en la construcción de viviendas que deberían trasladarse al entorno laboral. "En las oficinas, donde pasamos mucho tiempo, se habla de condiciones de confort como el calor o la humedad, pero nadie habla de la calidad del aire, los sistemas de renovación y purificación deberían ser obligatorios", defiende. Además, propone mejoras para el sector comercial. "Al igual que hicieron los bares tras la ley antitabaco, las tiendas deberían poder habilitar un espacio de venta directa a la calle, sin que sea necesario que acceder al local", concluye.

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