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Protectoras de animales: “La atención está garantizada totalmente”

Las visitas, la tramitación de adopciones y la entrada de voluntarios se han suspendido durante el estado de alarma, aunque tanto protectoras municipales como privadas siguen cuidando y recogiendo animales.

Dos perros, en una de las jaulas del centro de protección animal de Peñaflor.
Dos perros, en una de las jaulas del centro de protección animal de Peñaflor.
Guillermo Mestre

La entrada en vigor del estado de alarma que restringe los movimientos de los ciudadanos no ha dejado de suscitar dudas, especialmente entre quienes aquellos que conviven con sus mascotas. ¿Se pueden sacar de paseo? ¿Pueden los perros transmitir o padecer el coronavirus? ¿Estarán los veterinarios abiertos en caso de necesitar atención? Son cuestiones que, poco a poco se han ido aclarando, pero que también afectan de lleno al trabajo de las protectoras de animales.

Con todo, y pese a la que está cayendo, la labor de quienes trabajan en estos centros se mantiene durante el confinamiento -aunque con algunos cambios- para que a los animales no les falte de nada. “La atención está garantizada totalmente”, asegura Alicia Serrano, jefa de la Unidad de Protección Animal del Ayuntamiento de Zaragoza.

En estos momentos, el Centro Municipal de Protección Animal (CMPA) de Peñaflor, alberga más de 60 animales que el martes comenzaron a ser trasladados gradualmente hasta el nuevo centro de La Cartuja.

En el CMPA continúan trabajando, por parejas, operarios y veterinarios con sus correspondientes equipos de protección individual (EPI) para evitar contagios. También hay personal administrativo trabajando desde sus casas. “Al tratarse de un servicio esencial, se han aplicado los servicios mínimos, explica Serrano.

Además, no hay atención al ciudadano, por lo que el contacto con la protectora solo puede realizarse a través de medios telemáticos. Y es que, el real decreto por el que se declaró el estado de alarma establece la suspensión de las visitas, la tramitación de adopciones y la entrada de voluntariado a este tipo de centros.

A pesar de ello, al CMPA de Peñaflor continúan llegando nuevos animales, aunque eso sí, con cuentagotas. “Llegan en menor medida”, comenta la jefa de la Unidad de Protección Animal. De hecho, según las estadísticas de este centro, desde el 13 de marzo y hasta mitad de la semana pasada solo entraron seis perros -de los cuales la mitad se habían extraviado y ya están con sus dueños-, un gato rescatado por los bomberos y un conejo. Una cifra que, por el momento, está lejos de desbordar a la protectora. “Al estar paralizadas las adopciones, si llegaran más animales de los habituales se podría colapsar el centro, pero no”, comenta Serrano.

“No tenemos medio de financiación y hay muy pocas donaciones”

Con algo más de incertidumbre afrontan la situación las protectoras de animales privadas, que estos días se enfrentan a un ritmo de trabajo frenético. “Tenemos un problema muy grande ahora mismo. Entran animales pero no salen. Pensamos que podríamos aguantar durante quince días, pero si esto se alarga un mes…”, lamentan desde Zarpa.

Zarpa también continúa con las recogidas de animales, aunque aseguran que “están posponiendo muchas”. Para poder hacerlo, han de pedir una autorización expresa al ayuntamiento de la zona en la que se encuentra el animal. “Algunos no lo autorizan y otros sí, porque consideran que es un peligro y puede provocar un accidente”, explican.

Afortunadamente, gran parte de los perros de Zarpa suelen estar en casas de acogida, aunque durante estas semanas se encuentran “atados de pies y manos” para ir a buscarlos en caso de que una acogida finalice. “Nos está escribiendo mucha gente que ahora tiene mucho tiempo libre y podría acoger un perro, pero tampoco podemos ir a llevarlos”, añaden.

La protectora Espolones, por su parte, ha tomado la decisión de paralizar cualquier tipo de acogida temporal hasta que la situación mejore. “Para el perro es un estrés salir quince días o un mes de su entorno de siempre para tener que volver después”, explican. Además, así evitan que algunos irresponsables utilicen al perro como instrumento para poder salir a pasear durante estos días. “No te lo dicen así directamente, pero se intuye que en algunos casos es así”, lamentan. Lo que sí que están facilitando es el contacto entre personas mayores y enfermas que estos días no pueden atender a sus perros y voluntarios que puedan acudir a pasearlos o alimentarlos.

Los tres perros que Espolones tiene en su refugio -el resto estaban en acogida desde antes del confinamiento- son atendidos por cinco personas en turnos individuales y extremando las medidas de higiene. “Cuando la persona se va, queda todo bien desinfectado: desde la zona de curas, hasta las correas, los utensilios que utiliza, los comederos…”, aseguran.

Una de las grandes preocupaciones de estas protectoras, además del bienestar de sus animales, es su futura viabilidad económica. Se nutren de las aportaciones de socios y voluntarios y de la organización de eventos, y estos días han descendido en picado. “No tenemos medio de financiación. La gente teme por sus trabajos y hay muy poquitas donaciones. Esto a la larga va a pasar mucha factura”, concluyen.

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