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La Carrera del Gancho echa el freno

En 2019 la fiesta multicultural de San Pablo no se celebrará en un momento concreto sino que su espíritu se irá cultivando a lo largo de todo el año.

Pasacalles de la Carrera del Gancho 2016
Pasacalles de la Carrera del Gancho 2016
Guillermo Mestre

Podrían hacerse muchos juegos de palabras diciendo que es una carrera de fondo o de larga distancia, pero no conviene olvidar que ‘carrera’ significa ‘calle’ en aragonés y esa es la esencia de la fiesta multicultural que el Gancho viene celebrando desde hace 16 años. Este 2019 "no va realizarse en un momento concreto sino que se va a convertir en un espacio permanente en el barrio", explican desde la Fundación Federico Ozanam, que son los organizadores de una experiencia comunitaria que, incluso, ha conseguido premios a nivel europeo.

Ya en los últimos años la Carrera del Gancho había sido un tanto ‘sui géneris’ celebrándose extrañamente en junio o en noviembre y en una única jornada, cuando lo habitual es que fueran dos días de fiesta –precedida de innumerables talleres– en septiembre. Este año todo apunta a que no habrá una jornada especial de exhibición del trabajo realizado –al menos, no se han solicitado aún los permisos municipales–, pero sí se continúa trabajando "de forma sostenida y dilatada a lo largo del año".

La Carrera del Gancho nació hace cinco lustros como una iniciativa de dinamización para impulsar la convivencia intercultural en el corazón del Casco. Poco a poco fue creciendo en sus pretensiones y en las últimas ediciones más de 80 colectivos trabajaban en los preparativos: vecinos, comerciantes, entidades, profesionales... Medio millar de personas se involucraban en unas jornadas en las que se mostraba el potencial artístico y creativo de la gente del barrio.

"El proyecto empezó siendo algo muy humilde porque entonces, hace quince años, el Gancho tenía mucha literatura negativa", apuntan los coordinadores de la Carrera. "Era el corazón más degradado de la ciudad, apenas se programaba nada en él y queríamos que naciese una nueva idea de barrio", añaden, siempre con una única premisa: el objetivo es que se vea la interculturalidad como riqueza y no como un problema. La aventura festiva comenzó en 2004 con unos 60 participantes y 500 espectadores. La primera edición partió de un intercambio de teatro en la calle con jóvenes alemanes, polacos y franceses y, entonces, solo cinco entidades se animaron a colaborar. Pero la cita fue consolidándose hasta reunir a unos 4.000 zaragozanos entre los espectadores que, en la mayoría de los casos, no acostumbraban a pisar el Gancho. A pesar de los premios internacionales y de que llegó a tener un presupuesto de unos 30.000 euros, en Ozanam siempre argumentan que las actividades tienen una parte visible –la de la fiesta en la calle–, y otra más importante que suele pasar desapercibida: la que se corresponde con el trabajo comunitario que hay detrás de la cita y que involucra a los colectivos del barrio, los colegios, los centros de tiempo libre, las casas de juventud...

Las visitas guiadas del Casco vuelven el mes que viene

Con o sin Carrera, la actividad cultural y lúdica del barrio de San Pablo no se detiene. El mes que viene regresarán las visitas guiadas y temáticas que pone en marcha el Plan Integral del Casco (PICH) con la ayuda de Zootropo Teatro. Una de las rutas más originales es la de ‘la ciudad sumergida’, que recorre el antiguo convento de Santo Domingo, en la que han colaborado artistas como Javi el Mago o el guitarrista Rubén Jiménez. 

También hay otra visita centrada en los íberos, musulmanes, judíos y cristianos, que transcurre por la Magdalena y permite conocer el Monasterio del Santo Sepulcro, una joya mudéjar aragonesa. En ‘Zaragoza a través de la literatura’ se hace un recorrido por la historia a través de textos literarios desde época prerromana hasta nuestros días, mientras que en ‘San Pablo, un barrio con mucho gancho’ se visitan alguno de los lugares más hermosos del barrio y que no pueden verse habitualmente, como la Escuela Municipal de Música y Danza, integrada dentro de un palacio renacentista de finales del siglo XV. Los paseos duran un par de horas y cuestan 8 euros.

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