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La médica secuestrada declara que sabía que iba a morir si no lograba escapar

Las lesiones psíquicas que sufrió por el ataque de un paciente la han incapacitado para trabajar. El acusado dice no recordar nada de lo sucedido y se enfrenta a 24 años de cárcel

El acusado, durante el juicio celebrado ayer en la Audiencia de Zaragoza.
El acusado, durante el juicio celebrado ayer en la Audiencia de Zaragoza.
Oliver Duch

La mañana del 22 de junio de 2018 cambió para siempre la vida de la médica de familia del centro de salud de Vía Univérsitas que fue a hacer una visita a domicilio a José Antonio Melús Escosa. Era la primera vez que iba a casa de este paciente, de 53 años, que llamó por molestias gastrointestinales. Él también se sorprendió al ver a esta profesional en vez de a su doctora habitual, pero no tuvo reparo en dejarle pasar a su destartalada vivienda. Sin embargo, apenas hubo entrado y abierto su maletín para sacar el fonendoscopio, Melús exhibió un gran cuchillo y le enseñó una confusa nota en la que podía leerse "él me dice que haga esto" y hay un "secuestro" en la "familia".

A continuación, se sucedieron 45 angustiosos minutos en los que la víctima, tal y como declaró ayer ante el tribunal con voz temblorosa y detrás de un biombo, pensó que iba a morir. "Estaba segura de que si no lo lograba escapar no salía viva de esa casa", recordó el fiscal José Luis Hedo en su informe, en el que pidió 14 años de prisión por delitos de atentado, lesiones, detención ilegal y agresión sexual. Lo acontecido en la casa lo escucharon los magistrados por boca de la mujer, puesto que Melús dijo no recordar nada.

El relato fue estremecedor. Tras mostrarle el cuchillo, la tiró contra un sofá, le ató las manos a la espalda con dos bridas, la amordazó con cinta americana y, para que no abriera la boca, se la enrolló también por la cabeza. Acto seguido, la llevó al dormitorio y la arrojó sobre la cama donde, por dos veces, le puso un cojín sobre la cara con aparente intención de asfixiarla. Luego, se desnudó, se puso sobre ella y le hizo tocamientos. En su intento desesperado por quitárselo de encima (él es un hombre de gran envergadura y ella, de 60 años, pesará unos 50 kilos) logró soltarse las bridas, se escabulló y trató de salir de la habitación. El se lo impidió, pero ella le preguntó si le dejaba ir al baño y Melús accedió.

Esos instantes los empleó en hacerse una composición del lugar y, al salir del aseo, le propuso hablar de todo tomando un café en el bar de abajo, a lo que el acusado también accedió. La víctima aprovechó el momento en que se ataba los zapatos para salir corriendo del piso pidiendo ayuda a gritos mientras bajaba las escaleras. Un vecino abrió su puerta y la cobijó hasta que llegó la Policía.

A raíz de estos hechos, la doctora sufrió lesiones físicas pero, sobre todo, lesiones psíquicas que, según expuso ayer la forense que ha seguido su evolución, la han incapacitado para seguir ejerciendo su profesión.

Lesiones físicas y psíquicas

Por esa razón, el fiscal solicitó una indemnización de 10.860 euros por las lesiones y de 210.000 por las secuelas. La acusación particular, a cargo de la abogada Margarita Lapeña, elevó su petición de condena a 24 años de cárcel mientras que la ejercida en nombre del Salud solicitó 17 años.

Durante la vista oral, celebrada en la Audiencia Provincial de Zaragoza, declararon como peritos de la defensa el médico psiquiatra Miguel Ángel de Uña y el psicólogo Antonio Escartín, que examinaron a José Antonio Melús a principios de año en la prisión de Zuera. Tras horas de entrevistas y de pruebas, según explicaron, llegaron a la conclusión de que padece un trastorno disociativo de la personalidad, es decir, una alteración de las funciones integradoras de la conciencia, memoria y percepción del entorno. Escartín lo definió como un "pseudólogo", una persona que padece un trastorno mental que consiste en creer sucesos fantasiosos como propios.

En opinión de los profesionales, a este estado llegó por un trastorno esquizoide previo y una personalidad evitativa y depresiva, agravada esta última por la muerte de su compañera. Indicaron igualmente que Melús vivía en una realidad paralela desde hacía 22 años, cuando se separó de su primera mujer y que durante todo ese tiempo las consecuencias de su conducta habían sido "tapadas" y "paliadas" por su padre y su hermano, especialmente las económicas, puesto que nunca se había visto involucrado en hechos delictivos hasta hoy.

Ambos destacaron su gran consumo de serie televisivas policiacas, que le hacían vivir en ese mundo paralelo fantástico. Todo esto es compatible con las lagunas amnésicas que tiene de lo sucedido y, a juicio de ambos profesionales, no simula su falta de memoria y tiene una disminución moderada o grave de sus capacidades intelectivas.

Su abogado Enrique Trebolle solicitó que estas circunstancias sean consideradas una eximente incompleta y que, tras la pena de cárcel, se le imponga una medida de libertad vigilada y tratamiento terapéutico durante cinco años. Mientas, las acusaciones pusieron en duda sus conclusiones, recordaron que al acusado no se le había diagnosticado ninguna enfermedad cuando cometió la agresión y no estaba en tratamiento. Por esa razón, rechazaron cualquier tipo de atenuante  por trastorno mental, máxime cuando la médico forense que lo vio en el juzgado tras ser detenido dijo  que no tenía mermadas sus capacidades volitivas y cognitivas.

Las tres acusaciones consideran que concurre un delito de atentado a funcionario público agravado por el uso de instrumento peligroso, como es el cuchillo. Igualmente, mantienen que el delito de detención ilegal debe ser castigado con la pena máxima, puesto que en tienden que el acusado no liberó a la médica sino que fue ella quien se escapó. También que cometió una agresión sexual, además de las lesiones. La acusación particular añadió que existe el abuso de superioridad. 

Por su parte, el abogado defensor, Enrique Trebolle, tras mostrar su solidaridad con la víctima, no cuestionó los hechos que se atribuyen a su cliente pero sí la calificación de los mismos. El letrado, en una defensa técnica jurídica, planteó que, además de concurrir una eximente incompleta de trastorno mental y una atenuante de reparación del daño (la familia del acusado depositó 6.000 euros este miércoles en el juzgado) debe imponerse una pena de un año y medio de cárcel por un concurso medial de delitos de detención ilegal y agresión sexual; otro año y medio por el delito de atentado, ya que cree que no puede aplicarse la agravante específica de funcionario público, y un mes y medio por las lesiones. Criticó además que las acusaciones utilicen el uso del cuchillo para agravar la pena en dos delitos.

Por su parte, el abogado defensor, Enrique Trebolle, tras mostrar su solidaridad con la víctima, no cuestionó los hechos que se atribuyen a su cliente pero sí la calificación de los mismos. El letrado, en una defensa técnica jurídica, planteó que, además de concurrir una eximente incompleta de trastorno mental y una atenuante de reparación del daño (la familia del acusado depositó 6.000 euros este miércoles en el juzgado) debe imponerse una pena de un año y medio de cárcel por un concurso medial de delitos de detención ilegal y agresión sexual; otro año y medio por el delito de atentado, ya que cree que no puede aplicarse la agravante específica de funcionario público, y un mes y medio por las lesiones. Criticó además que las acusaciones utilicen el uso del cuchillo para agravar la pena en dos delitos.

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