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El Arrabal, molesto: la línea 50 dobla sus tiempos de espera según la hora del día

La Asociación de Vecinos Tío Jorge Arrabal demanda que los tiempos de paso sean de 15 minutos durante todo el servicio, ya que por las tardes y los fines de semana la espera es de media hora.

línea 50
Parada de la línea 50, en el Arrabal.
L. R.

El servicio de la línea 50 de autobús es, desde hace años, objeto de las críticas por parte de los vecinos del zaragozano barrio del Arrabal. Se trata, según ellos, de una importante línea que vertebra todos los barrios de la marquen izquierda, pero quienes la utilizan tienen que esperar entre 15 y 30 minutos en las paradas para poder subir a los vehículos.

La línea 50 conecta Vadorrey con San Gregorio y acerca a los vecinos de la zona a algunas de las infraestructuras hospitalarias más importantes de la ciudad, como el Royo Villanova o el centro de especialidades Grande Covián. Los días laborables por la mañana tiene una frecuencia de 15 minutos, pero por las tardes y durante los fines de semana pasa a ser de 30 minutos. “Es la única línea que conecta todos los barrios de los Distritos del Actur y el Rabal y con todos los centros neurálgicos que necesitan los vecinos”, comenta Rafael Tejedor, presidente del colectivo vecinal. También es la línea más directa que muchos vecinos de Vadorrey, La Jota y el Barrio Jesús tienen para alcanzar el tranvía, aunque los largos tiempos de espera disuaden a muchos de utilizarla. “Si la frecuencia es de 15 minutos si que se atreven a hacer ese transbordo, pero si es de media hora no”, apunta Tejedor.

Por este motivo, la entidad vecinal pide que durante todo el servicio el tiempo de paso de los autobuses se mantenga en 15 minutos, ya que consideran que sufren “un agravio comparativo” con respecto a las lanzaderas que circulan por los barrios del sur. “Es la línea urbana que peores frecuencias tiene de la ciudad”, considera Tejedor.

Hasta hace poco, la frecuencia de la línea 59 que une Arcosur con el tranvía era de 15 minutos hasta las 15.30, pero por la tarde pasaba a ser de media hora. No obstante, desde principios de febrero todos sus autobuses circulan cada cuarto de hora durante todo el día gracias a una serie de mejoras introducidas por el Ayuntamiento de Zaragoza.

La asociación justifica la reducción de los tiempos de espera por el aumento de los pasajeros que ha tenido la línea en los últimos dos años. Según los datos proporcionados por el consistorio al colectivo vecinal, el número de usuarios aumentó hasta un 28%. Creen que la modificación de la frecuencia que se hizo en 2014 (reduciéndola a 15 minutos durante los horarios de consulta médica) tuvo mucho que ver con el aumento del uso de la línea y consideran que si se mantuviera esa frecuencia durante todo el día, todavía serían más los que se animaran a coger la línea 50.

Problemas con el 35 en horas punta

Los problemas de movilidad en algunas zonas de la margen izquierda no se limitan a la línea 50. Hace unas semanas, la asociación denunció también problemas con los autobuses de la 35, especialmente en las horas de entrada y salida al trabajo. “De 7.30 a 9.00 les dio por poner autobuses cortos, en lugar de articulados, y la gente se quedaba en tierra porque no cabía”, explica Tejedor.

“El problema es que estamos a la cola de recepción de pasajeros, porque los autobuses vienen desde Parque Goya y antes de llegar aquí han pasado por el Picarral. La gente empieza a descender al pasar el río”, comenta sobre las aglomeraciones que se han producido en algunos vehículos.

Si bien el conflicto ya fue solventado hace quince días, desde la asociación recuerdan que “es imprescindible” que, al menos en las horas punta, haya autobuses articulados.

Pendientes de la cota cero hasta el Puente de Piedra

Desde la asociación admiten también estar pendientes de la llegada de la cota cero hasta el Puente de Piedra, una actuación que defienden pero que se vio paralizada tras el atropello mortal del pasado 8 de diciembre. “Se suponía que la ejecución de los trabajos iba a comenzar en marzo, pero hubo un antes y un después tras el trágico accidente en el que una vecina del barrio falleció atropellada”, explica Tejedor. En estos momentos, se está estudiando si la elevación de la calzada podría acarrear mayores problemas de seguridad y cómo debería de hacerse para minimizar los riesgos.

Para tejedor, la extensión de la cota cero hasta el puente “se puede hacer” y de hecho, tienen razones de peso para defenderla. “La primera es que cuando los autobuses pasan por el puente de Piedra y llegan al cruce con Echegaray tienen que ir muy despacio por la diferencia de peralte, cosa que con la cota cero se evitaría” apunta. Además, creen que con ella se crearía una sensación de accesibilidad y de que el Ebro no es ninguna barrera, con lo que se “invita al ciudadano a conocer la margen izquierda”. También tienen claro que es necesario “garantizar el paso de vehículos por el puente de Piedra”, ya que supone la conexión más directa con estos barrios.

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