Zaragoza

La Casa del Barrio de Parque Goya bate el récord de ocupación

La demanda de las instalaciones durante el mes de febrero ha sido la más alta desde que abrieron sus puertas en 2015, unas cifras que ratifican la necesidad de que el centro cívico del barrio se materialice cuanto antes.

Una imagen de archivo de la Casa del Barrio de Parque Goya.
Heraldo.es

Nunca hasta ahora en sus cuatro años de andadura la Casa del Barrio de Parque Goya había estado tan solicitada. Durante febrero ha sido difícil, por no decir imposible, encontrar un hueco libre en estas instalaciones que este mes han batido todos los récords de ocupación y han colgado el cartel de completo en varias ocasiones. Una respuesta con la que los miembros de la Asociación de Vecinos de Parque Goya admiten estar contentos pero que, según ellos, refleja la necesidad de contar cuanto antes con un centro cívico.

La Casa del Barrio abrió sus puertas en 2015 para suplir la carencia de unas instalaciones culturales y de ocio que pudieran ser disfrutadas por todos los vecinos de la zona. Desde entonces, tanto el colectivo vecinal como la administración y los residentes han organizado entre sus paredes centenares de actividades. “Desde el principio animamos a que fueran los propios vecinos los que las propusieran para conocer sus inquietudes”, explica Jesús Trasobares, presidente de la asociación. De esta manera surgió un modelo de centro autogestionado en el que cualquier vecino con saberes en un determinado campo puede impartir charlas y talleres: la Escuela Vecinal de Conocimientos.

Taichi, sevillanas, acuarelas, costura y guitarra son algunas de las clases que se ofrecen en la actualidad. A todas ellas hay que sumar la actividad durante los fines de semana de Goya Joven, las asambleas de la asociación, los ensayos de la Orquesta Laudística y la programación del Club de Tiempo Libre El Globo, creado por el colectivo vecinal y destinado a los niños de 6 a 12 años, una franja de edad que estaba desatendida. “Tan bueno ha sido el resultado de estos años que nos hemos quedado cortos de espacio”, lamenta Trasobares, que admite que tienen que “hacer cábalas” para cuadrar el calendario. Tanto es así que han tenido que decir que no a algunas propuestas por la falta de espacio.

En este mes de febrero, las instalaciones de la Casa del Barrio están abiertas una media de cinco horas diarias. No obstante, desde la asociación aseguran que hay días en los que esa cifra se dispara. En concreto señalan que el pasado 5 de febrero la sala grande estuvo ocupada durante cerca de ocho horas y el despacho, durante tres. “Solo tenemos dos salas y son insuficientes para dar cabida a todas las actividades. Y eso que contamos con la colaboración de los colegios, que nos dejan organizar cosas en los pabellones”, recuerda. Además, Trasobares considera que el barrio se caracteriza por un fuerte movimiento asociativo y por la inquietud de esos vecinos, que necesitan que el centro cívico se convierta en una realidad palpable. “A medida que los chavales crecen y el barrio se va dinamizando, hay más demanda de actividades”, apunta.

“No queremos que el centro cívico se use como moneda de cambio”

Las ansiadas instalaciones del centro cívico son la reivindicación más histórica del barrio. La asociación lleva trabajando en su dinamización más de una década y reclaman que las obras comiencen en 2020, aunque temen que el resultado de las elecciones afecte a su desarrollo. “Estamos en un momento muy delicado, aunque el centro cívico no está parado, sino que está en marcha”, explica Trasobares. La asociación asegura que el arquitecto municipal está ultimando los planos del edificio y que hay un presupuesto plurianual aprobado para la redacción del proyecto. Por ello piden que, independientemente de lo que ocurra tras los comicios de mayo, el centro cívico no caiga en el olvido. “Tampoco queremos que se utilice como moneda de cambio”, dice el presidente.

Las instalaciones del centro darán servicio a vecinos de todas las edades, desde niños pequeños (incluye una ludoteca) hasta mayores, que también los hay en el barrio. “Hay muchas familias que cuando se vinieron a vivir aquí se trajeron a sus padres”, recuerda. El proyecto, del que podrán beneficiarse residentes de todas las franjas de edad, no puede esperar. “Tiene que llevarse a cabo inminentemente, porque ya vamos tarde”, concluye Trasobares.

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