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El Centro Canino Aragonés, anegado por la crecida del Ebro un mes después de sufrir un incendio

Un fuego intencionado destruyó hace unas semanas 4 vehículos en el interior de las instalaciones. Ahora, sus propietarios se enfrentan a un nuevo desastre tas la última crecida.

El Centro Canino Aragonés, anegado por el Ebro un mes después de sufrir un incendio
El Centro Canino Aragonés, anegado por el Ebro un mes después de sufrir un incendio

El Centro Canino Aragonés lleva un mes luchando contra los elementos. Tras sufrir un incendio el pasado 25 de marzo, en el que se ardieron en sus instalaciones cuatro vehículos -de manera intencionada, según apuntaron los primeros indicios-, ahora se suma un nuevo desastre: los efectos de la crecida del Ebro que han provocado numerosos destrozos y han obligado a evacuar 90 perros a dos centros caninos hasta que puedan regresar a esta residencia canina ubicada en el camino del Soto de La Almozara, en la capital aragonesa.

“Llevamos una racha muy mala. En 2015 nos ocurrió lo mismo y fue aún peor porque nos entró agua hasta los tres metros. Esta vez solo han sido 60 centímetros, pero lo suficiente como para provocar graves daños y tener que sacar los animales fuera de aquí”, explica Susana del Río Sanz, propietaria del Centro Canino Aragonés, un recinto que funciona como residencia canina privada, aunque desde finales de 2015 también trabaja para el Ayuntamiento de Zaragoza.

“Aún estamos en ‘shock’ por el incendio de hace un mes, -relata-. Estamos un poco desmoralizados pero a la vez sentimos rabia, miedo e impotencia ante una situación que los políticos deberían solucionar de una vez por todas”. Del Río critica que en un primer momento, cuando solicitó a las autoridades información sobre el riesgo de la crecida el pasado día 10 de abril, a las 22.00 le comunicaron que “se trataba de una crecida ordinaria y que no había problema porque venían 1.400 metros cúbicos por segundo. Pero a las pocas horas, en torno a las 6.30, me dijeron que tenía que sacar rápidamente todos los animales”.

Trasladar a los inquilinos del centro, 90 perros, un burro, una yegua y una cabra, no fue tarea fácil. Afortunadamente, consiguieron salvarlos a todos. Por otro lado, sus efectos personales quedaron allí. “Hemos perdido todo. Estamos en la misma situación que hace tres años. Tenemos un buen seguro pero siempre que ocurre algo así, al ser considerado una catástrofe, las compensaciones no cubren más allá del 50 o 60% de los daños reales. Después de la crecida de 2015 pedí un préstamo para cubrir la totalidad de las reparaciones. Me quedaban 5.000 euros para finalizar el pago y ahora vuelve a ocurrir lo mismo. Dan ganas de tirar la toalla”, lamenta.

La mitad de los perros evacuados fueron llevados a la residencia para animales Las Jaras y, al completarse esta, el resto se tuvo que reubicar en otro centro situado en la localidad navarra de Lodosa. “Todavía siguen allí. Hasta hace tres días no pudimos entrar en nuestro centro y ahora toca evaluar las afecciones y empezar a limpiar para traer los perros cuanto antes. Mientras, tenemos que costear todos los gastos hasta que el seguro responda. En cualquier caso, lo más importante es que todos los animales están bien. Son nuestra máxima prioridad”, asegura.

La propietaria del Centro Canino Aragonés se emocionaba este pasado jueves por la mañana al comprobar que la crecida del Ebro había estropeado para siempre algunos enseres de gran valor sentimental, como un antiguo gramófono y varios discos de pizarra que su padrastro le regaló. “Está totalmente destrozado. Tenía un alto valor económico pero sobre todo personal. Son recuerdos que ni con todo el dinero del mundo se pueden reponer”, declara.

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