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Zaragoza

Admite que extorsionó a una amiga pero no que la torturara con metales candentes

El fiscal pide para el acusado 19 años de prisión, cinco para una cómplice y nueve para otra que está en rebeldía. La víctima dice que les entregó 45.000 euros en 4 años porque les tenía miedo.

Saúl P. G. y Ana Isabel L. L., ayer, en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Saúl P. G. y Ana Isabel L. L., ayer, en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
José Miguel Marco

Resulta difícil de creer que dos personas puedan pasar de una relación de amistad a otra dominada por las lesiones y las amenazas, pero a tenor de lo relatado ayer en un juicio que se celebró en la Audiencia Provincial de Zaragoza, parece que es posible que haya gente dispuesta a llegar a estos extremos.

Los magistrados de la Sección Primera escucharon ayer el testimonio de Belén A., una vecina de Sabiñánigo que en 2015 denunció ante la Guardia Civil de Jaca las extorsiones a las que le habían sometido Saúl P., Ana Isabel L. y Jessica V. para que les diera dinero y declaró que en una ocasión, incluso, llegaron a torturarla con metales candentes. Ayer, al juicio solo se presentaron los dos primeros y el tribunal declaró en rebeldía a la tercera acusada. Para la Fiscalía, esta mujer desempeñó un papel importante en esta trama y solicitó para ella una pena de nueve años de cárcel por delitos de estafa, extorsión, lesiones y contra la integridad moral.

Cuando se produjeron los hechos Jessica V. era la pareja sentimental de Saúl P., principal acusado para el que el ministerio público pidió 19 años y 3 meses de cárcel. Este hombre, sin embargo, negó que se quedara con parte de los 40.000 euros que la víctima dijo que pagó a esta pareja, aunque admitió presiones y coacciones. "Conocí a Belén A. en 2010 y me dijo que me ayudaría en todo lo que necesitara, por eso me daba dinero", declaró ayer. Ana Isabel L. es la novia actual de este hombre y la Fiscalía pide para ella cinco años de cárcel porque desde su móvil constan amenazas a la víctima. Tanto ella como su pareja dijeron que Saúl fue el autor de las mismas.

Una versión muy distinta a la de la víctima, que afirmó que les pagaba porque el miedo ("súper pánico", dijo gráficamente la actual pareja de la víctima) que desarrolló a estas personas durante el tiempo que duraron los hechos y que le impidió denunciarlo e, incluso, decírselo a su padre. Belén A. declaró que sus problemas con los acusados comenzaron una noche que todos salieron de fiesta por Zaragoza. Según explicó la joven, aquel día intimó con un amigo de Jessica V. al que comentó que esta mantenía una relación sentimental con Saúl P. Ese chico reaccionó mal al comentario y le dijo que había cometido un error a relevarle el detalle «porque se tenía que mantener en secreto durante un año», abundó.

La supuesta banda latina

Aludiendo a unas supuestas amenazas que les hacía a ellos una banda latina cuya existencia no ha quedado acreditada por la investigación por la Guardia Civil, Saúl P. y Jessica V. llegaron a percibir pagos de 16.000 y 9.000 euros procedentes de la venta de un piso de la madre de Belén A., fallecida en 2009. Le presionaron con amenazas de muerte y también con burdas mentiras, como que esta banda había secuestrado a un hijo del acusado y le estaba exigiendo dinero. "Se lo dije para meterle un poco de miedo en el cuerpo", reconoció ayer el acusado durante el juicio.

Las torturas del 19 de marzo

El peor episodio de la relación que mantenían los acusados y la víctima se produjo el 19 de marzo de 2015, cuando según Belén A., comió en un restaurante de comida rápida de Zaragoza con Saúl P. y Jessica V. y por la tarde le llevaron a un piso de la capital aragonesa. "Estaba yo sola en el salón cuando llegaron con Saúl, Jessica y otra chica con una vela y un cuchillo, una lima y un abrebotellas y comenzaron a quemarme", explicó al tribunal. "Para que no se oyeran los gritos, me taparon la boca con un jersey", agregó. El acusado negó que estuviera presente durante este episodio de violencia.

El informe forense que le realizaron a la víctima tras la denuncia de las torturas constató 18 quemaduras de segundo y tercer grado en los pies, las piernas y el antebrazo. Las heridas tardaron en curar 47 días y Belén tuvo que tomar antibióticos y analgésicos debido al dolor "intenso" que padecía. Mientras, Eduardo Cantón, forense del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), explicó que se trata de una joven que tiene un "trastorno límite de la personalidad" y por ello es muy "influenciable" por las personas de su círculo.

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