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Valdefierro será el epicentro del próximo Festival Asalto

Se celebrará del 8 al 17 de septiembre en este barrio de Zaragoza, siguiendo la línea estratégica marcada por los organizadores del festival, que buscan "descentralizar la cultura y hacerla accesible a todos los barrios" de la ciudad.

Imagen de una visita guiada al Festival Asalto por el Parque Delicias, donde se celebró la anterior edición de esta muestra de arte urbano.
Imagen de una visita guiada al Festival Asalto por el Parque Delicias, donde se celebró la anterior edición de esta muestra de arte urbano.
Raquel Labodía

Los organizadores del Festival Asalto de Zaragoza apuestan un año más por "descentralizar la cultura" y llevarla a los barrios eligiendo a Valdefierro como el escenario clave de esta muestra de arte urbano que se celebrará en la capital aragonesa del 8 al 17 de septiembre.

La buena experiencia del año pasado en Delicias, uno de los barrios más grandes de Zaragoza, les ha servido para mantener esta línea estratégica con el fin de hacer un programa "por y para la ciudad", que revierta también en beneficio de los grandes barrios obreros y se nutra de un tejido de asociacionismo y de gente que, en el caso de Valdefierro, aseguran que es "muy importante" para dinamizar espacios abandonados o en desuso, como el antiguo reformatorio del Buen Pastor.

"Valdefierro nos gusta por varias razones, y una de ellas es que tiene bastantes soportes y espacios interesantes en los que intervenir. Aparentemente no es un entorno tan ideal como el Casco Histórico, pero las actividades que vamos a hacer son para disfrutarlas y muchas de ellas se harán al aire libre para animar a la gente a recorrer este barrio", explica Luis García, uno de los organizadores del festival.

Siguiendo la dinámica de otros años, en esta edición se realizarán al menos "siete murales" en diferentes solares y fachadas de Valdefierro; habrá instalaciones en paredes, espectáculos, talleres para familias y niños, un ciclo de conferencias que impartirán diferentes artistas aragonesas de Galería Urbana y otro coordinado por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza en el que se hablará de la evolución del arte urbano.

"Es bonito sacar la cultura a los barrios"

Desde la organización del Festival Asalto explican que la intención de esta muestra, en mayor o menor medida, siempre ha sido la de "cambiar las cosas, las cotidianidades aburridas, las zonas degradadas o la forma de ver o entender los espacios". Por ello, ahora que en el Casco Histórico -donde arrancó esta iniciativa hace 12 años- apenas quedan soportes en los que dejar su huella, los organizadores de esta muestra de arte urbano planean trasladar cada año esta muestra a un barrio diferente. "Es bonito sacar la cultura a los barrios porque cada uno tiene una identidad propia y el público al final es diferente, con necesidades y problemáticas distintas. El 'feedback' que recibes es mucho más rico cuando te dicen que estás haciendo más bonito el lugar en el que viven", confiesa García.

En esta décimo segunda edición, el Espacio Asalto, como zona de referencia y punto de información, se establecerá en el el antiguo reformatorio del Buen Pastor, un edificio propiedad del Gobierno de Aragón para el que los vecinos de la zona llevan años reclamando un uso social.

"Una de las paredes más grandes del centro será intervenida con un mural", adelanta García, quien informa de que en el barrio intervendrán artistas de la talla de Zest, Mantra, Helen Bur, Ampparito, Cúmul, Jofre Oliveras, Antonyo Marest, Miguel Maestro Cerezo, La Fábrica - no sólo juguetes, Cuco, Dingo Perro Mudo u Octavi Serra. De todos los artistas invitados a este festival, García destaca su compromiso e interés por conocer la historia del barrio y el entorno en el que van a pintar; y de la muestra, en particular, se queda con la participación y convivencia que genera allá donde se celebra.

"Lo más bonito del Festival Asalto es que, lo hagas donde lo hagas, siempre hay diálogo con los artistas. En Las Armas una vez pintamos una gran fachada de colores y mientras el muralista la intervenía, un vecino le pidió que entrara y le pintara el salón. En otra ocasión, el propio artista se vinculó tanto con el entorno y el vecindario que lo perdimos de vista y para cuando lo encontramos, estaba ayudando a los vecinos con una mudanza a bajar el sofá de casa", cuenta entre risas García.

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