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Cárcel para el padre que pegó a su hija con la correa por no saberse la tabla de multiplicar

La juez le impone una pena de tres meses y medio de prisión y quince meses de alejamiento de la menor.

Un hombre que golpeó a su hija de 8 años con una correa por no saberse la tabla de multiplicar ha sido condenado a tres meses y medio de cárcel por un delito de lesiones. El fiscal había solicitado para el acusado siete meses de prisión pero la juez, valorando que el padre pudo llegar a entender que el castigo físico es una forma de educar a su hija, le impone la mitad. Además, le prohíbe aproximarse a menos de 200 metros de la víctima durante un año, tres meses y quince días, aunque no le impide comunicarse con ella con el objeto de mantener la relación paterno filial. Por la lesión causada, deberá indemnizarle con 120 euros.

La titular del Penal 8 considera probado que el 15 de enero de 2016, cuando la niña estaba en casa de su padre en cumplimiento del régimen de visitas, le golpeó con el cinturón por equivocarse al recitar la tabla de multiplicar. La niña sufrió una lesión en la zona inferior interna del muslo, que solo necesitó una cura.

La madre vio al día siguiente el hematoma, pero no le preguntó nada a su hija. Fue en el propio colegio al que va la niña donde observaron las lesiones y, tras preguntarle cómo se las había hecho y contestar que su padre le había golpeado, la llevaron a un centro de salud y se pusieron en contacto con los servicios sociales.

La versión más coherente

A pesar de que durante la vista oral el acusado, defendido por la abogada Carmen Sánchez, negó los hechos y su actual pareja declaró que ella tampoco vio las lesiones, la juez no les da ninguna credibilidad y se inclina por la versión de la niña, por parecerle totalmente coherente. Además de que su relato está avalado por el parte médico de lesiones, la magistrada tiene en cuenta el informe emitido por el Instituto Aragonés de Servicios Sociales en el que se dice que el padre admite haber hecho uso del castigo físico en la educación de su hija como algo puntual y que utiliza la amenaza de castigo como algo habitual.

A la hora de fijar la pena, la juez tiene en cuenta que el hecho se produjo en el domicilio familiar, que la víctima es menor y, por lo tanto, especialmente vulnerable, y también que comprende que el padre "pudo llegar a entender" que su forma de relacionarse con su hija no era otra que el "ejercicio, sin duda excesivo y desproporcionado", de su "facultad de corrección".

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