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Zaragoza

Una recepcionista, un kiwi y un yogur se incorporan al Belén de las mil historias

El Belén de Casa Amparo es la suma de las ilusiones de sus antiguas huérfanas y de sus ancianos actuales.

Belén de Casa Amparo
Belén de Casa Amparo
Ayuntamiento de Zaragoza

Cada día, a las nueve en punto de la mañana, María Luisa Villa almorzaba un kiwi y un yogur sin abandonar su puesto de trabajo: la recepción de la residencia para personas mayores Casa Amparo. A día de hoy, María Luisa ya está jubilada pero durante 32 años ejerció como telefonista de este centro asistencial de Zaragoza para dependientes sin recursos. Ahora, puede estar segura de que tanto los residentes como el resto de trabajadores actuales y venideros la recordarán por siempre ejecutando ese ritual de cada mañana: comiéndose su kiwi acompañado de un yogur con bífidus activo.

Tal fue el cariño que supo transmitir desde su recepción durante esos 32 años que, tras jubilarse el año pasado, la institución decidió rendir homenaje a la susodicha y esta Navidad la han sorprendido incluyendo en el Belén de la Casa Amparo una figura a su imagen y semejanza: en su mesa, con el kiwi y el yogur y, por supuesto, el auricular a la oreja en plena gestión de las llamadas y visitas que llegan al portal.

El gesto, no cabe duda, la emocionó. Pero no solo por los años que ha dedicado a la residencia como profesional sino porque, tal y como ella misma cuenta, Casa Amparo fue su hogar desde los ocho hasta los dieciséis años. De hecho, como niña, creció ilusionándose cada Navidad con el montaje de ese mismo Belén. "Antiguamente el centro albergaba en su tercera planta una residencia para niñas huérfanas. Mi madre trabajaba en las cocinas así que yo vivía allí. El Belén se ponía en esa planta y las niñas ahorraban cada año para poder comprar nuevas figuras", recuerda.

La ilusión de las antiguas huérfanas

Gustavo García ejerció durante ocho años como director de Casa Amparo y respalda la historia de María Luisa. Desde su recién estrenada jubilación, indica que algunas de las residentes actuales también crecieron, como ella, al cobijo de la institución. Son quienes ejercen, a día de hoy, como la memoria viva de Casa Amparo y quienes comparten con los otros residentes la ilusión que les hacía el poder incorporar, año tras año, nuevas figuras al Belén. "Las niñas cosían e iban guardando los trapos para venderlos. Con el dinero que sacaban, compraban una o dos figuras a 500 pesetas. Las últimas fueron los Reyes Magos", explica García.

El Belén actual de la Casa Amparo utiliza todavía esas figuras. Las antiguas residentes aún cuentan la historia que hay detrás de cada una y confiesan que todas estaban personalizadas pues, como niñas, les ponían el nombre de actores o famosos de la época a los que les recordaban.

Una tradición recuperada

Mientras ejercía como director de Casa Amparo, Gustavo García pensó que sería interesante recuperar esa tradición e incorporar cada año a su Belén figuras inspiradas en personas reales. Pero no en famosos, sino en personas significativas para el centro y para sus residentes. La idea se materializó en 2011 con la incorporación de una figurilla que representa a Pilar Catalán, una animadora sociocultural del Ayuntamiento que se jubiló a los 70 años tras dar "una vida tremenda" a la casa. "Era una persona muy estrambótica, surrealista y divertidísima. La representamos con sus extrañas gafas y un juego de maletas que le regalamos cuando se jubiló y la colocamos donde ella misma decidió: entre las gallinas", explica divertido el antiguo director.

Después llegaron las tallas de sor Inés y sor Josefa. Dos monjas que dedicaron muchos años de su vida al cuidado de los ancianos residentes de Casa Amparo. Además, la segunda fue durante mucho tiempo la encargada de montar el Belén y a día de hoy, a sus casi 95 años, aún dirige los trabajos cada Navidad.

Al año siguiente se sumaron dos figuras con chaleco rojo que representan a los cerca de 70 voluntarios municipales que colaboran en el día a día de la Casa Amparo. La siguiente Navidad se añadieron dos nuevas figurillas: un hombre y una mujer que rinden homenaje a los gerocultores que atienden a los mayores dependientes.

Este año, tras jubilarse, le ha tocado el turno a María Luisa Villa y es Gustavo García quien lo decidió y quien afirma que esta mujer ha sido "alguien esencial" para la casa durante todos sus años de dedicación. Por eso, su talla se ha colocado justo al lado del portal.

El Belén actual de la Casa Amparo se instala cada año en el hall de la residencia municipal y ocupa una superficie de unos cuarenta metros cuadrados. Con el paso del tiempo y la dedicación que ponen los voluntarios implicados en su montaje, se ha convertido en uno de los más grandes y visitados de la ciudad.

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