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El autobús que cayó al Ebro

El 19 de diciembre 1971 un autocar se precipitó al río Ebro desde el puente de Piedra.

Los pasajeros, en el costado derecho del autocar siniestrado
Los pasajeros, en el costado derecho del autocar siniestrado
Luis Mompel

En la madrugada del 19 de diciembre de 1971 un autobús con 50 pasajeros, emigrantes en Suiza que volvían a casa a pasar la Navidad con sus familiares, rompía la barandilla del puente de Piedra y se precipitaba a las frías aguas del río Ebro. El autobús de la empresa Ortiz, fletado por la agencia Viajes Cardosa, realizaba el trayecto Barcelona-Badajoz.

Los accidentados estuvieron más de dos horas sobre el costado derecho del autobús, volcado por la corriente, a la espera de ser rescatados. La fuerte corriente y los escasos efectivos –dos lanchas neumáticas- retrasaron las labores de los Bomberos.

La leyenda del pozo de San Lázaro se acrecentó con este trágico episodio al hundirse el autobús en sus profundidades cuando se intentaba remolcar: la sirga se rompió del cabrestante y cayó al pozo. Pasaría una década hasta que se sacase de allí el vehículo.  Las tareas de rescate se prolongaron hasta las 3.15.

El accidente pudo deberse a un exceso de velocidad al tomar la curva de entrada al puente. Sobre la una y cuarto de la madrugada, el autobús chocaba contra la barandilla derecha, perdía el control y se estrellaba contra la barandilla izquierda, que cedió, y el vehículo cayó a un lecho pedregoso y poco profundo, cerca del pozo de San Lázaro.

Entre los nueve desaparecidos había cinco nin?os –dos eran sordomudos- con edades comprendidas entres los nueve meses y los trece an?os. El único fallecido fue identificado en los días posteriores: Antonio Cabacas Márquez, de 62 años, natural de Olivenza (Badajoz).

En un primer momento se pensó que era el conductor del autobús porque su cadáver apareció en la parte delantera, junto al volante. José Gallego Rico, de 23 años, que era quien conducía en ese momento el autobús, figuraba entre los desparecidos.

En el autocar también viajaban tres aragoneses, dos de Zaragoza y uno de Teruel, emigrantes en Alemania y Suiza, que salieron sanos y salvos: “No hemos querido llamar a nuestros familiares para no sobresaltarlos; man?ana los veremos”. “El caso es -nos explica Valero Garci?a- que veni?amos en otro autobu?s, pero nos cambiaron al llegar a Barcelona”, afirmaba uno de ellos en las páginas de HERALDO. En aquellos días, los periodistas J. J. Benitez y Alfonso Zapater fueron los encargados de cubrir el terrible suceso.

El martes 21 de diciembre, la mayoría de los heridos fueron dados de alta y llevados a sus casas en un autobús que la misma agencia Viajes Cardoso puso a su disposición.

“Si? caen en pleno pozo de “San La?zaro"-afirmaron los hombres rana- mueren todos", afirmaron los bomberos Granados y Rodríguez durante el rescate. Cuatro años más tarde, el 19 de octubre de 1975, tres zaragozanos del CADAS (Club Aragone?s de Actividades Subacua?ticas) descendieron a sus profundidades y colocaron en el fondo una imagen de la Virgen del Pilar: “En principio pensamos sujetarla con clavijas o cables de acero a alguna roca, pero luego hallamos un lugar ido?neo que haci?a innecesaria esta operacio?n. Se trata de una aute?ntica chimenea formada por dos enormes bloques de piedra rectangulares de unos cinco metros de altura. Los bloques forman un estrecho pasillo de un metro escaso de anchura. Ahi? esta? la Virgen”.

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