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El arte y la cultura rejuvenecen el barrio del Gancho

Comerciantes, emprendedores y vecinos, en su mayoría, coinciden en que las nuevas iniciativas del barrio de San Pablo están atrayendo a un nuevo perfil de visitantes pero también de residentes.

Los vecinos del entorno de Las Armas tachan de “burla” la actitud del Ayuntamiento ante sus protestas
El bar de las Armas en la plaza donde se organizan la mayoría de actividades
A.A.C

Las iniciativas sociales y culturales crecen en el barrio de San Pablo. Desde la Carrera del Gancho, que ya va por su novena edición, hasta la más actual creación del centro musical y artístico de Las Armas, pasando por las viviendas sociales, tratan de revitalizar uno de los barrios con más historia de Zaragoza.

El arte se extiende por las estrechas calles de Las Armas y San Blas pero no todos los vecinos son optimistas respecto al cambio social que se produce. La mayoría asegura que llegan cada día más visitantes atraídos por las nuevas propuestas pero los que optan por quedarse siguen siendo pocos.

Para Julio Pueyo, miembro de la comisión de fiestas del Gancho: "Había habido una leve mejoría pero hemos vuelto a la pobreza. La crisis se está notando mucho en el tejido social". Este vecino de la zona opina: "Se atrae a gente joven con los programas culturales e iniciativas pero no se quedan a dormir. Ha quedado bonito, se han mejorado las infraestructuras, pero no entra economía".

Otra vecina, residente en la calle de las Armas, el área donde parece notarse más el nuevo ambiente del barrio, asegura: "Llevamos 50 años viviendo en esta calle y cada vez va peor".

A lo que añade: "Igual se nota mejora en la plaza, porque organizan cosas, pero no se extiende al resto de la calle. Hace 50 años era un barrio de vecinos normales pero ahora es todo decadencia".

Sin embargo, otro grupo de residentes expresa su confianza en el cambio social que se está produciendo. "No hay más que verlo, en esta calle y en todo el barrio", aseguran mientras pasean cerca de las Armas. "Está trayendo mucha alegría, toda la semana lleva una chica bailando aquí en la plaza", destacan animadas.

Comercios optimistas

Los comercios de la zona expresan también su optimismo por la llegada de nuevos perfiles a este área de la ciudad.

Desde el nuevo bar de Las Armas, que inició su andadura en febrero, aseguran que cada vez viene más gente joven aun "cuando el centro artístico no está todavía en funcionamiento".

Su encargada explica: "No solo vienen de visita, también muchos se trasladan a vivir por aquí". "Es un perfil de gente más bohemia y alternativa –comenta entre café y refresco-, que con los mercadillos y conciertos llenan la plaza y el bar".

Un poco más lejos de este nuevo epicentro artístico también empiezan a notar los nuevos aires. En la peluquería Isabel Labat de la calle de San Blas afirman que están llegando nuevas clientas que se han trasladado a vivir a la zona.

"Entre las iniciativas culturales y las ayudas y subvenciones están acentuando el barrio, está viniendo mucha gente joven", comenta la peluquera.

Jóvenes emprendedores y residentes

La muestra de que la revitalización del Gancho va tomando forma poco a poco se encuentra sobre todo en los jóvenes emprendedores que han comenzado su andadura empresarial en los locales de las Armasy además residen en el barrio.

Alfredo Martínez, diseñador de producto y socio de 'Undoestudio', vive en la zona desde junio y decidió trasladarse allí por comodidad. "Está a diez minutos de todo, el alquiler es más barato y sobre todo está cerca del trabajo", explica.

Además de su experiencia personal, asegura que conoce a cinco personas más que en los últimos seis meses se han trasladado también allí. "Estas actividades están atrayendo a un público diferente, que igual jamás se hubiera planteado venir por aquí", opina Martínez.

Tanto visitantes como nuevos moradores se caracterizan, según este joven emprendedor, por ser: "Nuevos perfiles de gente joven, con inquietudes artísticas y culturales que buscan opciones que se alejen del ‘shopping’ del centro o de lo que ofrece un centro comercial".

Jordi Ulldemolins arquitecto del estudio multidisciplinar de 'A 54 insitu', vive en el barrio desde hace cerca de dos años. Cuando llegó a Zaragoza vivía en la calle Asalto, se trasladó después a Rosales del Canal pero asegura que no le gustó la experiencia de "estar tan desconectado" y acabó volviendo.

"Allí salías a la calle y solo había embarazadas y perros y no el caldo de cultivo social que hay en el centro de la ciudad y concretamente aquí", explica Ulldemolins.

"Quizá porque soy maño de adopción –añade el arquitecto- no tengo la visión histórica de degradación del Gancho que tiene la gente de aquí. Pero no es tan fiero el león como lo pintan".

En su caso ocurrió al contrario que en el de Alfredo Martínez, viviendo ya en esta zona ha acabado trabajando también aquí. Ulldemolins, tenía un negocio junto a varios compañeros en la Magdalena. Cuando decidieron reformar el local y apostar al 100% por este proyecto, aprovecharon la oportunidad que ofrecía el centro de las Armas."Cumplía todos los requisitos: interactuar con el entorno, dinamizar, tener vecinos del mismo estilo, etc.", asegura.

Las ventajas de vivir en el Gancho para este joven son principalmente "el carácter de barrio y la cercanía con la gente".  "La única desventaja que se me ocurre es la suciedad, pero eso también ocurre en otras zonas de la ciudad", matiza Ulldemolins.

Además, comparte la opinión de su vecino emprendedor y confirma que "cada día viene más gente y de un estilo más moderno".

Aún así prefiere ser cauto: "Es parte de lo que pasa pero no solo debe pasar esto. La revitalización no debe funcionar solo como una patata caliente, que atraiga visitantes pero solo de paso. Debe conseguir que la gente venga y se quede".

La unión de arte y sociedad

"Cuando se inició el trabajo en El Gancho había un sentir general de barrio marginal y todos los apelativos posibles. Nadie se creía que una propuesta que uniera arte y sociedad fuera posible aquí", explica José Manuel Latorre, coordinador de la Carrera del Gancho.

Nueve años después la "intuición" con la que empezó a trabajar la fundación Federico Ozanam, a la que pertenece Latorre, "se ha convertido en estrategia y herramienta para impulsar la convivencia", asevera.

"El centro de Las Armas no se hubiera creado aquí si antes no hubiera existido la Carrera del Gancho", asegura José Manuel Latorre. "Se ha creado un estilo propio del barrio, un barrio en relación", añade.

El coordinador de este evento anual cree que "los artistas eligen el entorno de San Pablo por la vida cotidiana, más rica y más viva".

"Todas estas iniciativas centradas en lo cultural tenían el peligro de dejar de lado lo social pero lo que se ha conseguido es vincular totalmente dos mundos diferentes", concluye Latorre.

Esa unión continúa impulsándose día a día desde las Armas, donde el requisito para sus moradores es que los proyectos interactuén con el entorno y ayuden a dinamizar el barrio.

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