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La ordenanza de la bici cumple 3 años con deberes pendientes

Conductores, peatones y ciclistas valoran positivamente la norma, pero creen que todavía queda trabajo por hacer para mejorar la convivencia entre los usuarios de la vía pública.

Dos ciclistas circulan por la acera del paseo de la Independencia
La ordenanza de la bici cumple tres años con deberes pendientes
HERALDO

La ordenanza de la bicicleta acaba de cumplir tres años de vida con el beneplácito de la mayoría de usuarios de la vía pública, pero todavía con mucho trabajo pendiente a la hora de mejorar la convivencia entre los ciclistas, peatones y conductores de Zaragoza. La falta de información y publicidad de la norma, la escasa educación vial de algunos usuarios de la bicicleta y el lugar por el que esta debe circular -acera o calzada- siguen creando roces entre los ciudadanos.

“La ordenanza ha sido aplaudida y en su momento fue aprobada por unanimidad”, valoran desde el Ayuntamiento de Zaragoza, que creó esta norma por la necesidad de “regular la nueva situación que ha creado la introducción en la ciudad de un nuevo elemento como es la bicicleta”. De hecho, todos los implicados en la compleja movilidad urbana de la capital aragonesa coinciden en que la ordenanza es modélica y necesaria para regular la convivencia en las calles zaragozanas, pero es necesario desarrollar algunos de sus puntos y trasladar al asfalto lo que tan bien luce sobre el papel.

“La norma es correcta y positiva, pero todavía hay que resolver algunas cuestiones que han quedado en evidencia durante estos tres años”, comienza Félix Moreno, presidente de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (FABZ), quien cree que la mayoría de los problemas de convivencia los originan las bicicletas que circulan por aceras de uso exclusivo para los peatones, un asunto que ha llegado incluso a los tribunales: “Es necesario que el Ayuntamiento determine por cuáles se puede circular y por las que está prohibido”.

Como norma general, y salvo en casos muy concretos -como ocurre con las aceras de más de cuatro metros de ancho-, la ordenanza prohíbe que los ciclistas ocupen los espacios peatonales, pero muchos de estos usuarios de la vía pública aún no tienen claras las normas. “Yo pensaba que se podía ir por la acera siempre que no haya carril bici”, aseguraba Alfonso Beltrán, quien circulaba con su bici por la calle de Don Jaime.

Escasa información

“Hace poco se realizó una campaña de información, pero en general la difusión de la norma ha sido escasa”, apunta David Arribas, de Recicleta, quien también hace énfasis en que los ciclistas deben ir por la calzada. “Para favorecer que se cumpla este aspecto es necesario que algunos preceptos de la ordenanza se apliquen, ya que muchos usuarios de la bici todavía tienen miedo a compartir espacio con los vehículos”, indica Arribas, quien cree que esta situación “traslada el problema de la calzada a la acera”.

“Para que los ciclistas abandonen los espacios peatonales hay que fomentar que los conductores respeten la velocidad en las vías pacificadas mediante la mejor señalización de las mismas o introduciendo elementos disuasorios, como los pasos elevados”, dice el miembro de Recicleta, quien también se muestra a favor de que la Policía informe a los infractores y los sancione cuando sea necesario: “Sobre todo, cuando realicen acciones que pongan en peligro la integridad del resto de usuarios de la vía”.

Cambio de mentalidad

Mientras algunas asociaciones ciclistas abogan por el desarrollo de más kilómetros de carril bici como solución a muchos de los problemas de seguridad y convivencia de las calles zaragozanas, otros creen que “una ciudad inteligente en términos de movilidad es aquella que no necesita segregar el espacio entre sus usuarios”. Así lo asegura Arribas, quien también cree que el cambio de mentalidad necesario para la integración de la bicicleta ya se está produciendo: “La percepción del ciclista que tienen los conductores ha mejorado. Antes lo veían como un estorbo, pero esa mentalidad ha comenzado a cambiar”.

Sin embargo, todavía son muchos los conductores que ven con recelo la incorporación de este elemento al tráfico por las afecciones a la circulación que puede generar su lentitud y, sobre todo, por la escasa educación vial que tienen algunos ciclistas. “Una persona que no tiene carné de conducir, que no tiene experiencia sobre el asfalto y que ni siquiera conoce el significado de las señales ni las normas básicas de circulación no puede ir por la calzada”, protestan fuentes del sector del taxi, quienes también denuncian la peligrosidad que existe en algunas zonas de Zaragoza, como en el giro de Madre Vedruna o el del Camino de las Torres hacia Miguel Servet.

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