Teruel
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Vecinos de Fuentes Calientes recuperan 1.000 árboles gigantes mediante una poda tradicional

Son chopos y sauces, algunos con más de 200 años de edad, que forman el paisaje característico de la comarca y que podrían desaparecer en solo una década.

Una mujer trocea las ramas cortadas a un sauce centenario en Fuentes Calientes el pasado mes de enero.
Una mujer trocea las ramas cortadas a un sauce centenario en Fuentes Calientes el pasado mes de enero.
Heraldo

Vecinos de Fuentes Calientes han puesto en marcha el proyecto ‘Resucitando gigantes’, con el que quieren recuperar alrededor de mil árboles de gran tamaño -algunos superan los 15 metros de alto- y de más de 200 años de antigüedad, que se encuentran en mal estado y que podrían desaparecer en el plazo de una década.

Son chopos y sauces que bordean tres kilómetros del Arroyo de la Vega, donde se encuentran los manantiales que abastecen al pueblo. Tradicionalmente, estos árboles se podaban con la técnica de la ‘escamonda’, que consiste en cortar periódicamente las ramas nuevas a la altura del tronco para aprovecharlas en la construcción o como leña. Sin embargo, esta práctica que da nueva vida al árbol se ha ido abandonando y este acaba por enfermar y morir.

El proyecto, impulsado por la Fundación Bosques de la Tierra -con un centenar de socios en la provincia-, será presentado oficialmente el próximo 26 de febrero en Fuentes Calientes. No obstante, vecinos del pueblo llevan ya tres meses podando los árboles para ganar tiempo e impedir que el paisaje característico de la zona, las hileras de chopos cabeceros o árboles trasmochos, desaparezca. Muy cerca se encuentra el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, que protege, precisamente, este tipo de arboledas en otros diez municipios.

El coordinador de Bosques de la Tierra en Teruel, Tomás Escriche, advierte de que «es urgente actuar», tanto por los árboles como por los animales que viven en el Arroyo de la Vega. Cuervos, picarazas, lechuzas, milanos, chochines, carboneros, pájaros carpinteros o murciélagos, son solo una pequeña parte de las aves y mamíferos que buscan cobijo en los huecos de la madera muerta de chopos y sauces. «Es un nicho ecológico de primer orden; hay que protegerlo», destaca Escriche.

Para llevar a cabo su plan, Bosques de la Tierra ha contactado con los propietarios de los terrenos en los que se encuentran los árboles, muchos de ellos emigrados hace décadas a Barcelona y Valencia. «Hemos llegado a acuerdos; si el dueño no puede realizar la poda, nosotros la haremos por él», explica Tomás Escriche.

Para Olmo Escriche, un joven de Fuentes Calientes que participa en la escamonda, los chopos y sauces del Arroyo de la Vega son «monumentos vivos». Explica que, en el pueblo, cuando una pareja se casaba, plantaba un chopo para que sus descendientes pudieran utilizar las ramas como vigas o bien como leña. «Ahora ya no se acuerda nadie de dónde plantaron los chopos sus abuelos y algunos llevan 70 años sin podar», dice.

Para no dañar el suelo, la madera troceada se sacará del bosque con caballos, menos perjudiciales que un tractor agrícola. A los vecinos de Fuentes Calientes se sumarán amigos llegados de poblaciones cercanas para trabajar en la recuperación de los árboles. Olmo Escriche destaca que la técnica de la escamonda «prolonga la vida del árbol, es como si renaciera».

«Hay que seguir cuidando el bosque»

A sus 53 años, Jesús Herrero, vecino de Galve -a 15 kilómetros de Fuentes Calientes-, es uno de los pocos expertos en escamonda que quedan en la provincia de Teruel. Explica que esta actividad no está exenta de riesgo, pues el podador, si bien adoptando todas las medidas de seguridad a su alcance, tiene que subir a la parte alta del tronco para cortar las ramas. Por ello, no le extraña que falte relevo generacional.

Herrero poda los chopos y sauces cabeceros para conseguir leña, «que viene muy bien ahora que una calefacción de gas o gasoil es tan cara que se ha convertido en un lujo». Pero también lo hace para cuidar el bosque. «Las costumbres van cambiando, pero hay que seguir protegiendo la naturaleza, porque de ella depende nuestro bienestar», subraya.

Describe los chopos de la comarca como árboles «inmensos», con grandes copas. «A veces, están medio muertos y tras la poda, se regeneran y da gusto verlos», afirma. 

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