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Teruel
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La labor de la Fundación Santa María de Albarracín traspasa fronteras

La restauración de la capilla de San Andrés de Rueda de la Sierra se prolongará hasta principios de 2022.

Trabajos de restauración de la capilla de San Andrés de Rueda
Trabajos de restauración de la capilla de San Andrés de Rueda
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La maestría de la Fundación Santa María de Albarracín para restaurar edificios históricos traspasa fronteras. La entidad afronta desde este verano y hasta principios del próximo año uno de los encargos de mayor envergadura llegados de fuera de la localidad turolense.

Se trata de la capilla de San Andrés de la iglesia de las Nieves de Rueda de la Sierra, en la vecina comarca de Molina de Aragón (Guadalajara). El templo, con portada románica, se construyó en el siglo XII, pero se reformo en los siglos XVI y XVIII y a esa primera centuria pertenece el oratorio que va a ser restaurado, incluido el retablo.

La fundación lleva a cabo una restauración integral de la obra. Ha comenzado por la portada de la capilla, de estilo renacentista, después de realizar una excavación arqueológica en el suelo que ha sacado a la luz una gran lápida de piedra central cubriendo un gran osario.

Está previsto rescatar las decoraciones originales, hoy cubiertas por una capa de pintura sintética de reciente aplicación. Destacan en la capilla las nervaduras góticas de su bóveda de crucería y la decoración floral, con guirnaldas y grutescos, en su muro frontal. La fundación intervendrá igualmente en el retablo, una formidable pieza descoyuntada estructuralmente al haber sido adaptada a un espacio para el que no fue construida.

Pero no es la primera vez que los restauradores de Albarracín salen de la ciudad. Ya actuaron en Motos, al sureste de la provincia de Guadalajara; en la localidad turolense de Pozondón y en la propia ciudad de Teruel con un retablo de la iglesia de San Pedro. Además, han intervenido en obras de la comarca del Maestrazgo, como las pinturas de la cripta de la ermita de Bordón, el hospicio de La Cañada de Benatanduz, el palio del siglo XVIII de La Cuba o el sepulcro gótico de la iglesia de San Miguel de Cantavieja.

«El patrimonio vuelve a preocupar a la sociedad», destaca el gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, Antonio Jiménez, satisfecho de que la agenda de la entidad esté cargada de proyectos. A su juicio, la filosofía de la institución, sin ánimo de lucro, convierte en asequible la restauración de un edificio histórico.

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