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Teruel

El chopo cabecero, seña de identidad de Torrijo

Seiscientas personas participaron en la fiesta que resalta el valor cultural y ambiental del chopo trasmochado, una singularidad de las tierras altas de la provicia.

El público presencia la exhibición de poda del chopo cabecero en Torrijo.
El público presencia la exhibición de poda del chopo cabecero en Torrijo.
Heraldo.es

Cientos de personas observan en una mañana desapacible como Moisés Moreno trasmocha con una motosierra un centenario chopo cabecero de la ribera del Jiloca en Torrijo del Campo. Con cada rama que se desploma con estrépito, el público aplaude y jalea al podador, que, terminada la faena, saluda al respetable como si acabara de protagonizar un espectáculo. La escena se vivió ayer durante la exhibición de la poda que, tradicionalmente, se realizaba cada 15 años a los chopos de las tierras altas de la provincia de Teruel para obtener vigas para la construcción y madera en tierras deforestadas y sin otro arbolado.

La Fiesta del Chopo Cabecero, que ha reunido a seiscientas personas del Jiloca y de otras comarcas turolenses, además de zaragozanos y catalanes, ha alcanzado en Torrijo su décima edición. Se celebra con carácter itinerante por las zonas en las que pervive esta práctica a medio camino entre lo agrícola y lo forestal. Aunque el aprovechamiento ha decaído al perder su rentabilidad, la celebración anual resalta el valor cultural y ambiental de los chopos cabeceros.

El Gobierno aragonés ha revalorizado este árbol como patrimonio etnológico y ambiental al declararlo bien de interés cultural inmaterial y proteger sus mayores concentraciones al catalogarlas Arboleda Singular y con la creación del Parque Cultural del Alto Alfambra. En este contexto, el Ayuntamiento de Torre los Negros acaba de licitar la construcción del centro de interpretación de estas formaciones vegetales por 94.444 euros y con dos meses de plazo de ejecución.

El numeroso público que se ha desplazado hasta Torrijo conoció el bosquecillo de chopos cabeceros situado en la principal entrada del pueblo, que constituye una seña de identidad local, como ha explicado el alcalde, Ricardo Plumed. El apreció de la población por esta chopera centenaria hace que el Ayuntamiento se encargue de las podas periódicas para conservar los árboles en buen estado vegetativo, aunque esta práctica haya perdido su utilidad como aprovisionadora de madera. Plumed ha añadido que, aunque el trasmochado ha sido una actividad secular en Torrijo, para las nuevas generaciones es desconocida.

El alcalde ha señalado que la poda periódica evita que las ramas crezcan enfermizas y puedan desmoronarse con peligro de accidentes. Ricardo Plumed ha recordado que, para el pueblo, el chopo cabecero fue la única forma de aprovisionarse de maderamen. Ha comentado que «los más viejos» de la localidad recuerdan la chopera de las puertas del pueblo con las dimensiones actuales por lo que su origen ser remonta a varios siglos.

El estudioso del chopo cabecero y miembro del Centro de Estudios del Jiloca –coorganizador de la fiesta con el Ayuntamiento y la asociación cultural local–, Chabier de Jaime, ha afirmado que este árbol tiente también un potencial turístico innegable. Ha explicado que su origen se enmarca en un pasaje desarbolado como el altiplano turolense y permite formar ramas rectas útiles para la construcción por encima de un tronco de tres metros que aleja los brotes destinados a vigas del alcance del ganado.

La singularidad del chopo cabecero ha atraído hasta Torrijo a una expedición de dos autobuses de Zaragoza fletados por la asociación O Bureo Aragonés. La coordinadora del viaje, Marta Casamayor, ha recordado que los socios de Bureo participan habitualmente en la Fiesta del Chopo Cabecero porque «hay que valorar las tradiciones locales». Este año se han volcado con el desplazamiento de ochenta personas. También les ha animado el programa festivo que complementó la demostración etnográfica, con La Ronda de Boltaña como estrella.

Tras asistir a la exhibición de poda y recorrer varias choperas, se ha celebrado una comida popular con 600 comensales. Los más entusiastas han recogido como recuerdo los discos de madera de chopo que Moisés Moreno, experto en poda de altura, ha cortado con su motosierra a petición del público. A pesar del día frío y lluviosos, la asistencia ha sido una de las más multitudinarias de las diez ediciones de la Fiesta del Chopo Cabecero. La próxima cita, para 2019, en Berge.

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