Teruel
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La primera mujer en subir al Torico

Se cumplen 25 años de un hecho que marcó un punto de inflexión en las fiestas turolenses, con un mayor protagonismo de la población femenina en los actos centrales.

Un hecho histórico. La foto de archivo muestra la imagen de la primera mujer que colocó el pañuelo rojo al Torico, en 1992. La joven, de la peña El Chasco, tenía entonces 14 años.
La primera mujer en subir al Torico
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Creo que no era consciente de lo que significaba mi acción. Era demasiado joven. Con el tiempo me fui dando cuenta de que ponerle el pañuelo al Torico había marcado un hito en la Vaquilla". Ana Gil fue la primera mujer en protagonizar el acto más emblemático de las fiestas turolenses, un hecho histórico que cumple este año el 25 aniversario.

Contaba entonces solo con 14 años, pero desde muy pequeña se había empapado de esta fiesta a través de la peña de su padre, El Chasco. Aquel mes de julio de 1992 le correspondía al grupo colocar el pañuelo al Torico y se pensó en la joven para esta misión.

"Cada año revivo este momento", explica desde Zaragoza, ciudad en la que vive y trabaja como veterinaria. "Porque ver la plaza, repleta de gente, desde lo alto de la columna que soporta el Torico, no tiene precio", asegura. A su nivel, considera que con esta acción también puso su granito de arena en lograr mayores porcentajes de igualdad en una fiesta con predominio masculino. De hecho, a raíz de su decisión varias mujeres más han protagonizado el multitudinario inicio de las fiestas de Teruel.

La gesta tuvo su anécdota incluida. La torre humana que la impulsó hacia lo más alto del pilar –una estructura que, según su padre, Manuel Gil, se concibió expresamente para evitar riesgos a la joven y que luego se impondría en otras peñas– se levantó antes de lo previsto, por lo que ella llegó a la cima sin el pañuelo que el Ayuntamiento aporta para este fin. No se lo pensó dos veces y, desatando el suyo que llevaba en el cuello, lo ató a la testuz del pequeño animal de bronce. Luego, levantó sus brazos ante el estallido de júbilo del público. Cuando, al final, le hicieron llegar el pañuelo correcto, enmendó su error. "Todavía conservo ese pañuelo primero como si fuera un tesoro", afirma.

Pero la Vaquilla ha quedado íntimamente ligada a Ana por un acontecimiento muy personal. Ese mismo día, un 11 de julio, pero de 2015, nació su segundo hijo. ¿Pura coincidencia, el destino...? Se lo ha preguntado muchas veces. "Fueron las únicas fiestas que me he perdido", afirma, tras recordar que estuvo viendo la colocación del pañuelo en la plaza, con las charangas, con las contracciones del parto: "Aguanté como pude hasta el final, y luego fui al hospital".

Ana Gil dice que ha visto una gran evolución en las fiestas en estos 25 años, sobre todo, en el aspecto musical. Los sonidos de las charangas, que hace un cuarto de siglo inundaban las calles y plazas de Teruel, han dado paso ahora a los sonidos electrónicos de la música disco. "Es lógico este cambio –reconoce–.

Las fiestas se adaptan a los gustos del momento". Considera peor la masificación que se registra, principalmente el sábado y que cada año va a más. "Puede ser un agobio, pero es la fiesta y es lo que hay". Indica. "Mientras pueda no me perderé una Vaquilla", zanja.

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