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Teruel
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El sector agroalimentario recobra impulso

La macrofábrica de huevos fritos congelados en Albentosa y el relanzamiento del matadero de La Mata evidencian el buen momento de la industria agropecuaria.

Huevos fritos en Albentosa. El empresario Javier Yzuel reconvierte un secadero de Albentosa en una fabrica de huevos fritos congelados con capacidad para 200.000 unidades al día. Arrancará en enero con 12 empleados.
El sector agroalimentario recobra impulso
Jorge Escudero

Los últimos proyectos agroalimentarios surgidos en el medio rural, como la fábrica de huevos fritos congelados en Albentosa –producirá 200.000 unidades al día– o el reflotamiento del matadero de la Mata de los Olmos por un importante grupo alemán, ponen de manifiesto el potencial que este sector tiene en la provincia, donde ya despunta como uno de los dos pilares básicos de la economía, al mismo nivel que el turismo.

Según datos de la CEOE, el sector agroalimentario representa el 16,5% del Producto Interior Bruto de la provincia y un 16,74% de las empresas que hay en Teruel corresponden a este grupo. En concreto, 4.617 negocios con trabajadores a su cargo se dedican en la actualidad a esta industria. Ejemplo del peso que está adquiriendo son los premios Empresa Teruel, con los que se distinguen anualmente a los emprendedores más destacados, buena parte de los cuales en la edición de este año recayeron en producciones vinculadas al campo y al medio rural. Entre ellas, la cooperativa Arcoiris asentada en la comarca del Matarraña, Quesos Albarracín y maquinarias agrícolas Alcomobi de Alcorisa.

El presidente de CEOE-Teruel, Carlos Torre, señalaba a la agroalimentación y el turismo como las dos actividades "con mayores expectativas de futuro en la provincia". "Así lo reconoce la UE", agregó. El dirigente patronal admitía, no obstante, que hasta hace poco, el sector "era escasamente valorado". "Pero ha demostrado –agregó– que puede generar desarrollo y posicionarse en mercados nacionales e internacionales".

Ante la evolución que ha experimentado la industria agroalimentaria, la organización empresarial ha hecho una clara apuesta por las denominaciones de origen y las producciones diferenciadas: jamón, aceite, azafrán, trufa o melocotón. "Apoyamos –afirmaba Torre– a los productos agrarios protegidos, tanto en la producción como en la comercialización, como una forma de impulsar la calidad".

Con más de 20 años de andadura, la industria agroalimentaria más potente y que más empleos crea es la Denominación de Origen Jamón de Teruel, una actividad, que, según el presidente del Consejo Regulador, Ricardo Mostero, "es la que más posibilidades de futuro tiene".

El jamón con la marca de calidad genera, según los últimos datos, más 2.000 empleos directos, lo que supone, a juicio de Mosteo, un importante pilar de la economía provincial. Alejada de las dificultades que la asfixiaron en los años más duros de la crisis, la industria jamonera de Denominación resurge de sus cenizas con unas optimistas perspectivas para la producción de los próximos años. "El futuro de este sector cárnico pasa por la elaboración de jamones de Denominación, de calidad, con objeto de que se quede en la provincia el mayor valor añadido posible", subrayaba.

El gerente de Quesos Albarracín –una de las empresas revelación, con numerosos premios nacionales e internacionales en sus diez años de existencia–, Alberto Asensio, reconoce el impulso que experimenta la industria agroalimentaria, que, en su opinión, "va habitualmente de la mano del turismo". El empresario, que cuenta con 8 trabajadores en nómina, es consciente, sin embargo, de que su poder pasa por "la diferenciación". "En Teruel no podemos competir con grandes producciones –asegura–. Nuestra fuerza radica en la pequeña y mediana empresa con la calidad, la innovación y la recuperación de técnicas tradicionales como premisas". Como ejemplo, cita su último producto, un queso madurado en unas instalaciones que recrean las antiguas cuevas de elaboración quesera. Ha decidido, además, controlar todo el ciclo productivo, desde la materia prima, con un rebaño de 70.000 ovejas, hasta la comercialización.

Como el quesero de Albarracín, pequeñas empresas se abren paso con los productos más selectos de la provincia, como los embutidos elaborados con trufa de Sarrión, mermeladas en la Sierra de Albarracín, aceites y licores de azafrán o ternera del Maestrazgo.

Sectores tradicionales como la viticultura y la oleicultura también registran actividad. En Oliete, la oenegé ‘Apadrina un Olivo’ acaba de poner en marcha una almazara para producir aceite a partir de los 5.000 olivos yermos que ha recuperado. Por otro lado, un empresario catalán, José María Rodas, lidera un proyecto oleícola innovador que ha invertido 3 millones de euros en Cretas. Ha puesto en cultivo 46 hectáreas con cinco variedades distintas de olivos para obtener aceites monovarietales, una opción comercial en alza. Rodas, que aplica la tecnología más avanzada, obtiene una aceite de oliva virgen con las propiedades nutritivas y saludables reforzadas. Su producción se distribuye en tiendas gourmet y se exporta a Francia y los Países Bajos.

El vino, un producto típico del Bajo Aragon histórico que no termina de despegar, alumbra también nuevos proyectos. La principal entidad financiera provincial, la Caja Rural, y el primer grupo empresarial turolense, Térvalis, fusionarán sus respectivos negocios vinícolas para conseguir una empresa más potente y con mayor proyección. La entidad financiera aportará su bodega Celler d’Algars, de Arens de Lledó, mientras que el conglomerado industrial incorporará sus viñas Lagar d’Amprius, de Cretas, y ostentará la mayoría del capital social de la entidad resultante.

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