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Raúl Lardiés: "El boom de los pueblos por la covid fue algo ilusorio"

Profesor del departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Escuela Politécnica de Huesca, es el investigador principal en España del proyecto Matilde, que analiza el impacto de la inmigración en zonas rurales y de montaña.

Raúl Lardiés, en la Escuela Universitaria Politécnica de Huesca, donde imparte clases.
Raúl Lardiés, en la Escuela Universitaria Politécnica de Huesca, donde imparte clases.
Verónica Lacasa

El proyecto Matilde, financiado con fondos europeos y desarrollado en diez países, se basa en la hipótesis de que la inmigración de fuera de la Unión Europea puede contribuir al desarrollo económico y social de las zonas rurales y de montaña de Europa. En España, el investigador principal es Raúl Lardiés (Sabiñánigo, 1969), profesor del departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Escuela Universitaria Politécnica de Huesca

Matilde analiza el impacto de la inmigración de fuera de la UE en las zonas rurales y de montaña. ¿Son la salvación para la España Vaciada?

Llevamos dos años trabajando, y en España centrados en dos comarcas aragonesas, Alto Gállego y Monegros. Hemos analizado el fenómeno desde una óptica social, económica y territorial. En las zonas rurales queda sobre todo gente mayor y por tanto cualquier aporte de población es positivo. Pero cuando se habla de que la emigración va a ser la salvación, no es así porque la emigración es un fenómeno sobre todo urbano. Como el resto, los inmigrantes van más a las ciudades.

¿Y qué atrae a aquellos que optan por los pueblos?

Hay muchos empleos no cubiertos por la población nativa, los de menor cualificación, los más duros. Por ejemplo, los cuidados a ancianos, un empleo muy feminizado que ocupan básicamente latinoamericanas. O el trabajo manual ligado al sector agroindustrial, como los mataderos. Son empleos peor pagados, más inestables. Muchos han estudiado, tienen capacidades, porque la emigración es un proceso selectivo, emigra el que puede. Pero existe un problema de reconocimiento de títulos.

¿Se les recibe mejor en entornos pequeños?

En el trabajo que hicimos de campo, cuando se les preguntaba a ellos, sí decían que la vida es más fácil porque el contacto es más cercano, en la tienda, el bar... Destacan esto como positivo, pero tienen el problema de los desplazamientos, ya que muchos no disponen de coche ni hay transporte público. Por su parte, los nativos no tienen una mala percepción. La integración se lleva a cabo de una manera más natural, porque se reconoce su papel en el trabajo o regentando pequeños negocios. Sin inmigrantes no se sostendría el sector agrícola. Los sindicatos agrarios nos dicen que muchos puestos no se cubrirían.

¿Y tampoco los empleos en los cuidados de personas?

El fenómeno de las internas, donde no hay españolas trabajando. Por un lado, la población envejece y se las necesita, y por otro, el reagrupamiento familiar ha traído a muchas mujeres. Los cuidan por menos dinero de lo que cuesta una residencia. Hacen un favor a las familias y al Estado y permiten que los mayores no se desarraiguen.

¿Cuál ha sido realmente el impacto demográfico de la pandemia en el medio rural? ¿Ha habido tanta gente dispuesta a cambiar la ciudad por el pueblo?

Es verdad que hubo un boom, la población creció en 2020 y 2021. Es una realidad estadística. Se empadronaban en segunda residencias por las limitaciones de movilidad. Pero nos hemos dado cuenta de que fue algo ilusorio. No residen realmente allí. Las zonas urbanas pierden empadronados pero no población.

¿Y qué se necesitaría para atraer nuevos habitantes?

Empleo. No hay empleo cualificado. Si hubiera trabajo, crecería la población.

Tampoco vivienda.

A unos precios desorbitados que solo los pueden pagar los turistas. Gente que viviría en Biescas o Sallent tiene que ir a Sabiñánigo. Esa es otra dificultad. Pero en zonas no turísticas hay un problema de mentalidad, la gente no se quiere desprender de su patrimonio, no saca al mercado vivienda.

¿El teletrabajo va a beneficiar o perjudicar?

Solo hay una parte de los empleos que se pueden hacer por teletrabajo. Luego está la mentalidad, mucha gente no quiere irse a un pueblo, vive más cómodamente en una ciudad. Hemos avanzado, porque hemos dejado atrás la época en que los pueblos eran poco menos que la peste y que lo que tocaba era emigrar. Pero aún falta. Nunca las zonas rurales han estado tan bien como ahora, pero existen todavía muchos impedimentos: empleo, vivienda y la mentalidad. Y el requisito número 1 es internet, antes que la casa, aunque sea para hacer la compra o consumir ocio. Las administraciones hacen un esfuerzo importante para llevar internet a todos los rincones.

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