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La Diócesis de Barbastro – Monzón quiere que sus parroquias sean sostenibles y solidarias

La propuesta del Obispado es que los feligreses contribuyan a sufragar el sueldo del sacerdote, algo que ya se ha conseguido en Alcolea de Cinca y parte del Bajo Cinca.

El obispo de Barbastro, Ángel Pérez, junto a la vice administradora Marta Calavera y al administrador José Huerva.
El obispo de Barbastro, Ángel Pérez, junto a la vice administradora Marta Calavera y al administrador José Huerva.
J. L. P.

La Diócesis de Barbastro – Monzón se ha propuesto que sus parroquias, al menos las más pobladas del sur, puedan ser “sostenibles y solidarias” y aporten con sus donativos el coste proporcional de los servicios que presta el sacerdote a la comunidad. Una iniciativa que se ha puesto en marcha este año con gran éxito en parroquias como Alcolea de Cinca, Zaidín o Torrente de Cinca donde según ha explicado el administrador episcopal, José Huerva, se paga el salario del sacerdote, 600 euros, en función del tiempo que dedica a cada localidad, el 30%, el 20%, … Asimismo un 10% del sueldo del cura va destinado a la administración diocesana.

“La gente tiene que sentir que somos una familia, y mantenerla entre todos. Hasta ahora no ha habido sostenibilidad porque la gente no ha sido consciente de ello. Cuando se les ha expuesto se han mostrado encantados de colaborar”, ha explicado Huerva, quien ha insistido en la finalidad de ser “parroquias autosuficientes”, excluyendo eso sí las poblaciones del Pirineo más deshabitada que precisarán la solidaridad del resto de unidades pastorales.

Para ello, se está realizando un programa de reuniones del equipo de Economía y el de Comunicación con los consejos económicos de las parroquias, comenzando por el arciprestazgo del Bajo Cinca. “Parroquia por parroquia, con los seglares, hablamos de la necesidad de trabajar el sostenimiento, de cubrir los gastos y de tener un remanente”, ha señalado. Eso permite afrontar imprevistos y, sobre todo, ser solidario con parroquias pequeñas en núcleos muy poco poblados.

Las próximas parroquias a las que se dará a conocer este plan de sostenibilidad son Peñalba, Velilla, Ballobar, Ontiñena y Sena.

El obispo Ángel Pérez, el administrador José Huerva y la viceadministradora, Marta Calavera han recalcado este miércoles este objetivo en la presentación de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana que se celebra el próximo domingo 7 y en la que piden la colaboración de los fieles con donativos o con su tiempo. La campaña repite lema: “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo”. Como recuerda el obispo, Ángel Pérez, "cada uno, como en una familia, aporta lo que puede: tiempo, cualidades, la oración o el donativo, por pequeño que sea, puntual o periódico. Y quiero hacer una llamada a la fidelidad, porque también tenemos que ser fieles con nuestra solidaridad”.

En la presentación de las cifras diocesanas del año 2020, de las que el 38% se destinan al área de Caridad, el prelado ha hecho un llamamiento a la corresponsabilidad y a la primacía del proyecto común, del equipo y la transparencia. A ello apunta, ha añadido, la reestructuración diocesana emprendida, cuyo objetivo final no es otro que intentar ofrecer a cada uno de los hijos de este Alto Aragón oriental un adecuado y digno servicio pastoral, tanto humano como espiritual. “Nosotros simplemente hacemos de canal de transmisión para que llegue a los más desheredados, a proyectos culturales… Nos sentimos corresponsables con el Altoaragón y por eso no queremos estar solo en las sacristías sino también en las plazas, aportando”, ha añadido don Ángel.

En 2020, para materializar su labor pastoral, caritativa, educativa, etc., la Diócesis de Barbastro-Monzón gestionó un presupuesto de 4.261.114,73 euros, de los que 1.413.500 proceden del Fondo Común Interdiocesano (asignación tributaria) y 1.326.367,53, de las aportaciones de los fieles. Esta, los donativos, es una de las maneras de contribuir con la parroquia, pero no la única. Porque el tiempo disponible, las habilidades personales al servicio de los demás o la oración constituyen otros modos de sumar, pero no solo hoy sino cada día del año.

Lo pone de manifiesto la labor de los 67 animadores de la comunidad que llegan allí donde nuestros presbíteros, 76, no pueden llegar cada domingo. O los 229 catequistas que se entregan a la formación de los más jóvenes y los 400 voluntarios de Cáritas Diocesana. Con ellos, todos y cada uno de los que, aún sin formar parte de una estadística, aportaron su granito de arena para que en 2020 se pudiera atender aun total de 11.111 personas en 33 centros diocesanos.

Entre estos centros los hay para la defensa de la familia y la vida, que ayudaron a 4.437 personas, y para mitigar la pobreza, que atendieron a 4.859. En 2020, 946 diocesanos acudieron a los centros de la Iglesia para la promoción del empleo y un centenar recibieron cuidados en casas para ancianos, enfermos crónicos y personas con discapacidad.

El año pasado, con la pandemia y sus limitaciones, 206 niños fueron bautizados, 415 recibieron la Primera Comunión, a 239 jóvenes se les administró la Confirmación y se celebraron 35 matrimonios. Además, la diócesis cuenta con seis centros católicos concertados y uno privado, con 2.379 alumnos y 183 docentes.

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