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Capella asombra al visitante con su ruta escultórica

La imaginación desbordante de Joaquín Sesé ha creado en el camino a la ermita de San Martín un fascinante universo pétreo, que supone todo un reclamo turístico y cultural para esta histórica localidad ribagorzana.

Sendero escultórico en Capella
Sendero escultórico en Capella
Ángel Gayubar

Sostiene la tradición hermética que todo camino supone un descubrimiento y, lejos de honduras filosóficas que se adentran en la idea de la profundización del conocimiento propio, esta sentencia cobra pleno sentido literal (y muy gozoso) en la escondida senda que conduce desde la localidad ribagorzana de Capella a su ermita semirupestre de San Martín; encaramada sobre la ladera de la sierra homónima, domina desde lo alto el curso inferior del río Isábena y otea la mole majestuosa del mítico Turbón.

Es un camino más suave y llevadero de lo que pudiera parecer al senderista inadvertido; si bien salva un considerable desnivel en un tramo relativamente corto, serpea por la ladera manteniendo a raya los tramos excesivamente pinos, y se hace ameno y llevadero por las vistas que va descubriendo de un paisaje muy humanizado desde hace milenios, pero que da una sensación de paraje virginal e ignoto.

Con la bienvenida del puente medieval capellense, una monumental estructura pétrea de más de cien metros de longitud y una altura y anchura notorias para este tipo de construcciones (es considerado por expertos y profanos como uno de los puentes más bellos de España), sus ocho ojos en gradación ascendente y descendente son el iniciático punto de partida de este camino, que está desvelando alguno de sus secretos. Además, revela una importancia arquitectónica e histórica que había pasado desapercibida en los últimos siglos. Todo gracias al trabajo altruista de Joaquín Sesé y las infinitas horas de trabajo que este capellense está dedicando ‘gratis et amore’ a la dignificación, desbroce, limpieza y consolidación de sus muros y alrededores.

El resultado es el descubrimiento de un enclave de calado considerable e insospechado, ya que la ermita aparece formando parte de un recinto fortificado del que no se tenía constancia. Algunos estudiosos como Francisco Martí -gran conocedor del románico ribagorzano- lo vinculan con el solar original de Capella, antes de la consolidación de la frontera hispano-musulmana. Según este autor, el actual caserío de la localidad sería fruto de una ocupación posterior, una especie de Puebla que acoge ya en el último tramo de la época medieval a los residentes que han permanecido hasta entonces al abrigo de las rocas protectoras. Un fenómeno que se repite por entonces en buena parte de España y que tiene numerosos ejemplos a no muchos kilómetros de aquí, donde las Pueblas de Castro, Fantova, del Món, Roda o Panillo -aunque ésta perdiera con el tiempo el apelativo- evidencian esa colonización humana de las vegas ribagorzanas.

El meollo de la cuestión

Con ser importantes -que lo son, y mucho- los extremos del recorrido, el objeto de este texto es hablar del camino de San Martín en sí y, más concretamente, de las múltiples figuras -mayoritariamente zoomórficas- con las que el propio Joaquín ‘Quinón’ Sesé ha ido jalonando el recorrido, convirtiéndolo en todo un descubrimientos para una legión creciente de senderistas de todas las edades y procedencias. Son unas sencillas esculturas de innegable fuerza plástica y sensibilidad creativa.

Las esculturas del camino de San Martín se han convertido por derecho propio y en muy poco tiempo en uno de los atractivos turísticos más visitados de Ribagorza. En fines de semana y épocas vacacionales, el trasiego de excursionistas por estos parajes ignotos hasta hace nada es ya imparable, y nadie queda inmune al despliegue de escenas en los rincones más insospechados, con las pretendidamente ingenuas representaciones de peces, pastores, ovejas, perros guardianes, conejos, zorros en acecho, jabalíes, osos, aves rapaces e insectívoras, tortugas, lagartos a punto de devorar a unas desprevenidas mariquitas, escorpiones, cangrejos, hormigas, abejas, ciempiés y gusanos, ardillas o gatos. No faltan las flores pétreas y un delicioso Nacimiento ‘aragonés’ -ojo al detalle del porrón junto al grupo tradicional- y la figura humana en tamaño casi real que parece un ‘caganer’: así lo ríen tanto los más pequeños como los más mayores, que no dudan en hacerse una foto con él. En realidad forma parte de un conjunto todavía no terminado de pobladores prehistóricos en torno al fuego… un mundo que despierta la sonrisa y la admiración de quienes lo disfrutan, y que hace pensar al paseante en una versión mucho más amable de los atormentados jardines de Bomarzo que diseñara el príncipe de Orsini junto a Viterbo, unos 100 kilómetros al noreste de Roma.

La belleza y curiosidad del camino se está divulgando rápidamente y atrae a Capella a gente que hasta ahora no sabían ni situar la localidad en el mapa. Es el caso, por ejemplo, de una familia -matrimonio y sus dos hijos- que este verano se aventuraban por la citada senda capellense. "Nosotros -comentaban, pegando la hebra con otros compañeros de camino- venimos de Zaragoza; vimos un reportaje sobre estas esculturas, nos animamos a conocer el sitio y no nos estamos arrepintiendo en absoluto". Un aserto y unas impresiones que confirmaban las risas desprejuiciadas unos metros por delante de los niños, sorprendidos con cada nuevo descubrimiento.

"Lo más importante es que esta animación del recorrido motiva a los niños para contemplar la maravilla que es San Martín, consiguiendo más futuros aficionados al arte y a la historia que con doctas explicaciones académicas", sostiene Francisco Martí, declarándose "rendido admirador" de la capacidad creativa de un Quinón que, todo modestia, resta importancia a su obra y atiende solícito las demandas de jóvenes admiradores sobre nuevas figuras que echan de menos en la galería escultórica del camino. "Últimamente, por cuestiones de trabajo, dispongo de menos tiempo para poder dedicarme a ello, pero tengo -sonríe- una lista larga de peticiones que intentaré atender". Mientras, ultima la instalación de la figura de un gato que le habían requerido, y piensa ya en otras creaciones con las que ir ampliando su singular universo en piedra.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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