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La residencia de Yéqueda guarda en una urna los recuerdos del año de pandemia

Ha cerrado un ciclo como centro covid con un homenaje a los mayores afectados por la enfermedad y a todas las personas que aportaron su esfuerzo para salir adelante. El 5 de abril reabrirá como residencia privada.

Natividad, José, Margarita, Inés, Gregorio... Los nombres de las 27 personas fallecidas en la residencia La Abubilla de Yéqueda durante su funcionamiento como centro covid han resonado este martes en el aire tranquilo del jardín que rodea el edificio, que empieza una nueva etapa. Subiendo por una de las rampas exteriores, bajo el segundo arbusto, ha quedado guardada una urna con decenas de mensajes. A través del metacrilato se ha visto el dibujo infantil de un arcoíris. Ha sido el homenaje a quienes perdieron la vida, a los que salieron adelante y aquellos que trabajaron "arduamente" por los mayores. 

El 23 de marzo de 2020, a las once de la noche, La Abubilla recibió a los dos primeros pacientes de covid. A finales de febrero dio el alta al último y el 5 de abril reabrirá como residencia privada para la tercera edad. Durante este año como centro intermedio para enfermos de coronavirus ha atendido a 160 personas, de las cuales fallecieron 27.  La caja, con mensajes llegados de diferentes lugares dando ánimos y expresando agradecimiento, simboliza el fin de un ciclo y el principio de otro, ha dicho el director de la residencia, Mateo Ferrer. Ha quedado enterrada bajo un laurel romano, un árbol simbólico porque fue la primera planta que  creció  tras la bomba de Hiroshima. "Algo que vamos a hacer nosotros, un nuevo resurgir, un florecer de la sociedad tras este año tan duro", ha manifestado el responsable del centro.

La conjura de la fuerza

En la tarde de este martes, sin ambulancias de por medio y con menos miedo que hace un año, se han reunido de nuevo efectivos de la Guardia Civil, Protección Civil y Cruz Roja así como personal del Salud, del IASS, del Ayuntamiento de Igriés y de la propia residencia. "Queremos agradecer de esta forma el esfuerzo realizado durante los primeros meses, cuando todo era incertidumbre y ellos fueron un ejemplo a seguir por la manera en que arrimaron el hombro desinteresadamente", ha indicado Mateo Ferrer.  

En los mensajes recibidos, el sentimiento que más se repite es el de agradecimiento a todas las personas que trabajaron aquí y sacaron el centro adelante. "Las palabras gracias y héroes son las que más abundan", ha explicado el director de la residencia. "Fueron momentos muy duros y ellos lucharon; esperemos que la apertura de la urna, no sabemos cuándo, sea un momento de ilusión porque que todo haya cambiado y que lo ocurrido este año se recuerde incluso de manera constructiva", ha añadido.

Un simple aplauso te subía la moral y te ayudaba a hacer los turnos dobles, a aguantar esas pantallas que te hacían heridas en la cara, el calor insoportable...

Mateo Ferrer ha depositado la urna en el parterre y tras él, todos los convocados han echado un poco de tierra como expresión del "grano de arena" aportado al funcionamiento de la residencia en estos meses. Gemma Rodríguez, que empezó a trabajar en La Abubilla el 23 de marzo del año pasado y ahora será gobernanta, no ha olvidado la "impotencia" que sintió al ver morir a tantos mayores. "No podías remediar que se fueran, que no salieran adelante aún poniendo todo de tu parte", ha comentado.

En el lado positivo, guarda la capacidad humana de apoyar al prójimo, "que pensaba que ya no existía". "La gente ayudaba cómo y cuando podía, un simple aplauso te subía la moral y te ayudaba a hacer los turnos dobles, a aguantar esas pantallas que te hacían heridas en la cara, el calor insoportable...", ha relatado. "Todo se aguantaba por los mayores porque, además, el jefe miraba mucho por nosotras, estábamos bien cuidadas", ha añadido Gemma Rodríguez. 

La labor 'online' también fue muy intensa. Los grupos de WhatsApp contienen los mensajes que aquellas primeras semanas cruzaron los trabajadores y trabajadoras sociales del IASS. Loli Rodríguez ha recordado "los momentos de alegría, tristeza, llanto, rabia..." pasados desde las once de la noche de aquel 23 de marzo de 2020. "Profesionalmente fue reto porque había que atender a muchas personas en su aislamiento y personalmente, una explosión de emociones", ha señalado. También hubo sentimientos de humanidad, miedo, incertidumbre y gratas sorpresas, como cuando una PCR daba un resultado negativo.   

"Ana Tarongí me dijo que 2021 sería un año de victorias y que jamás un mar en calma dio buenos marineros"

Sus compañeras Sheila Folch y Begoña Vitalla no olvidan la comunicación diaria con las familias, "a veces con conversaciones de más de una hora" para informar de la evolución anímica de sus mayores. Su labor iba desde gestionar los traslados a La Abubilla a concretar el regreso de los pacientes a sus residencias de origen, pasando por localizar un neceser o un teléfono móvil olvidados. 

Loli Rodríguez ha nombrado a las 27 personas que murieron en la primera etapa de la pandemia, a las cuales se les ha dedicado un aplauso. Todos los trabajadores y trabajadoras del centro covid han tenido palabras de reconocimiento para Mateo Ferrer. Él ha resaltado las que recibió de Ana Tarongí, médico de la residencia en esa etapa: "Me dijo que 2020 había sido un año de lucha, y que 2021 sería un año de victorias y también que jamás un mar en calma dio buenos marineros".    

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