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Réplicas de los bienes para llenar un vacío de más de un siglo

La Comarca de la Ribagorza o municipios como Tamarite y Berbegal han recurrido a reproducciones para contemplar las obras de arte que salieron de sus parrroquias con destino a Cataluña.

La guía del museo de la Ribagorza con las imágenes de los frontales de Buira y Tressera.
La guía del museo de la Ribagorza con las imágenes de los frontales de Buira y Tressera.
Veronica Lacasa

El centro de interpretación de la Ribagorza, la comarca de la que salieron buena parte de los 111 bienes, ubicado en la localidad de Arén, exhibe en una de sus salas reproducciones de los frontales de Buira y Treserra, las dos piezas más valiosas, enviadas a Lérida en 1903 y 1895, respectivamente.

Junto a ellos se muestran otras fotografías de frontales de altar que también han acabado en museos catalanes, como los de San Martín, de Chía, o la Virgen de la Leche, de Betesa, actualmente en el Nacional de Arte de Cataluña. El mismo destino tuvieron el de San Clemente y el del Cristo y los doce apóstoles, ambos de Estet, o el de San Nicolás, de Güell. El de San Martín de Tours, de Capella, está en el Diocesano de Solsona. Arte emigrado en todos los casos, aunque algunas de las piezas con un contrato de compra- venta de por medio.

No son las únicas obras que las instituciones locales han reproducido para tenerlas cerca, en ausencia de los originales. El Ayuntamiento de Berbegal también hizo una reproducción del frontal de El Salvador. Es una de las piezas más excepcionales del arte aragonés del siglo XIII y una de las joyas de la colección del Museo de Lérida. La copia se guarda en las dependencias municipales. El frontal salió de la antigua Colegiata de Santa María la Blanca en 1904 por orden del obispo Josep Messeguer.

El exponente más claro de este acercamiento es Tamarite de Litera, que ha realizado hasta tres réplicas de otras tantas obras. Una es el retablo gótico de San Blas, procedente de la iglesia de Algayón, una pedanía. La tabla, que llegó este viernes a Barbastro, se trasladó en 1903 o 1904. En los años 40 del pasado siglo se colocó en la capilla de la iglesia de San Lorenzo, donde hay otras dos obras aragonesas, y en 2019 se trasladó al museo diocesano de la ciudad para preservarlo de una plaga de termitas.

En el templo de Algayón está colgada desde hace varios años la reproducción, realizada para que los vecinos puedan conocer el antiguo retablo y los domingos que van a misa disfrutar de él, aunque sea a través de una copia.

Costó unos 2.000 euros, y no es la única pieza de ‘arte emigrado’ que el consistorio ha reproducido. De más lejos ha llegado la imagen replicada de la tabla del Arcángel San Miguel, que se halla en el Museo de Filadelfia (EE.UU.), y que se puede ver en la torre del campanario de la iglesia de Tamarite. Aquí mismo está la tabla de Santo Domingo de Guzmán, otro ejemplo de patrimonio religioso emigrado que forma parte de los fondos del Museo Nacional de Arte de Cataluña.

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