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Huesca

Un estudio confirma la masificación de las cumbres del Pirineo con casi 500  montañeros algunos días de verano

La investigación recoge por primera vez datos de contadores en los picos más altos. Más de 18.000 personas subieron a Monte Perdido de junio a septiembre, el doble que al Aneto. 

Montañeros en la cima de Monte Perdido el sábado 1 de agosto, primer fin de semana del mes vacacional por excelencia.
Montañeros en la cima de Monte Perdido el sábado 1 de agosto, primer fin de semana del mes vacacional por excelencia.
Víctor Dorado

Los tresmiles del Pirineo atraen cada año a más montañeros. La imagen de las colas en la antecima del Aneto, en el paso de Mahoma, reflejan cada verano el creciente afán por ascender a las cumbres más altas y mantiene abierto un debate sobre la masificación y su posible impacto en parajes tan singulares. Ahora un estudio ha puesto cifras a esta realidad.

Curiosamente, el coloso de la cordillera, con sus 3.404 metros, no es el más frecuentado. Los datos de visitantes lo sitúan por detrás de Monte Perdido, el tercero en altitud (3.355). Entre junio y septiembre, 18.356 personas ascendieron al techo del Parque Nacional de Ordesa. Agosto fue el mes con más afluencia (7.032), seguido de septiembre (5.171), julio (4.416) y junio (1.737).

Sin embargo, fueron dos días de septiembre los que registraron la mayor aglomeración: el sábado día 5 pasaron por allí 477 montañeros; y el 12 (puente de la Diada en Cataluña), 475. En agosto hubo 10 jornadas que superaron las 300 personas. Y ello, a pesar de que el pasado verano no funcionó el autobús que desde Nerín acerca a los excursionistas a la ruta acortando el recorrido.

Las cifras figuran en el estudio ‘Cimas emblemáticas de España: cambios de usos, masificación y gestión sostenible’, que por primera vez cuantifica las ascensiones mediante la instalación contadores en los acceso. El autor es Víctor Dorado, del Giseafe (Grupo de Investigación Social y Educativa de la Actividad Física y del Deporte), que está realizando una tesis doctoral en el INEF de Lérida sobre la frecuentación de los picos de España. En Aragón el estudio se centra en Monte Perdido y el Aneto; en Cataluña, en Pedraforca (2.506) y Pica d’Estats (3.142); y en Andalucía, en el Mulhacén (3.479).

"Para ser un tresmil es un movimiento elevado de personas, sin duda", afirma el investigador refiriéndose a la cumbre del Parque Nacional. El contador está colocado por encima del refugio de Góriz, a 2.500 m, por donde pasan los excursionistas que se dirigen a Monte Perdido.

Los montañeros eligen sobre todo el fin de semana para realizar la ascensión, pero también se concentran de miércoles a viernes para evitar las aglomeraciones de sábados y domingos. En todo caso, "el factor decisivo es el tiempo. Influye mucho el pronóstico meteorológico al tratarse de alta montaña", precisa Víctor Dorado.

Monte Perdido duplica los registros del Aneto, donde se midieron dos meses, julio, con 2.166 visitantes; y agosto, con 3.913. El récord se dio el 20 de agosto, con 268, y el segundo registro más alto se contabilizó al día siguiente, 250. Esta ascensión es más exigente y más técnica, sobre todo por el paso por el glaciar, mientras que la otra, cuando no hay nieve, resulta más accesible.

El tercer tresmil del Pirineo supera también a la Pica d’Estats, una cumbre emblemática en Cataluña, a la que ascendieron en agostó 3.118 personas, menos de la mitad que a Monte Perdido. Incluso en el puente de la Diada tuvo una menor afluencia, con un máximo de 413 en un día. Precisamente la masificación en la cima catalana del Parque Natural del Alto Pirineo durante esas fechas provocó que la Generalitat ordenara un estudio sobre la capacidad de carga y la posible regulación. Por su parte, el Gobierno de Aragón ya descartó entonces una posible limitación de los accesos en sus picos, medida de la que tampoco son partidarios los montañeros aragoneses.

Es difícil saber cómo ha podido influir la pandemia "porque no existen registros históricos para contrastar", precisa Víctor Dorado, quien cree, no obstante, que pesaron las ganas de disfrutar de la naturaleza tras meses de limitación de movimientos. "En algunos parques naturales, los visitantes se han duplicado e incluso triplicado", comenta. A su juicio, "hay que ver la capacidad de carga que tiene cada sitio para saber hasta qué punto esa frecuentación es excesivas". Monte Perdido está entre las más visitadas de su estudio, pero recuerda que se encuentra en un Parque Nacional ya con un aforo limitado.

También hizo una encuesta sobre el comportamiento de los excursionistas. Cree que la información sobre qué se puede hacer y qué no, no acaba de llegar y explica en parte que haya gente bañándose en los ibones o pernoctando en sitios prohibidos.

"Son cifras muy elevadas"

Sobre los datos de Monte perdido, la directora del Parque Nacional considera que "son cifras muy elevadas". "No hay registros anteriores para comparar y por eso vamos a continuar con los contadores, para ver la evolución", señala Elena Villagrasa, insistiendo en que en el valle de Ordesa ya existe una regulación.

La afluencia a Monte Perdido contrasta con otros datos de visitas al Parque, donde este verano se vendieron un 20% menos de tiques de autobús. "Ha sido un año raro", dice la directora. Cree que puede deberse a que la gente evitaba el transporte público por la pandemia, para hacer andando el trayecto a la Pradera, ya que tampoco entraba en los centros de visitantes.

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