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El glaciar de Monte Perdido vive otro año catastrófico con 1,5 metros menos de hielo

Desde que se inició la campaña de monitorización en el año 2011, ha perdido 7,2 metros de espesor.

El cambio climático dio una tregua el año pasado al glaciar de Monte Perdido, pero solo fue un espejismo. La última campaña de medición, llevada a cabo a principios de octubre, ha constatado un nuevo retroceso. Esta vez la pérdida ha sido de 1,56 metros de espesor, pero si se suma a la acumulada desde que se inició el programa de monitorización en 2011, resulta que la capa de hielo se ha reducido en 7,2 m, una altura superior a dos plantas de un edificio de viviendas.

Los datos los ha dado a conocer el investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) Juan Ignacio López Moreno, que ha participado estos días en Jaca, junto a un centenar de científicos, en el III Coloquio Internacional sobre Cambio Climático en Zonas de Montaña.

Las olas de calor y la menor innivación afectaron negativamente a la masa helada. En todo caso el 2018-2019 no fue el peor año desde que se hace la medición de este glaciar, cuyo espesor máximo es 50 metros, con amplias zonas de entre 15 y 30. Hubo tres anualidades con balances todavía más negativos (el peor, en el 2016-2017, -2,3 m), y ganó en dos periodos en los que sumó en un caso 0,40 m y en otro 0,87 m.

Monte Perdido es el que mejor refleja el retroceso del hielo en la cordillera pirenaica, al ser el más controlado, gracias a las campañas anuales realizadas por el IPE aplicando técnicas de escáner con láser. Con este organismo colaboran la Escuela Politécnica de Huesca e investigadores del País Vasco y Valladolid. Este año la expedición subió al glaciar los días 7 y 8 de octubre y se sumó a ella el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa para el estudio de virus y bacterias en lugares de clima extremo como este.

Los científicos comprobaron que si el promedio de pérdida es de 7 metros, en el lado derecho hay sitios donde la merma asciende a 20. En cuanto a la superficie, se mide cada 3 o 4 años. La última vez, en 2016, tenía 37,8 hectáreas, diez menos que en 1981.

El gráfico muestra los metros perdidos desde 2011.
El gráfico muestra los metros perdidos desde 2011.
IPE

"Este año el retroceso era evidente, porque incluso hemos visto pequeños charcos en el frente con hielo detrás, y eso significa que el año pasado había hielo allí", señala López Moreno, para quien "ha sido un año malo, sin ser el peor". La parte derecha, aclara, se está deteriorando "muy rápidamente", y en algunas zonas el descenso de la altura en doce meses es de 5 metros. "La tendencia es hacia la desaparición del sector derecho y a que se quede reducido al izquierdo".

Él valora la pérdida patrimonial, "porque los glaciares forman parte del paisaje de los Pirineos", pero también la científica, porque con él desaparecerá un archivo ambiental que permite reconstruir el clima en el pasado o analizar bacterias o virus presentes en el hielo. "Se perderá esa información, por eso estamos intentando estudiar ahora lo máximo posible". También es importante, añade, su papel de indicador del cambio climático, el mejor testigo del aumento de las temperaturas en el Pirineo. 

De la evidencia científica a la acción

Por otra parte, una de las conclusiones del III Coloquio Internacional celebrado en Jaca es que hay que pasar de la búsqueda de la evidencia científica, que ya está clara respecto al cambio climático, a la acción, y adaptarse a un nuevo tiempo. Los científicos también han  dejado clara la necesidad de que los territorios de montaña europeos se unan para hacer ver a los órganos políticos la especificidad de estas zonas a la hora de destinar fondos de inversión. A la clausura asistió la directora general de Cambio Climático, Marta de Santos.

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