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El alcalde de Huesca impulsará una fundación para la mejora del entorno de la catedral

Luis Felipe apuesta por una colaboración entre instituciones, obispado y entidades financieras.

Aspecto del entorno de la catedral de Huesca desde la calle Forment
Aspecto del entorno de la catedral de Huesca desde la calle Forment
Pablo Segura

El PSOE y el PP llevaban en su programa electoral municipal la mejora del entorno de la catedral de Huesca, una zona degradada en la que no se actúa de forma efectiva desde hace cinco años. Este espacio, situado en su mayor parte junto a la calle Forment, atesora un rico patrimonio arqueológico e histórico según revela la documentación existente y las excavaciones llevadas a cabo.

El alcalde, el socialista Luis Felipe, se ha comprometido a impulsar la constitución de una fundación que tenga capacidad para la rehabilitación del entorno de la catedral en la que estén presentadas tanto las administraciones públicas, con el Ayuntamiento, la Diputación Provincial de Huesca y el Gobierno de Aragón y la propiedad, que es el obispado", apunta. "Se trata de un patrimonio que hay que recuperar y mantener y solo encuentro válida esa fórmula", ha dicho.

En su opinión, ya se ha superado el tiempo en que las actuaciones en el monumento se llevaban a cabo con talleres de empleo o escuelas taller. "Hoy, eso no es posible porque hay que ir a una figura de compromiso interinstitucional, donde tengan también cabida las entidades financieras", ha señalado el alcalde. "De esta forma, garantizaríamos que la dotación de recursos económicos iba a ser suficiente para resolver esta cuestión tan importante", ha añadido.

El responsable de Patrimonio de la Diócesis de Huesca, José María Nasarre, ha respaldado la puesta en marcha de una fundación porque "el obispado no puede acometer la rehabilitación de este entorno". "Lo ideal es un trabajo interinstitucional e interdepartamental", ha precisado.

Según ha comentado Nasarre, la colaboración del obispado en este proyecto pasaría por poner el espacio mejorado a disposición de la ciudad. Esta cesión de uso se hizo ya en 2014, cuando a través del taller de empleo ‘Huesca Monumental’ se llevaron a cabo algunos trabajos en este lateral de la catedral, donde está la Parroquieta que forma parte del Museo Diocesano.

Durante varios meses, 18 personas trabajaron para limpiar de hierbas y nivelar el terreno. También se realizaron excavaciones, que desvelaron importantes hallazgos y algunos materiales que se reservaron con la idea de utilizarlos en lo que iba a ser un jardín arqueológico, con un paseo paralelo a la calle Forment.

Ahí continúan. En todos estos años no ha vuelto a entrarse en este espacio. El convenio por el cual el obispado cedía esta zona por 25 años para que se convirtiera en un jardín público quedó sin efecto. "Nosotros retiramos escombros y limpiamos la maleza para mantenerlo en las mejores condiciones, pero no se sabe cuánto tiempo va a permanecer así este entorno", comenta José María Nasarre.

En la acrópolis

El responsable de Patrimonio de la Diócesis apunta que no sería necesario rehabilitar todo lo que se encontrase a la hora de excavar aquí. "Sería cuestión de recuperar lo que tuviera más entidad, dejarlo visible y adaptarlo y aquello que no, para hacer la lectura y el estudio", ha explicado.

La catedral de Huesca empezó a construirse en 1274, sobre lo que fue la acrópolis. En este promontorio hubo un templo romano, una iglesia visigoda y una mezquita. A su alrededor y a lo largo de los siglos, se levantaron dependencias episcopales y capitulares; caballerizas, prensas para vino y aceite, un cementerio y una sala de limosnas. Estos elementos se fueron eliminando, sin dejar constancia de su ubicación, como lamenta el historiador Antonio Naval en su libro ‘Palacio viejo de los obispos de Huesca’.

No obstante, todavía quedan vestigios suficientes para poder determinar cómo era pequeña ciudad dentro de la Huesca medieval. Se da además la circunstancia de que esta catedral es una de las pocas de España que conserva estos espacio y restos, que no han sido engullidos por la trama urbana. Asimismo, "no hay problemas de multipropiedad", como señala Nasarre.

Todo parece, pues, favorable al desarrollo de ese demandado acondicionamiento. Pero las necesidades no urgen solo en el entorno catedralicio sino que se hallan también en el propio monumento. No se trata ya de la redacción de un plan director, del que carece, sino de actuar en los pináculos que dan a la calle Palacio. Hace cinco años que se colocó aquí una red para frenar la caída de cascotes.

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