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Huesca

La Fiesta estalla en Benabarre

Este viernes se vive el día grande de las fiestas dedicadas a san Medardo.

Benabarre vive este viernes el día grande de su populares y concurridas fiestas dedicadas a san Medardo. Después de varios días de actividades prefestivas y con los aperitivos de la animada celebración de la Fira el pasado fin de semana y de la emotiva lectura el jueves del pregón, que corrió a cargo de los integrantes del grupo de teatro joven de la biblioteca municipal, estos festejos arrancaron definitivamente este jueves.

Lo hicieron con el que es, por lo íntimo, el momento más querido de todo el programa festivo para muchos benabarrenses; el acto del fin de la novena a San Medardo que tiene lugar junto a su ermita con la procesión de la imagen del santo patrón portada en andas y los fieles cantando sus gozos –que es acompañada en los últimos años por las evoluciones de los danzantes más jóvenes recuperando así una tradición secular-, la posterior misa junto a los caños de la fuente sagrada, la asamblea de la cofradía y la merienda para todos los asistentes.

Y este año no ha sido una excepción. Las nubes omnipresentes en los últimos días se abrieron conforme avanzaba la mañana, permitiendo que la celebración se desarrollase sin incidentes y que los numerosos asistentes vivieran, muy emocionados, esta cita con un alto valor simbólico para los hijos de la villa.

Las fiestas viven este viernes su día grande con la conmemoración de la festividad de San Medardo y la intensa vivencia de actos como la procesión en honor al santo por las calles de Benabarre acompañada por danzantes de palitrocs, gaiteros de Caserras y el Amo y el Pastor de la posterior Pastorada, la misa “Te Deum Laudamus” cantada por el coro de la parroquia, la actuación de los danzantes en el Ball dels Palitrocs, las recitaciones de los “versets” al santo de los más pequeños o la recitación de la tradicional Pastorada, la representación de un particular análisis de la vida municipal en los últimos doce meses en un diálogo entre un pastor y su amo, en lo que son siempre los momentos más vibrantes de estos festejos preservados a lo largo de los siglos por los hijos de Benabarre. "Es imposible destacar alguno de estos actos porque todos son importantes y complementarios en el desarrollo de la fiesta", comenta el alcalde, Alfredo Sancho recordando que suponen el armazón fundamental de los festejos como refrendo de una tradición más que secular fielmente preservada. "Con los actos de la Novena, aunque éstos de carácter mucho más íntimo, son las propuestas más multitudinarias y sentidas por los benabarrenses y la base sobre la que se estructura el resto del programa festivo", confirma el edil.

El hecho de que el día grande caiga en sábado va a garantizar que la habitualmente numerosa concurrencia se multiplique ya que, como recuerda el alcalde, no sólo estarán presentes muchos de los jóvenes estudiantes que de otra tendrían imposible su presencia sino también gran cantidad de hijos de la villa que aprovecharán el fin de semana para vivir intensamente la fiesta "además de gentes de todo el entorno que compartirán con nosotros estas jornadas festivas". Algo que se traducirá, por ejemplo, en la participación en el ball dels palitrocs donde ya han confirmado su asistencia un mínimo de 140 danzantes.

Las sesiones de baile de tarde, noche y madrugada, "con buenas orquestas, porque son las fiestas mayores y porque la gente así lo demanda", las “marxetas” de la gente joven por las calles de la localidad que llegaron hace nueve años para quedarse de pleno derecho en el programa de las fiestas, los juegos para los más pequeños o la cena popular no pueden faltar durante este intenso fin de semana que tendrá un último capítulo el domingo, jornada en la que se vivirá otro de los grandes momentos de la programación festiva con esa “baixada dels carricotxes” que, tras treinta y ocho años, se ha convertido en una de las señas de identidad más característica de los festejos.

Una “baixada” en la que los jóvenes y no tan jóvenes de la localidad dejan volar su imaginación para fabricar unos delirante cacharros con los que afrontar el recorrido desde lo alto del Coll que domina el caserío urbano hasta la Plaza Mayor en medio de un indescriptible jolgorio.

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