Huesca

un mes con anomalías térmicas

Sin camiseta a 2.200 metros en un febrero loco

El mes que se despide ha pulverizado los termómetros y ha arrastrado la nieve en la alta montaña.

Terraza del refugio de Góriz esta semana
Joan María Vendrell

“En febrero, un día al sol y otro al brasero”.”Febrero loco y marzo otro poco". El refranero popular ya avisa de la inestabilidad de un mes que es raro en el calendario hasta por el número de días. El de 2019 será recordado por haber marcado registros históricos de temperaturas máximas, como los 25,3 grados en Zaragoza y los 23, 4 en Huesca el miércoles, y por haber dejado imágenes tan singulares como la de los montañeros en camiseta (e incluso sin ella, como se observa en la imagen) y pantalón corto en altitudes por encima de los 2.200 metros. Y es que además de las anomalías en los termómetros que ha vivido todo el país, la inversión térmica ha provocado que subieran más en la montaña que en el llano.

Esta fotografía se ha repetido en los últimos días en refugios de montaña como el de Góriz, donde los guardas no recuerdan días con 15,2 grados de máxima como los registrados el miércoles. “Es algo inédito”, comenta Joan María Vendrell, que lleva 15 años trabajando aquí, a 2.200 metros de altitud. “Hoy hemos visto las primeras nubes, pero son nubes altas que no traen lluvia”, señala, indicando que desde el día 3 hasta el 28 no ha habido nuevas nevadas. “Parece mayo más que febrero”.

Las horas de insolación y el calor se han llevado buena parte de la nieve caída a finales de enero. No solo febrero es inusual. El calificativo se puede extender a todo el invierno, por lo menos en cuanto a nevadas. “Hemos estado todo diciembre y la mitad de enero sin precipitaciones, y ahora tres semanas en febrero. La nieve que queda aquí es la que cayó el 15 de enero”, explica el guarda. De los 110 cm medidos tras la última nevada, se ha pasado a 35 cm.

Estas condiciones meteorológicas han animado a los montañeros. Han tenido más clientes de los habituales en esta época del año, cuando pocos se aventuran a subir a estas altitudes por las duras exigencias de la montaña invernal. En la terraza, los clientes van en pantalón corto y camiseta. Alguno incluso se la quita, porque el sol pica y con la nieve “parece que estés a 20 grados”, cuenta Joan María Vendrell.

Los pronósticos indican que las precipitaciones vuelven la próxima semana y con ellas regresa el invierno. De momento, se podrá disfrutar de buen tiempo hasta el domingo. El riesgo de aludes, una de las grandes preocupaciones de la montaña invernal es muy limitado. Eso sí, no hay que bajar la guardia y sigue siendo necesario el uso de crampones y piolet. “De la pradera de Ordesa a Góriz está blanco y el Perdido siempre tiene su compromiso. No deja segundas oportunidades cuando hay un error”, advierte el guarda en alusión a la cima de Monte Pérdido, un objetivo para la mayoría de usuarios de este refugio.

El loco febrero se observa también en otras zonas de alta montaña. En el refugio de Pineta, la nota más destacada por la Agencia Estatal de Meteorología es la amplitud térmica, de hasta 24 grados. Los termómetros aquí han oscilado entre los 18 positivos y los 6 negativos.

“Estamos flipando”, señala de forma gráfica Igor Illarramendi, trabajador del refugio de Cap de Llauset, el más alto del Pirineo aragonés a 2.425 metros, que no ha visto “nada igual” en los 12 años que lleva trabajando en albergues de alta montaña en invierno. “En 14 días no ha aparecido ni una nube. Hay temperaturas muy altas y sol. Se agradece, pero no lo veo normal”, señala. Lo habitual este mes es que los guardas estén prácticamente solos, que apenas se acerquen montañeros al refugio, pero para el sábado tienen 30 plazas ocupadas. Eso sí, febrero se lleva con él buena parte de la nieve acumulada. “Hemos pasado de medir 1,80 m a 1,10. El manto se ha reducido cada día 3 o 4 cm”.

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