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Huesca

"Vamos al colegio de Aineto en trineo"

El temporal de nieve dejó este lunes incomunicados a los vecinos de este pueblo repoblado del valle del Guarga. La maestra llegó una hora más tarde (y a pie) al colegio, pero los alumnos de varios municipios aledaños se quedaron sin ruta escolar y sin clase.

El temporal de nieve que afecta a Aragón ha dejado bonitas estampas de nieve en buena parte de la Comunidad, pero también está causando afecciones importantes en las carreteras que conectan pequeñas localidades aisladas del Pirineo, como sucede en Aineto, en pleno valle del Guarga.

"Ahora mismo estamos medio incomunicados y, además, sin luz. Están los cables con hielo que se queda pegado a la nieve y desde Endesa nos comunican que están trabajando por restablecerla, pero no sabemos si va para largo", contaba este lunes al mediodía el entomólogo aragonés Enrique Murria, vecino de la localidad. Su hija Ara, de 8 años, es una de los siete alumnos que asisten al colegio de Aineto, al que este lunes -debido a la cancelación por el temporal de varias rutas escolares en la provincia- tan solo pudieron llegar los tres niños que viven en el pueblo. "A mi hija la llevo en trineo al colegio; lo tenemos aquí preparado y ella va con sus guantes y las botas... Nos cuesta un minuto llegar, y si corremos un poco con el trineo menos", cuenta entre risas este padre.

Así nevaba en Aineto, Huesca, durante la mañana de este lunes

No tienen la misma suerte los vecinos y escolares que se desplazan a diario desde pueblos aledaños como Artosilla y Solanilla, cuyas rutas escolares quedaron suspendidas por el temporal. Tampoco Silvia, la maestra, lo tuvo fácil para llegar a la escuela ni para abandonar siquiera el pueblo de Aineto, donde de hecho ha tenido que pasar la noche arropada por la solidaridad de los vecinos. "Hoy hemos llegado al colegio a las 10.15 y abríamos a las 9.30. La carretera de la Guarguera estaba sin limpiar a las 8.20, y eso que he venido más tarde con la intención de que hubiese pasado la quitanieves. Aun con todo, he hecho los 17 kilómetros hasta el desvío de Aineto y al llegar allí, que es una pista forestal asfaltada, he inetntado subir con las ruedas de nieve pero el coche no ha podido. He tenido que dejarlo abajo y subir los 3 kilómetros de pista andando y nevando", explicaba este lunes la maestra, que se desplaza cada día hasta Aineto con su vehículo propio desde Huesca.

Una escuela con siete alumnos de seis edades distintas

La de Aineto -confiesa- es una escuela especial, porque en ella dan clase siete niños de seis edades distintas: uno de tres, otro de cuatro, uno de cinco, dos de primero de Primaria, Ara -la hija de Enrique, que está en tercero-, y una niña de cuarto. "Hoy hemos dado clase con tres que son de Aineto y como se nos ha ido la luz no hemos podido encender el ordenador ni hacer fotocopias", contaba este lunes la maestra.

A pesar de las dificultades que entraña ocupar una plaza como esta, donde además de dar clase toca asumir funciones de dirección, secretaría y mucho papeleo, esta profesora oscense subraya que está "muy a gusto" en el pueblo, su "destino definitivo" desde que comenzó el curso en septiembre con plaza fija en Aineto. "A mí me apasiona la montaña y aunque sea un riesgo, me gusta poder disfrutar de la nieve en una escuela tan pequeña, de la cercanía con los niños; es una educación muy individualizada porque llegas a todos, los conoces a ellos, a las familias, que en especial aquí son muy amables y acogedoras… Yo ya quería venir a un pueblo que fuese de montaña, pero no conocía la historia de este, y la verdad que me ha sorprendido para bien", confiesa.

Al tratarse de un pueblo repoblado, que cuenta solamente con un albergue para grupos, los propios vecinos le dan cobijo y le instan a olvidarse de las estufas que lleva en el coche y las mantas para quedarse en sus casas hasta que el temporal amaine. "El no poder subir con el coche es la primera vez que me pasa desde que llegué. Con la primera nevada que hubo en diciembre se pudo, pero hoy la he hecho andando porque el coche no quería subir; se me ha atascado, me ha patinado y lo he dejado ahí. Ya he hablado con algún vecino para que al menos me ayude a sacarlo de la carretera...", comenta todavía apurada.

El arreglo de La Guarguera, la esperanza de esta primavera

La esperanza de todos los vecinos de esta zona pirenaica llegará esta primavera, cuando comiencen los trabajos para arreglar la vieja carretera de La Guarguera. "A base de dar la paliza, nos han dado presupuesto y lo han movido. Las obras hacen falta porque si no -con 50 años sin un arreglo- cada día esta peor y empieza a ser peligrosa, sobre todo cuando nieva", destaca Murria, quien subraya que hacía tiempo que no nevaba así en la zona.

"Está cayendo nieve a lo bestia y está cargando árboles, cables y demás, que alguna rama tronchará y cortará la pista de tanto peso. Al final tendremos que salir con las motosierras a despejar porque se suelen quedar ramas y árboles atravesados en la carretera", lamenta.

La de estos días asegura que es una de las nevadas más gordas que han caído en La Guarguera, donde suele nevar así entre abril y marzo, al final del invierno y comienzo de la primavera (cuando viene más humedad), pero este año se ha adelantado. "Esta noche ha habido algún vecino que ha podido salir porque llevaba ruedas de nieve y todavía no estaba muy helada, pero luego ha habido gente que ha tenido dificultades. Hasta hace media hora (las 11.30 de este lunes) no ha subido la quitanieves, pero aquí el problema es que sigue cayendo y dentro de un par de horas vuelve a estar igual", añade.

La cara amable de esta historia la ponen las sonrisas de los niños del pueblo que aprovechan para sacar los trineos, jugar con la nieve o hacer iglús "como los de los esquimales" en los descansos y a la hora del recreo. "Si llega al cole la maestra están allí dando clase, pero si no en vez de ir a los columpios se quedan en casa. Yo tengo la suerte de que trabajo aquí y me puedo ocupar de ella, pero si no nos vamos organizando entre los vecinos para que se queden con nosotros hasta que vengan sus padres a recogerlos. Para el monte esto va a venir de maravilla, estábamos con sequía hasta hace un mes e incluso los bomberos han tenido que subir varias veces a abastecernos porque estaba el río seco. Esto da problemas, pero es una bendición para el monte y los campos, y sobre todo, que lo disfrutan mucho los críos", concluye Murria mientras se prepara de nuevo para sacar el trineo y llevar a su pequeña al colegio.

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