Huesca

Gastronomía

Panadería Lanave, tres décadas haciendo las delicias de quienes pasan por la N-330

El horno tradicional, ubicado en un pueblo de tan solo dos habitantes y tres casas, ha logrado poner en el mapa el rincón oscense.

Miguel Ángel Andreu y Yolanda Alonso, en la panadería Lanave.
Miguel Ángel Andreu y Yolanda Alonso, en la panadería Lanave.
Heraldo

Ubicada en la nacional N-330, en medio de la nada y como si de un oasis se tratara, se ubica esta localidad española perteneciente al municipio de Sabiñánigo, en el Alto Gállego, provincia de Huesca. ¿Su peculiaridad? Lanave tan solo cuenta, según el censo de 2016, con dos habitantes y tres edificaciones. Pero el ir y venir de gente es constante gracias a su conocida panadería tradicional, parada obligatoria para quienes viajan al Pirineo o realizan esa ruta desprovista de lugares en los que hacer un alto en el camino.

Son varios los fines de semana en los que incluso se genera una fila de gente a la espera de comprar una barra de pan o una torta de manzana, dos de sus productos estrella. El establecimiento abrió sus puertas en 1987 de la mano de Miguel Ángel Andreu, vecino de Hostal de Ipiés. “Él trabajaba repartiendo pan por Sabiñánigo hasta que un cliente le dijo que su producto era muy bueno y que debería de montarse un local”, rememora Yolanda Alonso, su mujer.

En 1987 darían con el emplazamiento actual ubicado en Lanave, un antiguo pajar en medio de la carretera. “El primer año trabajaban sin descanso, día y noche, desde el viernes por la mañana hasta el sábado por la tarde. Comenzó a haber tanto volumen de trabajo que pronto tuvieron que ampliar la instalación y construir otro horno”, asegura.

En la actualidad, el horno de Lanave da trabajo a seis personas. Una de ellas es Alonso que, asegura, tiene que hacer un poco de todo. “Unos días estás en el mostrador, otros embolsando magdalenas y otros atendiendo a proveedores”, explica. “Esta semana, por ejemplo, fuimos a comprar queso a Saravillo”, añade.

Aunque no poseen página web ni redes sociales, asegura que su mejor publicidad ha sido el boca - oído. Entre sus productos más vendidos se encuentran las tortas de miel, las mini trenzas de Huesca y los dobladillos o las empanadas de ángel; aunque sin duda, “lo más vendido sigue siendo el pan, la torta de manzana y nuestros empanadicos”. “A la semana podemos vender unas 300 docenas de magdalenas y 400 kilos de pan en un fin de semana normal”, explica Alonso.

En los últimos años, los productos más tradicionales han ido dando paso a otros más actuales como las pizzas variadas o los 'preñaos' de longaniza de Graus. “Sobre todo hemos añadido cosas saladas y eso se ha notado. Hay momentos del día en los que la gente no quiere tomar dulce”, explica.

También han notado los cambios en cuanto a los gustos de los consumidores o la aparición de nuevas realidades, a las que han intentado adaptarse. “Ahora se come menos pan que hace 30 años. Gastábamos 5.000 kilos de harina al mes, ahora es lo que usamos cada 6 meses. También hay mucha demanda de plan de espelta ecológico y pan integral”, afirma.

En cuanto al perfil del cliente de la panadería de Lanave, asegura que se trata de un público familiar y muy cercano. “Viene mucho hombre de entre 40 o 50 años de la zona que suele ser el cliente fiel que viene cada semana, también gente joven que viene por la mañana a almorzar”, explica Alonso. El otro gran grupo está formado por la gran cantidad de turistas y viajeros que pasa por esa vía de subida hacia el Pirineo o de regreso a Zaragoza. “En realidad tenemos más clientes de fuera que locales”, asevera.

Un futuro incierto

A pesar de tener una gran cantidad de trabajo, Alonso cree que esto podría cambiar en los próximos cinco años, dependiendo de lo que ocurra con las obras que se llevan a cabo en la actualidad en la autovía A-23 en el tramo que discurre entre los municipios oscenses de Caldearenas y Lanave.

“Con la nueva apertura de la autovía, los coches que van en dirección a Zaragoza ya no pueden parar, y eso lo hemos notado bastante aunque la subida se mantiene”, explica. “Sabemos que vamos a perder muchos clientes pero de momento solo podemos esperar a ver qué pasa. Lo que es seguro es que si nos separan de la carretera dejaremos de trabajar porque vivimos de ello”, concluye.

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