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Huesca

El despertar de la ruta transpirenaica

El interés por el GR-11 crece entre los senderistas, pero también en las instituciones implicadas.

Un grupo en el GR11
Un grupo en el GR11
Laura Zamboraín

Cruzar los Pirineos de punta a punta, de cabo a cabo (del de Higuer, en Guipúzcoa, al de Creus, en Gerona) no es una empresa menor ni está al alcance de todos los públicos. Atravesar a pie el terreno más abrupto de la Península durante los alrededor de 800 kilómetros que recorre el GR-11, conocido como ruta transpirenaica, es una machada que requiere preparación física y cierto conocimiento del medio... y que pese a ello está ganando relevancia entre deportistas e instituciones.

Quienes toman año a año el pulso a la gran ruta que asciende y desciende por toda la cordillera son los dos responsables de travesiapirenaica.com, la web de referencia en relación con este gran recorrido. Uno de sus promotores, Eduardo Azcona, explica el despertar de una ruta hasta hace poco minoritaria que encara su particular auge: “Lleva camino de convertirse en un producto turístico estrella. Cada año tenemos un 25% más de visitas en el portal y eso ya es indicativo de un creciente interés y, aunque no hay cifras oficiales, los usos de los refugios y de los servicios disponibles en los distintos pueblos y valles nos dan una idea clara”.

La propia National Geographic incluyó hace poco el sendero en una lista de los ocho más atractivos del mundo. Puede empezarse desde el Mediterráneo o desde el Cantábrico y lo habitual es dividir en tramos las 44 etapas que, en principio, requiere. “Aunque cada uno puede partirla en cuantos días quiera, en función de su preparación y ganas”, matiza Azcona, quien define la transpirenaica como “un Camino de Santiago notablemente más duro, con más desniveles y en los que puedes enfrentarte a momentos muy largos de soledad, cuando en la ruta jacobea es habitual compartirla con otras personas”.

Buena parte del trazado discurre por suelo aragonés. La DGA destinó partidas el pasado año para plasmar mejoras en varios tramos y proyecta nuevas iniciativas en colaboración con otros territorios. El Ejecutivo autonómico no es la única institución interesada en su potenciación y el Gobierno navarro, una de las cuatro autonomías (junto a Andorra) marcadas con la señal roja y blanca, acudió a la pasada edición de Fitur con el GR-11 como destacado dentro de su apuesta de turismo de senderos naturales.

La portavoz de la Federación Aragonesa de Montañismo, Carmen Maldonado, subrayó en una reciente conferencia en Luchon (Francia) la importancia de travesías como la transpirenaica para la red de refugios de la Comunidad. Unas instalaciones que, en su conjunto, batieron durante 2015 el número de usos con un total de 85.919 pernoctaciones. Según los datos de la consejería de Vertebración del Territorio “se calcula un total de 1,5 millones de senderistas al año que visitan Aragón, se realizan un total de 4.000.000 de usos de los senderos turísticos y cuyo gasto medio por persona es de 58,73 euros por visita”, cifras a tener en cuenta.

Hielo hasta julio

Sus 800 kilómetros suponen un cansancio acumulado que se paga conforme avanzan las fechas, por eso se procura reducir al máximo el peso de la mochila. Y las fechas más propicias van de junio a septiembre, aunque es necesario extremar la precaución durante todo el año. “Hasta el mes de julio es posible encontrarse con hielo en, por ejemplo, el collado de Tebarray, por eso hasta entonces es recomendable llevar encima material específico (piolet y crampones) y saber usarlo”, indica Azcona. Lo cual no quita para que desde Semana Santa haya gente que se lance a la aventura. “E incluso u grupo de militares lo recorrieran hace años en invierno”.

Lo habitual es acometer el GR11 pernoctando en albergues, pero también hay quien decide tirar de tienda de campaña, ya sea por libre donde es legal o haciendo noche en cámpines. Aunque se trata con probabilidad de una de las rutas más duras de España, “cualquier aficionado al montañismo debería ser capaz de completarla, claro, que son pocos los que se animan a hacerla del tirón, y menos los que tienen tiempo libre para planteárselo...”, concluye Azcona.

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