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¿Puede una tirolina cambiar la vida de un municipio?

Los 68 vecinos de Hoz de Jaca viven su verano de más visitantes: los bares no dan abasto y otras empresas se interesan por la zona.

Fran Ramírez a punto de tirarse en la tirlolina de Hoz de Jaca.
Fran Ramírez a punto de tirarse en la tirolina de Hoz de Jaca.
Errado de Aragón

Catorce puestos de trabajo nuevos y 300 visitantes extra al día son cifras más que significativas para un municipio de montaña de apenas 68 habitantes y solo dos bares. En el mes y medio que lleva en funcionamiento la tirolina del valle de Tena, la más larga de Europa, Hoz de Jaca ha renacido y su alcaldesa Esperanza López asegura que la vida en esta pintoresca población ubicada sobre el embalse de Búbal "ha cambiado por completo".

Para empezar, el flujo de personas es constante. Durante los meses de verano la tirolina admite un cupo de reservas de ocho personas cada cuarto de hora y de forma ininterrumpida entre las 10.00 y las 21.00. José Luis Salicio, gerente de la empresa que gestiona la atracción, informa de que durante estas semanas se han rozado los 340 saltos diarios. 340 saltos son 340 personas (más acompañantes) que llegan al pueblo, pasean por sus calles, se toman un café y aprovechan el día para conocer otras zonas del valle de Tena y de la comarca del Alto Gállego.

Los encargados de los bares del municipio confirman el lleno y admiten con satisfacción que casi no dan abasto para atender a tanto visitante. En mes y medio han pasado por allí belgas, franceses, británicos y algún grupo de asiáticos, además de turistas nacionales de todo tipo. El rumor ha llegado a otros empresarios y emprendedores de la zona y la perspectiva de que la tirolina vaya a permanecer abierta todo el año ha hecho que la alcaldesa no pare de recibir llamadas de personas interesadas en montar nuevos negocios en el pueblo: desde tiendas hasta empresas de BTT y otras actividades relacionadas con el turismo activo y naturaleza. Los locales no abundan por la zona y los precios no son precisamente baratos así que los interesados fijan su atención en antiguas cuadras en manos de particulares que podrían acondicionarse.

Pese a su proximidad a las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa, el impacto del turismo de la nieve sobre Hoz de Jaca no ha sido tan potente como en otras localidades del valle, así que la alcaldía confía en que el tirón de la tirolina sirva para atraer otros negocios que, como este, no dependan exclusivamente de la nieve. "Lo importante es que se empiece a considerar el pueblo un destino turístico y que pueda desarrollarse", expone esperanzada la alcaldesa.

La edil es consciente de que la transformación no puede suceder de la noche a la mañana pero los vecinos están viendo este verano los primeros brotes verdes. Brotes que podrían permitir al municipio cumplir a corto plazo uno de sus objetivos: instalar un punto de información turística desde el que promocionar los senderos recuperados en el último año a través del proyecto municipal 'Apadrina tu sendero'.

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