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La Interpol de los Pirineos

El Centro de Cooperación Policial y Aduanera de Canfranc tramita cada año 6.000 consultas con información de interés para Francia y España. Operativo 24 horas, allí trabajan juntos agentes de seis servicios de los dos países.

Miguel Ramos (Guardia Civil), Michel Yébenes (Gendarmería) y Francisco Javier Briz (Policía Nacional).
Miguel Ramos (Guardia Civil), Michel Yébenes (Gendarmería) y Francisco Javier Briz (Policía Nacional).
Rafael Gobantes

Una docena de agentes trabajan en una sala de menos de 100 metros cuadrados, operativa las 24 horas del día. Podría ser cualquier comisaría o cuartel, pero aquí comparten espacio guardias civiles y policías españoles con sus colegas franceses. Es el Centro de Cooperación Policial y Aduanera de Canfranc (CCPA), el único de los cuatro del Pirineo asentado en suelo español, donde fluje continuamente información relativa a inmigración irregular, delincuencia internacional o cualquier tráfico ilícito a través de las fronteras interiores. Su misión también es la coordinación de las patrullas conjuntas, y recibe notificación de los controles de carretera y de las persecuciones ‘en caliente’ entre los dos países.

El Acuerdo de Schengen consagró en 1995 la desaparición de las fronteras de la Unión Europea y obligó a los cuerpos policiales a reforzar la cooperación. En aplicación del mismo se crearon en 1998 los CCPA, en sustitución de las comisarías conjuntas de los pasos fronterizos. Ahora, al cumplir la mayoría de edad, son más importantes que nunca para prevenir la delincuencia organizada y la nueva amenaza del terrorismo yihadista.

Con este objetivo trabajan codo con codo agentes de hasta seis servicios diferentes. Por parte española, el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil; y por Francia, la Gendarmería y la Policía Nacional; además de los empleados de vigilancia aduanera de uno y otro lado. El idioma no es obstáculo, y es que abundan los apellidos españoles entre los agentes franceses, descendientes de emigrantes, empezando por su jefe, Michel Yébenes.

Si la Interpol combate el crimen a nivel mundial, el CCPA restringe su ámbito de actuación a los Pirineos y a la comunicación entre los dos países. Por este edificio de Canfranc, pegado a la entrada española del túnel de Somport, pasa todo tipo de información de interés para las unidades policiales de los dos Estados. Anualmente se abren 6.000 expedientes sobre readmisiones de extranjeros que están ilegalmente en un país o consultas relativas a documentos de identidad, antecedentes, titulares de teléfonos móviles, robos de vehículos...

Cumbre de París y la Eurocopa

El centro ha colaborado en investigaciones sobre las caravanas de drogas que usan la ruta del Pirineo, como la interceptada hace unos días en Jaca con casi 650 kilos de hachís. Tampoco le son ajenos grandes acontecimientos internacionales como la Cumbre del Cambio Climático de París, en diciembre de 2015. Francia cerró las fronteras durante un mes y se establecieron controles en Somport, Portalet y Bielsa. Algo que probablemente se repetirá en la Eurocopa. Y cobra aún más protagonismo ante la amenaza terrorista evidenciada en los atentados de París.

Pero buena parte de su trabajo está relacionado con la inmigración ilegal. El CCPA se encarga de las readmisiones de extranjeros que cruzan sin ir debidamente documentados. "Cuando Francia los detecta nos los devuelve. Un acuerdo de readmisión firmado en 2002 establece que si un nacional de un tercer país residente o asilado pasa a otro, tenemos la obligación, si así nos lo requieren, de readmitirlo de forma inmediata", aclara el inspector de la Policía Nacional Francisco Javier Briz, coordinador adjunto del CCPA por parte española. Actualmente el coordinador es el teniente de la Guardia Civil Miguel Ramos, ya que ambos cuerpos se turnan en la responsabilidad.

El CCPA no tiene una función operativa, lo que hace es recopilar información, analizarla y difundirla para facilitar la labor de las unidades policiales. "Este es el camino más rápido", aclara Briz. Eso sí, su competencia está restringida a la zona fronteriza y, además, "tenemos unos límites respecto a la información que podemos dar". Las operaciones judicializadas pasan por Europol, Interpol o las oficinas Sirene.

El trabajo del Centro de Cooperación Policial y Aduanera también tiene un perfil humanitario. El teniente Miguel Ramos recuerda la intervención para localizar en Francia a un joven que comunicó a su novia en España su intención de suicidarse. O las actuaciones en los accidentes de montaña. "A veces sabemos que un montañero está en un pico pero no en qué lado y nos comunicamos para colaborar en la búsqueda", explica.

"El Acuerdo Schengen permitió que ciudadanos y mercancías pudieran pasar libremente, pero a cambio obligó a reforzar la colaboración policial. Hoy, más que nunca, estos centros son vitales y determinantes", afirma Michel Yébenes, teniente coronel de la Gendarmería, responsable de los agentes franceses en Canfranc.

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