Huesca
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Alcalá de Gurrea promueve la mejora de las cuevas construidas como casas hace 100 años

Las familias que llegaron en 1915 para trabajar en la presa de La Sotonera las excavaron para usarlas como viviendas.

Rosa Gracia muestra las baldas colocadas en una habitación de una casa-cueva de Alcalá.
Rosa Gracia muestra las baldas colocadas en una habitación de una casa-cueva de Alcalá.
Fernando Paúles

El Ayuntamiento de Alcalá de  Gurrea, en la comarca de la Hoya de Huesca, ha abierto una línea de subvenciones para conservar o rehabilitar dos elementos arquitectónicos propios de la localidad y originados hace 100 años. Se trata de las bodegas y de las casas- cueva, espacios excavados en la roca a principios del siglo XX y que "conforman un patrimonio civil que queremos conservar porque tuvo su importancia en la vida cotidiana del pueblo", explica la alcaldesa, Mercedes Minguijón.

Estas construcciones, que se cuentan por decenas, están distribuidas por el casco urbano y sus alrededores, aprovechando los tozales o cerros. Muchas de las bodegas todavía están en uso, sobre todo las integradas en las viviendas. Otras se emplean como locales de peñas juveniles. Las casas-cueva, que funcionaron como tales hasta principios de los años sesenta, están en su mayoría abandonadas.

El objetivo de la ordenanza, que financia hasta 2.000 euros de gasto, es ayudar a los particulares a mantener estos espacios "que generan un entorno que merece la pena recordar y conservar". El fin último es alcanzar algún acuerdo con las familias interesadas para que algunas de las cuevas que fueron vivienda y las bodegas pudieran abrirse al público. "Entonces se podría abordar un arreglo más integral", señala Minguijón.

Gran parte de estas hoquedades habilitadas como lagar o vivienda se encuentran en las laderas del cerro donde está la iglesia de San Jorge. Aquí se colocó hace tiempo un panel en el cual se explica cómo son las bodegas donde se hacía y se almacenaba el vino. Desde fuera pueden verse las puertas, cerradas con candados o tapadas por la maleza, y los ‘fumeros’, conductos de ventilación para mantener las condiciones óptimas de temperatura y humedad.Varios niveles o anillos

En esta colina, que en la localidad se conoce como el Gurugú porque así lo llamaba a principios del siglo XX un médico que había estado en Melilla, hay asimismo varias casas-cueva. Empezaron a construirse en 1915, cuando dieron comienzo las obras del embalse de La Sotonera. Según el estudio encargado por el Ayuntamiento, estas viviendas no aparecieron de forma residual o marginal sino que se desarrollaron de forma masiva constituyendo un barrio completo en este cerro, donde se observan hasta cuatro anillos o niveles diferentes. Pero el resto de los montes están igualmente horadados. Y bajo las calles se localizan viejas bodegas.

Alcalá de Gurrea superó entonces los 2.000 habitantes (hoy apenas tiene 300). "Era necesario dar cobijo a toda la gente que venía porque en la colonia de Tormos no cabían", cuenta Rosa Gracia, vecina y dueña de una de estas peculiares viviendas, que construyó la familia de su suegra hace 100 años. "Primero vivieron de alquiler y después se construyeron esto. Mi suegra contaba que cuando venían del trabajo su padre y sus hermanos picaban la pared y las mujeres, por el día, sacaban la tierra", explica.

Las casas-cueva disponían de chimenea, fregadero y varias habitaciones. Las que daban a la ladera tenían ventana y en las paredes había huecos para baldas y ‘capilletas’, que se utilizaban para poner velas. Muchos inquilinos las abandonaron cuanto terminó la obra de La Sotonera, aunque en los años sesenta tuvieron una segunda utilización. "Trabajadores ambulantes, como los que iban estañando, se quedaban aquí", cuenta Rosa Gracia. También sirvieron de refugio durante la guerra. "Mi madre contaba que como en Almudévar había frente y bombardeaban y aquí no, los que tenían familia se venían y dormían en las bodegas y cuevas por seguridad", relata.

Al quedar deshabitadas, muchas de ellas se han caído, ya que se excavaron en yeso. "Aguantan las que tienen una buena pedrera como techo, que era lo que buscaban a la hora de construirlas", señala la mujer.

Algún propietario se ha interesado ya por la línea de subvenciones del Ayuntamiento, en concreto, los de Casa Peralta, comenta la alcaldesa. "Estamos interesados en conservar al menos un exponente de cada una porque las cuevas y bodegas están presentes en la evolución de Alcalá; unas porque se utilizaron para vivir y otras porque eran un elemento muy importante en las casas cuando no había neveras y cuando se hacía el vino para el consumo de la familia", manifiesta Minguijón.

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