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¿Por la acera o por la calzada?

Los paseantes tratan de adaptarse a las nuevas zonas peatonales cuando está a punto de cumplirse un mes del cierre al tráfico.

Imagen del Coso Bajo, en Huesca
¿Por la acera o por la calzada?
J. S.

El próximo día 21 hará un mes de la peatonalización del centro de Huesca. A pesar de que en las calles del centro tan solo tienen acceso los vehículos autorizados, todavía puede verse a numerosos paseantes que prefieren seguir utilizando las aceras en sus desplazamientos a pie. La costumbre, el miedo a algún vehículo despistado o a las bicicletas, son algunas de las razones que esgrimen los peatones para mantener este hábito. “Desde que se ha llevado a cabo la peatonalización resulta muy relajado pasear por el Coso, pero hoy por ejemplo hemos tenido que esquivar una moto”, explica Marta Sánchez, vecina de Huesca. En su opinión, si aparece un vehículo, aunque vayan despacio, “es que mejor que cada uno vaya por su sitio”.

“Yo sigo yendo por la acera; primero, por falta de costumbre y segundo, porque no me fío de las bicicletas”, comenta Carlos García, mientras pasea por el Coso Bajo. Como asegura, en esta calle sigue habiendo “coches y bicis”, a pesar de que se haya cerrado al tráfico. Espera que una vez se realicen las obras de reurbanización “la gente se acostumbre más a caminar por el centro de calle”. “Yo, hasta que no esté todo un poco más regulado, no me fío. Me parecen más seguras las aceras”, señala Juan Giménez, quien empuja un carrito de niño. “Sigo yendo por la acera porque no me fío, casi me atropellan dos veces en bicicleta. Y encima, aún me decían que me apartara”, coincide María González, otra vecina de la capital oscense. Como asegura, hasta que no se arregle la calle, muchos paseantes seguirán prefiriendo las aceras. “Me parece bien la peatonalización pero si se hace en condiciones”, añade María.

“Ayer venía por la acera mirando un cartel y de repente, miré al frente y venían casi una docena de bicicletas como un enjambre de abejas y por suerte, al llegar dónde yo estaba abrieron la formación”, relata, por otra parte, Natalia Losilla, también vecina de la capital altoaragonesa. “A mí la peatonalización me gusta”, aclara Natalia, “se puede pasear muy bien, también ir en bicicleta y hay más ambiente de ocio. La gente se acabará acostumbrando”. “Me gusta más caminar por el centro de la calzada, pero es verdad que a veces aparece algún coche o alguna bicicleta que no te esperas. Yo a mis nietos les digo que esto es como una carretera, pero es cuestión de acostumbrarse”, opina, además, Manuela. Le acompaña su marido, Juan, que asegura, que se trata “de un proceso que está comenzando. Yo veo más inconveniente para las tiendas, que no están vendiendo gran cosa, pero si nos vamos adaptando, esto funcionará”.

“Normalmente camino por las aceras, todavía da un poco de miedo bajar a calzada. Es también la falta de costumbre”, comenta, por otra parte, Marisa López, para quien será “cuestión de tiempo que todo el mundo se acostumbre a ir por el centro”. También hay quien se muestra en desacuerdo con el nuevo aspecto del centro urbano. “A veces pasas por el centro a determinadas horas y no hay gente. Además, a los que viajábamos en autobús desde siempre no han perjudicado. Yo lo cojo cuatro veces al día como mínimo y ahora prefiero ir andando porque llego antes”, se queja Carmen Galeón. También hay quien pide a los peatones que pongan también de su parte. “Yo suelo ir por la calzada, pero siguen pasando muchos coches todavía. Yo mismo voy en bicicleta y observo también que hay peatones que no se fijan en nuestra presencia”, subraya Pablo Urós.

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