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Segando como antaño en la localidad oscense de Colungo

La localidad del Somontano ha recuperado este domingo la Fiesta de la Siega y la Trilla.

Colungo hizo frente al calor y como cada julio sacó las caballerías y el trillo de pedernal a la era para proceder a la recreación de las laboriosas tareas de segar y trillar el cereal cosechado para extraer el grano de la paja. La que otrora fue una tarea que se remonta al Neolítico y que pervivió en nuestra provincia, prácticamente sin alteraciones, hasta mediados de la década pasada con la llegada de la industrialización, se ha convertido desde hace catorce ediciones -con el parón por la pandemia de los dos últimos años- en una fiesta etnológica. 

Sus artífices son la Asociación Cultural O Portal D’a Cunarda, un referente en los pueblos del Somontano a la hora de programar actividades y sobre todo recuperar oficios y costumbres como lo hacen en otoño con la Jornada de la Matacía.

La fiesta comenzaba a las 11.00 de este domingo. En una faja al lado de la carretera se segó la garba con la dalla, se hicieron los fajos y cargados en la burra se transportaron a la era. Este año se estrenó nueva ubicación en la era de Notario, lindante a la carretera que propició que muchos turistas que veranean estos días en Guara pararan para acercarse a conocer esta fiesta. 

Una vez allí, se hizo todo el proceso de la trilla: se extienden los fajos por la era que era aplastado por el trillo de discos y el de pedreñas tirado por las mulas para ir desmenuzando la garba. Después, con las orcas se removió, para terminar echándolo en la aventadora para separar el grano de la paja.

Unas 40 personas colaboran en esta recuperación, tanto jóvenes como mayores que lo vivieron desde niño. Es el caso de Juan José Cavero que rememoraba esta dura faena: “Cómo ha cambiado todo. Era un sacrificio, desde primera hora de la mañana tocaba atender a los fajos. Nosotros trillábamos con los bueyes, que eran muy buenos pero muy lentos. Trabajábamos hasta ponerse el sol porque teníamos una era muy grande y los bueyes no corrían. Nos pasábamos un mes en la trilla y otro en la siega, desde junio a julio. Dicen ‘Siémbrame cuando querrás, que entre San Juan y San Pedro me segarás’. Luego tocaba subir la paja al pajar a mandiladas. Después llegó la aventadora y más tarde la cosechadora que es lo mejor que ha podido haber”.

Por su parte, las mujeres se encargaban de elaborar comida energética como pan con vino, con miel o con aceite o las farinetas, todo un reconstituyente para una dura jornada.

La fiesta terminó con una comida entre todos los asistentes en las piscinas, remodeladas por el Ayuntamiento. El alcalde y agricultor Fernando Abadía, acompañado por el presidente de la Comarca, Daniel Gracia, la diputada provincial Maribel de Pablo y el senador Antonio Cosculluela, se mostraba satisfecho por la recuperación de esta fiesta tras la pandemia.

"Ha estado muy bien, después del parón, se ha vuelto con ganas a coger la marcha y ha habido bastante gente. Ha servido también para promocionar producto local como el anís, el pan el aceite de Colungo o la miel de Asque. Y después comida en la piscina para refrescarnos”.

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