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Jugar para conectar, convivir y construirnos en paz

¿Qué aporta una metodología lúdica a la educación para la paz? El juego facilita transitar los conflictos desde la escucha, la negociación, el crear nuevas soluciones, el trascender las respuestas únicas.

Jugar permite escuchar, sentir y comprender.
Jugar permite escuchar, sentir y comprender.
Asociación Colectivo Trespiés

Actualmente existe una revalorización de lo lúdico como herramienta pedagógica adecuada en la educación formal y no formal, educadores y educadoras incluyen el juego en sus propuestas, con utilidades diversas según los temas y objetivos perseguidos.

Trabajar la educación para la paz en los espacios educativos va más allá de los contenidos: implica mirar, atender y trabajar los procesos grupales de manera que generen las condiciones subjetivas y objetivas que construyan formas de vínculo y convivencia dentro de valores de paz. Re-crear nos, re-crear el mundo, de ahí el valor privilegiado de lo lúdico.

Una cultura de paz solo existe y se sostiene por una comunidad en la que los vínculos son la llave de la convivencia y la continuidad de experiencias y procesos. Entendemos la educación para la paz como un entramado de vínculos afectivos, donde el centro está en el cómo nos relacionamos con otras personas y cómo conocemos la realidad de la cual somos parte. Creemos que la comprensión es acción y solo se comprende profundamente lo que se vive.

Por sus características, el juego brinda recursos didácticos muy potentes para desarrollar desde lo vivencial, habilidades y competencias psicosociales tales como la inteligencia emocional, la comunicación, la negociación, la resolución de conflictos, la creatividad y la convivencia.

Jugando (no de cualquier manera ni a cualquier cosa) generamos formas de organización y participación que ‘se hacen cuerpo’ y promueven la autonomía, la solidaridad, el respeto, la empatía, la escucha, la diversidad, la participación y el empoderamiento.

El espacio-tiempo de jugar es un espacio de experimentación controlada, de ensayo y error. Es el territorio de la transgresión autorizada: de permitirse probar otras versiones, sin juicio ni castigo y en igualdad de condiciones. Esto facilita la resolución de situaciones problemáticas de formas originales y novedosas, alterando condiciones, vínculos y roles prefijados.

Jugar permite escuchar, sentir y comprender desde nuestra integralidad, pues moviliza simultáneamente todas las dimensiones del ser humano: razón, emoción, afectividad, cuerpo y espiritualidad. Conocer desde el cuerpo, desde la razón, desde la emoción, desde el espíritu: ser más, permitirse más.

Por otro lado, el juego opera sobre los vínculos facilitando los procesos de comunicación, instalando un clima de confianza, respeto, conexión y participación que permite abrirse a lo nuevo, superar el miedo a lo desconocido, moverse en la incertidumbre, probar diferentes estrategias y acercarse a nuevos conocimientos, potenciando la creatividad y las posibilidades de los individuos.El juego como vehículo para realizar el viaje, pone el foco en el encuentro con ‘las y los otros’; y nos facilita transitar los conflictos desde la escucha, la negociación, el crear nuevas soluciones; el trascender las respuestas únicas preestablecidas, buscando nuevas formas de ser, hacer y estar con otras. Quien juega descubre siempre nuevas habilidades personales ocultas. Además, el juego como recurso educativo tiene el plus de que nos genera placer, y si disfrutamos de lo que hacemos, tendemos a desear estar nuevamente en esa situación de aprendizaje.Jugar facilita superar las distancias, los razonamientos lineales, binarios y dicotómicos, las desigualdades y jerarquías. Es un vehículo para vivir y construir cultura de paz: diversa, múltiple, compleja, equitativa. 

¿Qué es la ludopedagogía?

La ludopedagogía es una metodología de intervención que propone abordar los grupos proponiendo el juego como eje de una experiencia y vivencia colectiva para, desde allí, investigar las relaciones entre el juego y el conocimiento de la realidad.

Genera un dispositivo que facilita que la gente juegue, para así instalar ese espacio/tiempo particular de conciencia alterada, ‘la realidad lúdica’, dentro del cual ocurre el jugar.

Es una metodología que ha desarrollado una didáctica y una pedagogía específica que facilita y potencia la acción de jugar. Un jugar para conocer, conocer para transformar.

Fue creada por el Centro La Mancha de Montevideo (Uruguay) en el año 1989 apoyándose en la educación popular del maestro Paulo Freire, la psicología social de Pichón-Riviére, la pedagogía de Lev Vygotski y las teorías del conocimiento complejo de Edgar Morin. En Aragón, la colaboración entre el Seminario de Investigación para la Paz (SEIPAZ) y el Colectivo Trespiés propone la ludopedagogía como una metodología especialmente valiosa en la educación para la paz para centros y espacios socio-educativos.

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