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Almudena Cid: "Solo con talento y sin trabajo es imposible alargar la carrera"

La legendaria gimnasta de rítmica visitó Zaragoza para hablar de la necesidad de reinventarse.

Almudena Cid, la sonrisa eterna del deporte español.
Almudena Cid, la sonrisa eterna del deporte español.
Oliver Duch

Almudena Cid es la única gimnasta de rítmica que ha disputado cuatro finales de Juegos Olímpicos. Pasó por Zaragoza para hablar de la necesidad de reinventarse en el deporte… y en la vida.

Hace muchos años que se retiró, pero la gente no la olvida. Mientras le hacían fotos, un elegante señor le ha pedido un selfi para su sobrina… ¿Cómo se siente?

Abrumada. Cuando yo me retiré, igual no había nacido esa niña. Me habrá conocido por ‘youtube’. Es una responsabilidad enorme.

¿Qué es lo más le gusta de Almudena Cid a Almudena Cid?

¡Uf, qué pregunta! Quizá el compromiso. Soy una persona muy comprometida. Y cuando pasas por un proceso difícil de tu vida, el compromiso es el que te hace cumplir.

Se fue de casa a los 12 años. ¿Volvería a hacerlo?

Es duro irte de casa tan pequeñita. Uno de mis hermanos jugaba en el Alavés de fútbol, y el otro, en el Baskonia de baloncesto. No los podía ir a ver jugar nunca. También me habría gustado tener vacaciones con mi familia en agosto y no haber tenido que entrenar ocho horas a 40 grados… Pero si no lo hubiera hecho, no habría sido la gimnasta que he sido.

Desde bien pequeñita se hablaba de usted…

Escuchaba que era buena, pero no lo creía. Recuerdo que en el instituto de Vitoria, cuando me marché, dije que volvía en un mes…

¿E irse a Rusia siendo una niña?

Fue la mejor experiencia de mi vida, en San Petersburgo, porque me hizo valorar lo que tenemos aquí.

La exgimnasta Almudena Cid estuvo hace unos días en Zaragoza y HERALDO le preguntó por su reciclaje como actriz.

¿Cómo se puede llegar a cuatro finales olímpicas y aguantar hasta los 28 años en un deporte devorado por la edad como la gimnasia rítmica?

En los primeros Juegos, en Atlanta 96, no era consciente. Fui finalista olímpica con solo 16 años…

Una pasada, Las Niñas de Oro…

Me metí en la final siendo la más joven. En los segundos, en Sidney 2000, comencé a enterarme de qué iba la historia, aunque estaba con el menisco roto. Fue una experiencia dolorosa, pero hice una gran competición. Después, luché por los terceros Juegos.

En Atenas 2004.

En rítmica, con 20 años ya eres la abuela de la rítmica. Luchar contra esos comentarios me hizo crear una burbuja de cristal para no impregnarme de negatividad.

Hasta creó un ejercicio exclusivamente suyo, el Cid Tostado, que lleva sus dos apellidos. Ha creado un estilo, como Fosbury y muy poquitos más…

Me gustaba innovar aunque no valiera (puntuara) casi nada. El valor que yo tenía es que me arriesgaba en el último momento del ejercicio para sumar dos décimas… Por cierto, el valor de ese elemento ahora es mucho mayor que lo que puntuaban entonces. Además del plus de originalidad… Tenía que buscar la estrategia para aguantar en la élite frente a gente mucho más joven.

¿Su mayor energía era mental?

Soy una persona que ha hablado mucho consigo misma. En la soledad del deporte individual, me he escuchado mucho. Tenía mucha resistencia en los momentos en que todo parecía ir en contra. Es como Nadal: reduces las horas de entrenamiento a favor de la parte mental. Sabía que cuando entraba en la sala, tenía que tener una efectividad total, del 100 por 100 de mi energía.

¿Es cierto que hay deportistas que entrenan sensacional y luego fallan a la hora de la verdad?

Sí. Y al revés, también. Alargar la carrera solo con el talento y sin el trabajo, es imposible.

¿El éxito solo va antes que el trabajo en el diccionario?

¡Ja, ja, ja! Por supuesto.

Nos habla en Zaragoza de que hay que reinventarse, reciclarse…

Lo aprendí de mi abuelo, Fernando Tostado. Tiene un espacio, El Rincón de los Engendros. En ese rincón hay varias esculturas. Y una de ellas es un ave. Y él me decía que ese ave era yo, porque, cuando todos decían que iba a dejar la gimnasia, siempre regresaba, como el Ave Fénix. Hay que regresar siempre, no rendirse jamás.

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