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solidaridad

Los vecinos de El Frago rehabilitan la casa del cura para acoger a ucranianos

La solidaridad de este pueblo unido traspasa fronteras y, en su cruzada por la repoblación, se quiere ayudar a los afectados en el conflicto europeo.

Algunos de los vecinos de El Frago que han participado en la reforma de la casa.
Algunos de los vecinos de El Frago que han participado en la reforma de la casa.
Heraldo.es

Los vecinos de El Frago, una pequeña localidad zaragozana de las Cinco Villas, han llevado a cabo una reforma integral de la casa del cura con sus propias manos. Aunque en el censo hay unas 110 personas, realmente viven en el pueblo 60 y prácticamente todas han colaborado de una forma u otra en este proyecto. El objetivo de este trabajo en equipo ha sido acondicionar esta antigua abadía, que llevaba 20 años cerrada, para convertirla en dos apartamentos y ponerlos a disposición de refugiados ucranianos.

Para dejar las viviendas en condiciones ha habido que cambiar toda la instalación de la luz, el sistema de agua, acondicionar los baños, montar las cocinas, desalojar los muebles antiguos que había y volver a amueblar, entre otras tareas. “Hemos ido poco a poco y, si no llega a ser porque todo el pueblo ha echado una mano, hubiera sido imposible hacerlo tan rápido”, confiesa José Ramón Reyes, alcalde de El Frago. 

Un vecino de El Frago, en plena faena de acondicionamiento de la antigua Casa del Cura
Un vecino de El Frago, en plena faena de acondicionamiento de la antigua Casa del Cura
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Las labores comenzaron en las navidades pasadas y, en un principio, la idea era acondicionar este inmueble para ofrecer vivienda en el pueblo y que nuevos vecinos fueran a vivir allí. “Queremos traer a pobladores pero nos encontramos con el problema de que no hay casas disponibles”.

"Los mayores del pueblo nos aconsejaron invertir en un hogar para los refugiados porque la posguerra también es muy dura"  

En pleno proceso, estalló el conflicto entre Rusia y Ucrania y se decidió que las viviendas se destinarían a refugiados ucranianos. Pero esta no fue la primera idea que el alcalde y varios vecinos tuvieron para ayudar a los afectados. “Nuestra intención era ir a la frontera de Polonia con tres camionetas para llevar material, medicinas y víveres y poder traer a gente a la vuelta”, explica Reyes. Un plan valiente y solidario pero también, según la voz de la experiencia, un poco precipitado. “Los mayores del pueblo que vivieron la Guerra Civil nos disuadieron de ello. Nos hablaron de que, aunque sacar a la gente de la guerra está bien, la posguerra también es muy dura y nos aconsejaron que todo lo que íbamos a gastar en el viaje lo podíamos invertir mejor en dar un hogar a los refugiados”.

Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
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Convencidos de este nuevo planteamiento, a través del director del albergue de Peralta de la Sal, donde se estaba acogiendo a refugiados, se pusieron en contacto con la oenegé Accem para ofrecer su disponibilidad de alojamiento. “Estamos ultimando los detalles en las viviendas y a partir del 7 de mayo estarán preparadas para recibir a las familias que quieran venir a vivir aquí”, comenta el alcalde. Todavía no saben cuantas personas serán o si habrá niños entre ellos pero, en El Frago, están esperándoles con los brazos abiertos. “Nosotros lo que queremos es ayudar, tanto si se quedan aquí para siempre como si vuelven a Ucrania cuando termine la guerra. Como pueblo, es una oportunidad única para sentirnos orgullosos de ser fragolinos”, defiende el alcalde.

“Nos hemos sabido adelantar a los tiempos y aquí convive en armonía gente de muchas nacionalidades, de pensamientos e ideas diferentes"

Junto con los dos apartamentos de la antigua abadía, hay un tercer inmueble vacío en el pueblo que se podría alquilar por lo que, en total, sería posible acoger a unas 20 personas. Esto supondría, para un pueblo de apenas 60 habitantes viviendo, que casi la mitad de los vecinos serían ucranianos. Pero para El Frago que por sus calles se hable en otros idiomas no es algo novedoso. “Nos hemos sabido adelantar a los tiempos y aquí convive en armonía gente de muchas nacionalidades, de pensamientos e ideas diferentes. Siempre anteponemos el nosotros al yo y todos tenemos claro que si no intentábamos repoblar, el pueblo se moría”, explica el primer edil.

Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
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Con la ilusión de poder acoger a dos o tres familias ucranianas dentro de unas semanas, la perfección sería que también llegaran niños y poder así recuperar la escuela. “Esto es como un imán, si hay niños, vendrán más, y podremos recuperar las clases”. Disponer de servicios así como de buenas comunicaciones son las claves para asentar población en el medio rural. En El Frago luchan por mantener las prestaciones con las que cuentan ahora: “Hay dos bares y una tienda multiservicio junto con el Ayuntamiento de Biel, que es la primera ecológica de toda la comarca. Tenemos dos días de médico y uno de enfermería y el botiquín, que viene dos días. El pan lo bajan a diario de Biel, el frutero viene los miércoles y también pasa un camión de congelados”, enumera Reyes.

En lo que a telecomunicaciones se refiere la situación es algo peor. La señal de cobertura móvil apenas da para mantener una conversación telefónica. Internet llega en condiciones gracias a una inversión municipal de 12.000 euros para llevar la fibra óptica y así dar facilidades a aquellas personas que quieran teletrabajar desde su casa del pueblo.

Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
Vecinos de El Frago, trabajando en para acondicionar la antigua Casa del Cura
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Con sus pros y sus contras, con más o menos comodidades, El Frago tiene todo preparado para que una veintena de refugiados ucranianos puedan establecer su nuevo hogar en la localidad. Sea permanente o temporal, allí encontrarán una gran familia, la de los vecinos de este pueblo donde, dice el alcalde, se cuidan los unos a los otros. Tienen sus más y sus menos, como en toda familia, pero estas discrepancias se dejan a un lado cuando se trata de trabajar por el bien común. Así lo hicieron ya sus antepasados, cuando en 1928 construyeron entre todos las escuelas y la casa de los maestros. “Primo de Rivera dio subvenciones pero el pueblo se quedó sin ellas así que cada uno puso de su parte para tener este servicio”, recuerda Reyes.

Ahora, la hazaña se ha vuelto a repetir, “pero en pequeño”, matiza el alcalde. Para rehabilitar la antigua abadía unos han pintado las paredes, otros se han ocupado de la fontanería, otros han puesto el suelo y, quienes no podían trabajar, han colaborado donando enseres como vajillas o muebles. Además, se ha abierto una cuenta bancaria para que quien quiera, tanto empresas como particulares, puedan poner su granito de arena en esta buena causa. 

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