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Iryna Grygorenko, refugiada ucraniana: “Es irreal que esté pasando esto en pleno siglo XXI”

Cada día, lo primero que hace es llamar a sus padres y amigos y preguntarles si están bien y dónde se encuentran, ya que el avance de las tropas rusas complica cada vez más la situación de la capital y las ciudades limítrofes.

Aragón. Oficina de Extranjería de la Policía. Equipo especial que tramita la protección temporal de los ucranianos / 15-03-2022 / FOTO: GUILLERMO MESTRE[[[FOTOGRAFOS]]]
Iryna  y su hijo Nicolás, este lunes a las puertas de la comisaria de la Avenida de Valencia.
Guillermo Mestre

Iryna Grygorenko y su hijo Nicolás, de 10 años, llegaron a España hace menos de dos semanas tras un "largo viaje" de tres días en el que dejaron atrás a toda su familia y amigos. Cogieron el tren en Kiev y de allí viajaron a Polonia. "De ahí fuimos a Alemania, luego a Francia y, posteriormente, a Barcelona", relató ayer esta madre, de 38 años, a las puertas de la comisaría de la avenida de Valencia, en Zaragoza, donde solicitó su permiso de protección temporal.

Ella trabajaba en una pequeña agencia de viajes, habla cuatro idiomas -ucraniano, ruso, español e inglés- y conoce perfectamente las costumbres del país, por lo que espera encontrar pronto trabajo. También ha comenzado a dar clases de castellano a su hijo "para que aprenda más rápidamente" y sea capaz de desenvolverse en la escuela.

Su vida era normal hasta que todo cambió. A España viajó prácticamente con lo puesto, con ropa de invierno y apenas nada para afrontar las próximas estaciones. "Nos ha acogido Accem y nos ha dado alojamiento en un apartamento del Centro. Tenemos unas condiciones muy buenas, estamos cómodos y si tenemos cualquier duda, pregunta o problema podemos contactar con los chicos de la asociación", dijo.

Iryna ha dejado en Ucrania a su marido, que está ayudando "como voluntario", y a sus padres, ambos jubilados. "Nuestra vida estaba en Kiev. Mi padre, por ejemplo, no entiende por qué tiene que dejar su patria. Dice que, si tiene que morir, prefiere hacerlo en casa", agregó. Su principal interés, como "el de todas las madres", era "salvar" a su hijo, que ha podido salir del país por su corta edad. "Para los hombres de 18 años a 60 está prohibido", indicó.

Cada día, lo primero que hace es llamar a sus padres y amigos y preguntarles si están bien y dónde se encuentran, ya que el avance de las tropas rusas complica cada vez más la situación de la capital y las ciudades limítrofes. "Gracias a Dios podemos hacer videollamadas y comunicarnos. Nuestro corazón está con ellos. Cuando vemos las noticias y hablan del número de fallecidos te duele todo. Es irreal que esté pasando esto en el siglo XXI", aseveró.

Su intención es volver en cuanto pueda a Ucrania, ya que, aunque le gusta "mucho" España, su vida "está vinculada" a su país. "Teníamos la posibilidad de ganar dinero y cumplir nuestros sueños. Ahora, la mayoría estamos sin trabajo", lamentó.

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