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"Mi abuela llora porque ahora ya no puede volver a su casa"

Tatiana Titenko es una joven ucraniana que acudió este jueves a la oficina de extranjería de policía a regularizar la situación de un familiar.

Tatiana Titenko, a la derecha, junto a la oficina de extranjería.
Tatiana Titenko, a la derecha, junto a la oficina de extranjería.
HA

Tatiana Titenko lleva seis años en Zaragoza. Este jueves, primer día en el que los desplazados ucranianos podían solicitar la protección temporal activada por la Unión Europea, se acercó al mediodía a la oficina de Extranjería de la Policía Nacional en Zaragoza para regularizar la situación de su abuela, de 65 años, que llegó para Navidades para ayudarla con su hijo de cuatro meses y no ha podido volver.

Los responsables policiales esperan y desean que estos días se acerquen a las comisarías todos los ucranianos que vayan llegando para documentarlos y ofrecerles la seguridad y el apoyo que precisan en estos momentos.

"Mi abuela llora porque no puede volver a su casa, en Ucrania están mi madre y mi tío y continuamente dice que ella es ya muy mayor y que sus hijos, más jóvenes, son los que todavía tienen vida por delante. Tenía billete de avión para volver el 27 de febrero, lo cambiamos al 25 de marzo, pero tal como están las cosas, no le vamos a permitir que salga de España", explicó Tatiana.

Los pensamientos de ambas están en Kramatorsk, una ciudad de la zona de Donetsk, donde se han quedado los suyos. "Ahora está en el centro de la invasión. En casa de mi madre están viviendo seis personas porque tiene una especie de búnker, un almacén para guardar comida, y se sienten más seguros", señaló. De momento a su tío, de 43 años y soldador de profesión, no le han reclutado "porque no tiene experiencia y está enfermo de la espalda, pero en cualquier momento lo pueden llamar". 

"La situación es muy mala, pero no se plantean salir de allí", aseguró. De las amigas de su edad "todas prefieren quedarse con sus maridos que están luchando, solo una con un niño pequeño me ha dicho que va a intentar llegar a la frontera". Tras una espera de una media hora, en esta oficina suele haber fila, el agente de policía le conmina a volver al día siguiente a primera hora de la mañana acompañada por su abuela y el pasaporte para que le atiendan. Los refugiados como ella tienen acceso a permiso de residencia y de trabajo por un año, renovables a tres, y acceso a servicios como sanidad y educación. Mientras, Tatiana va a empezar a trabajar "con todos los documentos en regla" como manicurista en el negocio de una compratiota. Siente "impotencia" y hace lo único que puede, "echar una mano en la recogida y preparación de los envíos".

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