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Dos policías evitan un suicidio: "Después de darle un abrazo nos dijo: ahora no lo habría hecho"

El 4 de febrero dos agentes de la Policía Nacional de Zaragoza salvaron la vida de un joven que quería quitase la vida. ¿Cómo actuar, y qué no hacer en estos casos?

Paula Remartínez y Guillermo Pablo, en el parquin de la comisaría de la Policía Nacional en Mayandía
Paula Remartínez y Guillermo Pablo, en el parquin de la comisaría de la Policía Nacional en Mayandía
Francisco Jiménez

Hace unos días saltó la noticia de que unos agentes de la Jefatura Superior de Policía de Aragón lograban salvar a un joven que quería quitarse la vida en Zaragoza. Se trata de un escenario que no siempre termina con final feliz. Afortunadamente, no fue el caso. El buen hacer de los agentes, la predisposición del joven y, en parte, algo de suerte -como reconocen los propios policías- permitieron que el chico de 21 años depusiera su actitud. “Después de darle un abrazo nos dijo: Ahora lo estoy pensando y no lo habría hecho”, describe Guillermo Pablo (37). Junto a su compañera, Paula Remartínez (34), aseguran que ha sido una de las experiencias más emocionantes de sus vidas.

Ambos pertenecen al Grupo Operativo de Respuesta de la Policía Nacional. Ese día iban de paisano. “Sobre las 20.00 nos llegó el aviso de que un joven se había despedido de su madre, su tía y una amiga. Gracias a un operador de sala que reconoció una fotografía que envió, pudimos reconocer el lugar y desplazarnos rápidamente”, relatan todavía emocionados.

Su intuición y experiencia -ambos cuentan con más de diez años en el cuerpo- les sirvieron para decidir aparcar a unos metros y aproximarse al joven a pie. “No queríamos asustarle”, destaca Paula. Tras una breve conversación, en la que trataron de desviar su atención y, sobre todo, escucharlo, Guillermo logró ponerlo a salvo con un abrazo. “Le cambió la cara. Es como si en ese momento fuera lo que más necesitaba en la vida”, reconoce su compañera. Durante los siguientes minutos, hasta que llegó la ambulancia, lograron tranquilizar al joven transmitiéndole serenidad y sobre todo esperanza, para que depusiese su idea autolítica.

“No sé si llegarán a leerlo, pero gracias”

Días después de lo ocurrido, el joven se puso en contacto con el Cuerpo a través de las redes sociales, rogando mantener su anonimato: “Recomiendo al 100%, aunque estemos bien, cuestionarnos si realmente lo estamos. Pasar como una ITV para evitar llegar a lo que llegué yo o peor. Ahora todo lo veo de manera diferente. Quiero hacer un grado medio y opositaré de nuevo en unos años. No sé si llegarán a leerlo, pero gracias. Ese día me di cuenta de muchas cosas positivas”.

Conmocionados con estas palabras, Guillermo y Paula, que coinciden tanto en su vocación de servicio como en la pasión por su oficio a pesar de que tan solo forman parte de los peores momentos de las vidas de la mayoría, aseguran que ha sido de los episodios más emocionantes de su carrera. “Este trabajo te enseña a valorar la vida. Nunca sabes cuándo puede cambiar todo. Este fue uno de esos días que te recuerdan por qué elegiste ser policía”, resume Guillermo.

Sin embargo, ¿alguna vez se ha preguntado cómo actuaría ante la noticia de que un familiar o ser querido le plantease que ha pensado en quitarse la vida? La actitud y la respuesta aportadas en el momento pueden ser sustanciales, como explica Ana Serrano, psiquiatra en el Hospital Clínico de Zaragoza. Y es que, si bien es cierto que cada situación tiene sus particularidades y no se puede generalizar -pues no es lo mismo el caso de alguien que hace un intento estando ya en tratamiento por una depresión que el que lo hace ante un problema súbito social o laboral grave, por ejemplo-, sí que es cierto que pueden inferirse una serie de elementos comunes que permiten definir conductas más o menos útiles al enfrentarse a ellas.

“Quizás de lo primero que se puede hablar, es de intentar, y hago énfasis en intentar, porque según el grado de cercanía puede hacerse muy difícil, serenarse antes de intervenir. Es decir, enfrentarse a la situación habiendo buscado para uno mismo antes un momento de calma. Desde una situación de estabilidad se puede afrontar la situación con tranquilidad y se puede dar la importancia que tiene a no juzgar, no atacar y no minusvalorar al que expresa estas ideas”, asegura la experta.

Tras este primer momento, es imprescindible tratar de ofrecer un acompañamiento cálido, lo más cercano posible, sin caer en la tentación del consejo vacío, y ofreciéndose a la persona para escuchar y hablar: “Es fundamental darle la importancia que tiene a lo que esta persona nos cuenta, es decir, ofrecer la legitimación que esos sentimientos necesitan”. Además, durante ese momento de escucha, seremos capaces de valorar el riesgo existente para actuar en consecuencia.

Una situación compleja

¿Cómo? “Expresando nuestra preocupación por su seguridad y transmitiendo así que recibes lo mal que está, que piensas que te está pidiendo ayuda y que vas a intentar hacer algo”, añade Serrano. Además, en ese contexto, puede ser buena idea ofrecerse a llamar a un especialista, decidir juntos pedir cita en salud mental, u ofrecerse a acompañarle a urgencias para ser valorado por personal cualificado. En caso de entender que existe un riesgo inmediato, es importante realizar un acompañamiento para garantizar que la ayuda llega. “Si las circunstancias dejan pie a la duda, mi recomendación sería siempre consultar con un especialista que es quien mejor va a poder valorar la ayuda que requiere esta persona”, señala.

"El suicidio, más allá de las especulaciones morbosas, es un acto que siempre queda sin explicación"

Sea como sea, la especialista asegura que saber cómo actuar ante uno de estos casos es fundamental. “Puede suponer la diferencia entre que una persona reciba la ayuda que tanto necesita o actúe, pero, y es un gran pero; saber o no actuar no quita que en ocasiones una persona cercana, familiar o ser querido, pueda cometer un intento de suicido”, añade, recordando que, en ocasiones, es imposible hacer nada. “Si al final lo consiguen, hay que intentar evitar sentirse culpable por no haber actuado o no haberse dado cuenta del riesgo. El suicidio, más allá de las especulaciones morbosas, es un acto que siempre queda sin explicación. En muchas ocasiones ni la propia persona que lo realiza tiene conscientemente las claves de su acto. Los determinantes son siempre complejos, tanto como lo es existencia humana”, concluye.

Aragón, donde cada tres días fallece una persona por suicido, mientras que se producen entre seis y siete tentativas diarias, cuenta con un ambicioso plan de prevención de suicidios del Gobierno de Aragón. Además, hay que recordar que, por cada caso consumado, seis personas resultarán afectadas de manera directa. Sin embargo, la aragonesa fue, junto a Baleares, la única comunidad autónoma en reducir sus cifras en 2020 -en concreto un 6%- con respecto a años anteriores. También contamos con un Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) de familiares que han perdido a un ser querido por suicidio, más conocido como Paso a Paso Aragón, y asociaciones especializadas como LIANA, Asociación aragonesa de prevención del suicidio y la conducta autolesiva, a la que pertenece la psicóloga María José Ochoa.

A solas con sus pensamientos

Como explica la experta, cuando una persona nos expresa que está pensando en suicidarse es normal que sentir miedo, bloquearse o, incluso, enfadarse. “Incluso, que pueda surgirnos el arranque de decirle que se deje de tonterías, que se queja de puro vicio y que tire para adelante como hacemos todos. Y así, de esta manera, zanjemos verbalmente el tema, deseando no tener que volver a hablar sobre ello”, ejemplifica. Sin embargo, como refrendan diferentes estudios, el deseo de morir no se va a esfumar por sí solo. “Lo único que va a cambiar a partir de ahora es que la persona ya no quiera compartirlos”; añade.

"No es que la persona no quiera vivir, el problema es que está sufriendo y no sabe cómo salir de ese dolor tan inmenso"

“No hay nada peor que dejar a una persona que se quiere suicidar a solas con sus pensamientos. Cuando ha llegado a este punto, suelen estar tan distorsionados que es difícil que pueda elaborar argumentos en contra o resistir”, admite la experta. Por eso, es importante que haya un otro con el que poder hablar de lo que le dice el pensamiento. Por eso, tras un primer momento de perplejidad y duda, es importante serenarse, hacerse consciente de la situación y ponerse en situación de escucha. “Es importante desmontar mitos como que son llamadas de atención, o que si lo dice no lo hará, o que suicidarse es de valientes o cobardes. No es que la persona no quiera vivir, el problema es que está sufriendo y no sabe cómo salir de ese dolor tan intenso"”, concluye.

También será fundamental lanzar un mensaje esperanzador, como hicieron los agentes Guillermo y Paula con el joven de 21 años al que le dijeron: “Imagina tu vida dentro de 5 años si se pasa todo esto”. ¿Por qué? Porque es importante recordarles que las cosas y las situaciones cambian; que los problemas son transitorios, y, sobre todo, que antes de dar ese paso, existen alternativas. ¿Y los días siguientes? “Seguir con él. Seguir escuchando. Seguir hablando… mientras, además, planeamos cosas que nos gusten hacer a los dos y volvemos a ilusionarnos con la vida”, concluye Ochoa. 

Dónde acudir en caso de necesitar ayuda por sufrir un problema de salud mental.
Dónde acudir en caso de necesitar ayuda por sufrir un problema de salud mental.
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