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Tercer Milenio

Belén Masiá: "Confío en que no necesitemos un mundo virtual al que escaparnos"

Le gusta mirar al futuro con luces largas y visión amplia. Entiende la ingeniería siempre al servicio de la sociedad, porque “al final de todo lo que generemos siempre hay una persona”.

Belén Masiá, investigadora del I3A, en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura (EINA).
Belén Masiá, investigadora del I3A, en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura (EINA).
Guillermo Mestre

La investigación de Belén Masiá trata de desentrañar la percepción de la realidad a través de nuestros sentidos. Veamos cómo percibe ella su entorno más próximo.

Da clase en la EINA, ¿cómo ve a los jóvenes estudiantes?

Pese a lo que se dice de la juventud, veo gente inteligente, muy bien educada, muy bien preparada y consciente del mundo en que está. Aunque maduran un poquito más tarde, se les ha venido encima algo muy gordo siendo muy jóvenes y han reaccionado bastante bien. Algunos quizás sean investigadores, otros muchos se irán a la industria, a la empresa; muchos ni siquiera saben que los profesores hacemos también investigación. Es tarea nuestra transmitirlo. Tenemos que evitar esa visión de la universidad como un colegio avanzado. Es mucho más que eso. Es un ecosistema de generación de conocimiento y eso, sobre todo en los primeros cursos, no lo ven.

¿Qué estímulos necesitarían los jóvenes talentos?

Voy a ser muy clara: lo primero que se necesita son recursos económicos. Las trayectorias son muy inestables y mal remuneradas y eso hace muy difícil dedicarse a esto incluso a gente con expedientes brillantes. También necesitamos dar a conocer que se hace mucha investigación, y muy buena, para que los jóvenes sepan que hay posibilidades. Aquí y fuera. Falta una apuesta real por esa gente que se quiere dedicar a investigar y tiene la capacidad.

Dicen que, pronto, en Europa van a faltar profesionales de la programación, la ingeniería, las matemáticas...

Efectivamente. Ya faltan; en computación hay una demanda enorme de profesionales que supera la oferta. Es imparable. Una forma de atraer talento a estas carreras es que se familiaricen con la informática y la computación antes, que se integre en los currículums de primaria y secundaria. Aprender a programar ayuda a estructurar la cabeza, a la resolución de problemas.

Después de haber investigado fuera de España y de Europa, en Alemania y Estados Unidos, ¿cómo ve la investigación en Aragón y España?

Nos faltan medios, seguimos teniendo una inversión en investigación muy baja, no deberíamos conformarnos con estar en la media española. Competimos con gente que tiene muchos más medios en Europa, y no digamos si hablamos de EE. UU. o China.

No paramos de oír hablar del metaverso. ¿Vamos a trasladar la vida –trabajo, ocio, relaciones sociales– a un entorno virtual? Toda una revolución.

Con grandes gigantes apostando por ello, da pie a pensar que quizás sí pueda redefinir el futuro, pero prefiero la cautela. La pandemia, que nos ha traído cosas tan malas, ha servido de campo de pruebas de tecnologías que hubiesen tardado más. Quizás no esté tan lejano: todos nos hemos pasado a un entorno virtual, dando clases telemáticas, teletrabajando, reuniéndonos a través del ordenador. Y hemos visto que nos cansa, porque los seres humanos funcionamos mejor con referencias espaciales, así que un mundo virtual, un entorno 3D, sería más rico. Las posibilidades son infinitas y la gran cuestión es el contenido, qué queremos hacer con esa realidad virtual. Bien usado, tiene el potencial de ser transformador, de facilitar la vida a muchísima gente; hablamos de acceso a la educación y de relación entre personas. Otra gran barrera es que, para que realmente funcione, esto tiene que ser universal, como los coches, que pueden ir por cualquier carretera.

¿Y no puede ser deshumanizador?

No lo sé, pienso mucho sobre ello. La realidad virtual no va a sustituir el contacto humano, pero sí va a posibilitar un grado mayor de comunicación que de otra manera sería imposible. Confío en que no necesitemos un mundo virtual al que escaparnos, sino que sea un complemento a este, que no sea nuestro refugio del mundo real.

¿Quién es Belén Masiá?

Belén Masiá es profesora titular del Departamento de Informática de la Universidad de Zaragoza. Desde el Graphics & Imaging Lab del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A), investiga en imagen computacional, percepción aplicada y realidad virtual. Sin despegarse de las demandas de la sociedad, aplica todo esto a mejorar el diagnóstico de problemas visuales con Dive Medical, la ‘startup’ que ha cofundado. Nació en Zaragoza en 1985.

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