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Los perros no podrán trabajar hasta el año y medio y los caballos se jubilarán antes de los 23

La futura ley de protección animal introduce, entre otras novedades, la edad legal para el desempeño profesional.

Unidad canina de la Policía Nacional.
Un 'agente' de cuatro patas de la Policía Nacional se afana en su trabajo en la estación de Delicias..
Javier Cebollada/EFE

Ni demasiado jóvenes ni demasiado mayores. Los perros y caballos trabajadores, entre otros animales, tendrán una vida laboral ajustada a su edad de máximo vigor y se retirarán en el momento en que sufran físicamente o padezcan “elevados niveles de estrés y ansiedad”. Así aparece reflejado en el borrador de la futura ley de protección animal, que marca también cómo deberá ser el retiro dorado de los perros que pastorean o de los equinos que acompañan a los agentes del cuerpo de Policía Local.

Los perros no podrán comenzar sus actividades hasta que cumplan los 18 meses, aunque el adiestramiento específico para su trabajo podrá arrancar antes. El texto legal no determina una edad de jubilación concreta para estos animales, sino que deja en manos de los veterinarios la decisión. “Tendrá en cuenta las capacidades físicas y psicológicas del perro”, indica el borrador, que exige que el animal sea escudriñado anualmente por un profesional tras su séptimo cumpleaños. Tras ‘colgar el collar’, el can que haya dado sus mejores años a una institución pública deberá ponerse en adopción a través de acuerdos con protectoras.

En el caso de los caballos, que viven entre 25 y 30 años, el marco es otro. Un ejemplar que haga las veces de transporte turístico, sea recurso terapéutico o que sirva a un cuerpo policial no podrá incorporarse a estas actividades hasta los cuatro años. Y, si bien habrá de jubilarse antes de los 23 años, a partir de los quince deberá superar un examen de aptitud y bienestar cada curso, exigencia que será doble a partir de los 18 años, cuando visitará al veterinario cada seis meses. Al llegar el retiro dorado, el equino no podrá destinarse al consumo humano ni a la elaboración de subproductos, sino que tendrá que darse en adopción o quedar bajo la correcta supervisión de su dueño.

Ahora mismo no hay normativa al respecto, sino que se deja al buen criterio del profesional veterinario y de su adiestrador o dueño la decisión de cuándo jubilar a cada animal”, recuerda Luis Javier Yus, gerente del Colegio de Veterinarios de Zaragoza, quien, en el caso de los perros policía, ve a los guías “perfectamente capacitados” para decidir cuándo el perro ha dejado de ser apto para el trabajo como consecuencia de la edad. En cuanto a los que se dedican al pastoreo, en ningún caso lo hacen a la tierna edad que marca el articulado (un año y medio).

La Policía Nacional comienza a adiestrar a sus compañeros de cuatro patas cuando estos tienen un año. “Tiene que ser lo suficientemente maduro como para asimilar el entrenamiento, que se prolongará durante unos seis u ocho meses, cuando ya empieza a estar operativo”, cuenta Borja Lete, subinspector de la unidad de Guías Caninos de la Jefatura de Aragón. Entrenamiento tras entrenamiento (que duran entre cinco y diez minutos y se repiten varias veces al día), los canes no están a pleno rendimiento hasta cumplidos los dos años. Y no tardan mucho en jubilarse. “Entre los ocho y nueve años dan por concluida su carrera”, apunta Lete, quien recuerda que muchos de ellos acaban en casa de sus adiestradores, con los que ha creado un fuerte vínculo.

También la Policía Local de la capital aragonesa cumple con la futura ley antes de que sea aprobada. La Unidad de Caballería dijo adiós en verano a tres animales de entre 14 y 20 años, todavía muy lejos de la edad que se proyecta como máxima. “El jefe de la unidad es plenamente consciente de qué animales han cumplido con su servicio y han dejado de ser aptos por ver menoscabadas sus condiciones físicas”, indican fuentes del cuerpo. Del trío de equinos que salieron de las instalaciones municipales, uno fue donado a un centro integrado de FP de Movera y los otros fueron subastados.

En su lugar accedieron a la función pública dos nuevos ‘agentes’ de más de cuatro años. Con ellos, el Consistorio cuenta en la actualidad con un total de ocho ejemplares (Juncal, Pilgrim, Parzival, Bambú, Teneré, Odín, Zahorí y Montolar), que disfrutan de una condiciones de vida envidiables. Sus instalaciones cuentan con todas las comodidades, disponen de cuadras cubiertas y al raso y hasta tienen a su disposición un gran secador eléctrico para después de sus duchas con agua caliente.

Granjas de visones

El borrador de la norma añade una disposición por la que modifica la ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. En este sentido, prohibirá “la importación o introducción en todo el territorio nacional de especies o subespecies alóctonas cuando éstas sean susceptibles de competir con las especies silvestres autóctonas, alterar su pureza genética o los equilibrios ecológicos”. Además, y en todo caso, cuando dichas especies tengan como destino granjas o explotaciones de cría para la industria peletera, como el caso de las granjas de visones, con presencia en Aragón, también quedarían prohibidas.

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