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Tercer Milenio

Tesoros fotográficos aragoneses salvados por la digitalización

Colecciones familiares salvadas del olvido van aflorando gracias a un proyecto de digitalización.

Niños y niñeras en la playa de la Concha, San Sebastián, captados por un fotógrafo desconocido hacia 1915.
Niños y niñeras en la playa de la Concha, San Sebastián, captados por un fotógrafo desconocido hacia 1915.
Colección familia Guillén Bernad

Más de cien veranos después, las pequeñas hijas de la familia zaragozana Guillén Bernad siguen jugando con las olas en la playa de la Concha. Su niñera no les quita ojo y un grupo de hermanos vestidos con trajes de baño marineros y sombreros de ala ancha también las miran curiosos. La moda que visten remite a principios del siglo XX –cuando San Sebastián, que ya desde tiempos de Isabel II era lugar de veraneo de la familia real, se había convertido en el destino estival predilecto de algunas familias zaragozanas acomodadas–, pero la imagen contiene una pista mucho mejor. Al fondo, a pie de playa, vemos el balneario de la Perla, una de las joyas de la arquitectura ecléctica de la Belle Époque donostiarra, que fue concluido en 1912 y ayuda a datar la fotografía en torno a 1915. Nadie recuerda ya los nombres de aquellas criaturas, pero la marea del tiempo ha traído su retrato, junto a otras estampas familiares tomando el té en su torre de San José, hasta el proyecto Aragón Photo, que se ha propuesto sacar a la luz, digitalizar y hacer accesibles fotografías antiguas conservadas en los archivos familiares aragoneses.

"Nuestro objetivo es hacer aflorar el patrimonio fotográfico oculto en las colecciones particulares", dice el investigador Araid José Antonio Hernández Latas. "En casi todas las familias hay alguien –un nieto, un hijo, un sobrino– que se interesa por la memoria familiar y se convierte en el puente gracias al que se conservan estas piezas". Fotos que pueden convertirse en tan solo ‘cosas viejas’ cuando ya nadie sabe responder si los niños preguntan ¿quiénes son estos?

En trasteros, sótanos, buhardillas y cajones de pueblos y ciudades, duermen con los ojos abiertos los retratos de esos antepasados de los que, en ocasiones, ya nadie recuerda el nombre. El investigador que coordina el proyecto Aragón Photo ha visto lo habitual que es que "la gente guarde sus fotos antiguas en esas cajas grandes de galletas, hechas de latón, o en uno o dos cajones, todas sueltas y mezclando negativos y positivos". El latón tiende a oxidarse y no es lo ideal para conservar fotos, "pero demuestra que alguien se ha preocupado de reunirlas y guardarlas".

La participación ciudadana es fundamental. Cualquier persona que crea guardar una colección de fotografías antiguas de interés puede utilizar la app móvil del proyecto para informar al equipo investigador de su hallazgo. El foco está puesto en materiales pertenecientes a la primera época de la fotografía, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Cuando se decide digitalizar, puede hacerse a domicilio, con un equipo portátil, o en la Universidad de Zaragoza, ya que el equipo multidisciplinar está integrado por investigadores del grupo Observatorio Aragonés de Arte en la Esfera Pública, sección de Cultura Visual de la Facultad de Filosofía y Letras. Y, si hay suerte, aparece un tesoro.

Guardianes del pasado

Gota a gota, barrido a barrido, el proyecto Aragón Photo va dando alegrías. La más grande ha sido el hallazgo de "nada menos que un daguerrotipo de hacia 1859". Al ser de metal, su propietario pensaba que se trataba de un cliché de imprenta, pero Hernández Latas no tardó nada en reconocer esta técnica pionera, tan escasa y exclusiva: al ser una fotografía única sobre una placa de cobre bañada en plata, al mirarlo desde distinto ángulo se ve en positivo o en negativo. "Llevando tan solo veinte colecciones digitalizadas, no esperábamos dar tan pronto con algo así", confiesa. Pese a no venir en su estuche ni con enmarcación, sino estar simplemente metido en un papel doblado, "un folio normal", extrañó también al investigador que se hubiera conservado tan bien. "Fue un alegrón, por fin un daguerrotipo de un personaje aragonés ilustre –Mariano Supervía Lostalé, quien fuera obispo auxiliar de Zaragoza y diocesano de Huesca–, y su imagen no se había evaporado, como pasa con tantos daguerrotipos". Digitalizarlo no fue fácil, pues al ser una fotografía sobre un metal, hace efecto espejo. Merecía la pena especialmente porque "es un milagro que se haya conservado". Seguramente, "hubo más daguerrotipos en Aragón, pero eran algo muy exclusivo y, con el cambio de siglo, del XVIII al XIX, casi todas las familias aristocráticas aragonesas se fueron a Madrid".

La familia de Rafael Martínez Bauluz ha custodiado este y otros materiales hasta nuestros días. En su casa se vivió el momento en que el coordinador del proyecto Aragón Photo reconoció algo tan singular como un daguerrotipo. Como todos los participantes, había enviado una muestra de su colección a través de la app: cuatro o cinco fotos entre las que no estaba esta pieza, así que aún fue mayor sorpresa encontrarla. Martínez Bauluz cuenta que "habíamos mirado algunos álbumes, pero mi padre guardaba tantas cosas, tantas cajas con fotos que nunca habíamos abierto..., no teníamos ni idea de que pudiera haber algo con un valor especial".

El padre de Martínez Bauluz, Pelayo Martínez, "era muy perfeccionista y lo guardaba todo; llegó a ocupar dos locales, un piso y la casa en que vivía, todos llenos de cosas que cuidaba y disfrutaba mucho: desde elementos relacionados con el mundo del automóvil –llegó a fabricar coches en Zaragoza–, a juguetes, un archivo propio –con fotos y una carpeta con 5.000 negativos sin revelar, pues era aficionado a la fotografía– y las ‘cosas del obispo’", que incluían fotografías, correspondencia, cuadros y otros objetos, algunos de ellos ya donados al Ayuntamiento de Tauste. Mariano Supervía Lostalé era primo de su bisabuelo. Hoy, él considera que este tipo de fondos deben estar "donde más útiles sean y donde la gente los pueda consultar, hoy, con internet, desde cualquier parte del mundo". Fue lo que le animó a participar en el proyecto Aragón Photo.

La veintena de colecciones fotográficas particulares que han recalado en la web de este proyecto procede de familias de las tres capitales aragonesas, así como de Torralba de Ribota, Torrijo de la Cañada, Used, Belchite, Tauste, Sobradiel, Cuarte de Huerva..., pese a las limitaciones impuestas por la pandemia. José Antonio Hernández Latas está convencido de que "van a aparecer cosas inesperadas; hay gente muy mayor que ha guardado fotografías toda la vida en su biblioteca y, un día, cuando faltan y se deshace la casa, van a parar a rastros, por eso hace falta actuar de urgencia antes de que una colección se disperse o se malvenda".

Esperan conseguir la renovación de un proyecto que ha contado con el apoyo técnico del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos y de la Fundación Ibercivis en labores de comunicación y difusión. Está previsto que, de octubre a mayo, en colaboración con los laboratorios César, los ciudadanos puedan acudir a Etopia un día por semana para, asesorados por un técnico, digitalizar sus fotografías e incorporarlas al proyecto.

A resguardo

Además de aprecio, la fotografía necesita más elementos alrededor para perdurar, pues "es un material muy frágil". Las principales recomendaciones son manipularlas lo menos posible y mantenerlas lejos de la luz y de las oscilaciones térmicas y de humedad. "Si una foto ha estado cien años en un trastero, déjala allí", aconseja. El papel se deshidrata y, con los cambios de temperatura, puede contraerse o expandirse. En Zaragoza "tenemos la suerte de tener un clima muy seco, lo que evita los problemas de hongos que se ven en lugares de costa".

Cuanto más antiguos son los álbumes, mejor conviven con los positivos, "especialmente los que tienen una cavidad para cada foto". Después llegarían los pegamentos y "es tremendo, porque perdemos la información que hay por detrás: pensemos en las tarjetas postales fotográficas escritas, pero, aunque se sospeche que hay información tan interesante oculta, no se deben despegar". Cuando el equipo de Hernández Latas digitaliza un álbum, lo hace respetando el orden de sus páginas. No descontextualizar puede ayudar a reconstruir cada historia, "como los arqueólogos, que no excavan sin más, sino por capas, es mejor ser cuidadosos para no perder ninguna pista". "Las fotos de los sesenta, setenta, ochenta –dice– son otro mundo, pues la película en color de revelado químico –excepto si es Kodak– tiende a magenta". Curiosamente, "el paso del tiempo le ha sentado peor a la fotografía en color que a la del XIX", asegura.

Consejos para cuidar la colección familiar

  • Preservar la colección o fondo fotográfico de la humedad, de la luz directa y de las oscilaciones térmicas. Nada de sótanos húmedos o altillos a 40 grados, pero si está ya ahí, no la muevas.
  • Manipular lo menos posible los materiales fotográficos, pues es muy fácil dejar huellas, grasa, etc.
  • No escribir nunca con tinta sobre el anverso o reverso de las fotografías ni en las páginas de los álbumes. En caso de necesidad, mejor utilizar un lápiz de grafito.
  • No despegar ni extraer por medios propios las fotografías adheridas a un álbum.
  • Guardar por separado: no mezclar copias de papel con negativos.
  • Máximo cuidado con las placas de vidrio, son muy frágiles y hay riesgo de rayarlas o romperlas.
  • No limpiar nunca con líquidos o paños húmedos las placas de vidrio ni las películas fotográficas. Tampoco los positivos. 
  • Para limpiar una imagen, mejor digitalizarla y hacerlo en photoshop.
  • No intentar enderezar o aplanar tarjetas fotográficas de cartón curvas.
  • No forzar la apertura de los álbumes fotográficos, podrían desencuadernarse.
Un daguerrotipo de hacia 1859
Retrato al daguerrotipo del futuro obispo Mariano Supervía Lostalé, ca. 1859
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Esta pieza tan singular fue hallada por el equipo del proyecto Aragón Photo en una importante colección zaragozana, con raíces o antecedentes familiares en Tauste que conserva el archivo documental y la colección fotográfica de los hermanos Supervía, Mariano y Miguel. El primero, doctor en Teología, obispo auxiliar de Zaragoza y obispo diocesano de Huesca. Y, el segundo, Miguel, canónigo arcediano de la catedral de Huesca. Este daguerrotipo sería "la segunda muestra material de esta técnica pionera, tan escasa y exclusiva, encontrada en Aragón", destaca el investigador José Antonio Hernández Latas. Además, en este caso, se encuentra en muy buen estado de conservación, no como el primer daguerrotipo hallado en nuestra Comunidad hasta la fecha, cuya efigie se había desvanecido. El retratado aquí es un joven Mariano Supervía Lostalé que, años antes de ser obispo, posa como doctor en Teología. El daguerrotipo, en cobre bañado en plata, es de un tamaño importante, "nada menos que media placa, concretamente 15,6 x 12 cm". La datación que Hernández Latas propone para este retrato al daguerrotipo es de hacia 1859, teniendo en cuenta que luce ya su anillo sacerdotal y sabemos que fue ordenado en esa fecha. Al no conservarse estuche ni marco, nada sabemos del autor. Incisa a punzón, se aprecia la marca del fabricante parisino Alexis Gaudin. En opinión del experto Denis Pellerin, la placa fue elaborada en la fábrica de Gaudin, pero el retrato debió de ser obra de algún daguerrotipista que se proveía de estas placas, ya fuera en Zaragoza o en Valencia, donde Supervía cursó el grado de doctor en Teología.

Un enérgico discurso
El escritor Vicente Blasco Ibáñez pronunciando un discurso durante la inauguración del monumento al periodista zaragozano Mariano de Cavia (1855-1920), obra del escultor José Bueno
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El escritor Vicente Blasco Ibáñez pronuncia un discurso durante la inauguración del monumento al periodista zaragozano Mariano de Cavia (1855-1920), obra del escultor José Bueno, en la plaza de Aragón de Zaragoza. La instantánea fue tomada, el 3 de julio de 1921, por el empresario textil y fotógrafo aficionado, Pelayo Martínez Calavia. "A pesar de su calidad, comparable a las publicadas en la prensa local –indica Hernández Latas–, al parecer se trataba de una fotografía improvisada, pues formaba parte de un conjunto de negativos que ilustraba un relajado paseo dominical por el ajardinado entorno de la plaza de Aragón del joven matrimonio que integraban el propio Pelayo Martínez, su mujer Pilar Catalán y su niño pequeño". Se conserva el negativo al gelatino-bromuro sobre placa de vidrio. La Filmoteca del Instituto Valenciano del Audiovisual y la Cinematografía conserva entre sus fondos un breve fragmento de película documental que recoge precisamente el momento en el que Blasco Ibáñez se dirige al público.

Un nuevo Belchite
Hijos del ingeniero Roque Adrada junto a un grupo de ‘penados’ en Belchite (hacia 1943).
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La construcción de un nuevo pueblo junto a las ruinas dejadas por la guerra en Belchite ha quedado documentada en la colección fotográfica del teniente coronel Roque Adrada Fernández, ingeniero jefe de la comarca de Zaragoza de Regiones Devastadas. Encargado de levantar un nuevo Belchite, en algunas de ellas aparecen sus hijos pequeños, en este caso –en imagen muy probablemente tomada por el propio ingeniero jefe en 1943–, posando junto a un grupo de trabajadores o penados del Campamento de Redención de Penas de Belchite, encargados de las obras; en otras tomas, repartiendo recordatorios el día de su comunión.
También queda constancia de las visitas oficiales a lo que hoy se conoce como el Belchite viejo. En una fotografía hecha por un autor aficionado y con una curiosa composición diagonal de la vista de las ruinas de la iglesia de San Martín, asistimos a la visita de las autoridades militares y civiles, guiadas por Adrada Fernández.

Perfil flamenco
Retrato del bailaor burgalés Juan Martínez
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Retrato inédito del bailaor flamenco, natural de Burgos, Juan Martínez, apoyado sobre un reclinatorio, en el papel de Don Genaro. Procede de la colección J. C. M. La fotografía, aunque tomada en el estudio fotográfico lisboeta de L. F. Sánchez, está fechada el 6 de agosto de 1909 en Zaragoza y dedicada de puño y letra por Martínez a su compañera de reparto, la bailarina Caridad Delmonte, "seguramente con motivo de recalar la compañía en la capital del Ebro –deduce Hernández Latas–. Martínez fue protagonista de la novela de Chaves Nogales ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí’ (Madrid, 1934), que recoge la apasionante peripecia vital del bailaor burgalés y su compañera Soledad en la Rusia revolucionaria de 1917. Ambos se convierten en testigos presenciales del ascenso de los revolucionarios bolcheviques, el desmoronamiento del imperio zarista y la posterior guerra civil".

De picador
Niño disfrazado de picador
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La moda de acudir al gabinete fotográfico para hacerse retratar con el disfraz de carnaval arraigó con fuerza durante la segunda mitad del siglo XIX entre las clases más acomodadas. La Foticos Collection que ha llegado al proyecto Aragón Photo incluye retratos como el de este niño disfrazado de picador, procedente del álbum de la familia San Cristóbal de Zaragoza. Es obra del gabinete Fotografía Pamplonesa. El investigador Araid aporta que, "según ha estudiado M.ª Jesús Camón, estuvo regentado por Valentín Marín y Anselmo Coyne Barreras de 1866 a 1874". Después, "Coyne abandonó Pamplona y se estableció definitivamente en Zaragoza para hacerse cargo del gabinete del malogrado Mariano Júdez". El navarro Anselmo Coyne fue origen de "una importante saga de fotógrafos y pioneros de la cinematografía que se mantuvo activa hasta finales del siglo XX".

El último emperador
La emperatriz china Cixí (1835-1908) y dos cortesanas. A la izquierda, el último emperador chino, Puyi (1906-1967), con su esposa Wan Rong (1906-1946)
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El actual propietario de este raro álbum, cuya portada luce, en caracteres chinos, la leyenda ‘Crónica de la familia imperial’, contó al equipo de Aragón Photo que, sorprendentemente, apareció en el rastro de la plaza de San Bruno de Zaragoza. Entre sus láminas descubrimos la imagen del que fuera último emperador de China, Puyi (1906-1967) y de su familia antes de que el triunfo de la revolución comunista pusiera fin a la última dinastía imperial. "Aunque debió de ser un álbum con bastante difusión en la década de 1930, apenas hemos podido encontrar un par de ejemplares similares, aunque no idénticos, en diferentes colecciones extranjeras", destaca Hernández Latas. Además del último emperador de la dinastía Qing, cuya historia llevó al cine Bernardo Bertolucci en 1987, en las páginas del álbum encontramos imágenes de la emperatriz madre, Cixí; de la esposa de Puyi, Wan Rong; e incluso de su concubina, Wen Xiu (fototipia a partir de una fotografía original de 1908. Colección Barsac). ¿En qué circunstancias saldría este álbum de China? Al experto le resulta sugerente imaginar que pudo ser "en manos de algún viajero zaragozano cuya familia lo ha conservado durante casi un siglo; ¿o hizo el camino del exilio junto a alguna familia china afecta al emperador? El importante deterioro físico del álbum contribuye a dotarlo de una cierta épica de superviviente".

Fotógrafos minuteros
Tres mujeres y dos hombres dentro de un aeroplano pintado en un telón con vista de Zaragoza
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Con sus cámaras minuteras o de cajón, que permitían revelar en tan solo unos minutos, los fotógrafos ambulantes recorrían las ferias y fiestas patronales. Durante las décadas de 1920 y 1930 fueron muy populares fotografías como esta, procedente de la colección P. Navarro. Tomada por un fotógrafo minutero desconocido, está datada hacia 1930. En esta ocasión, en el telón pintado podemos ver un aeroplano que sobrevuela la ciudad de Zaragoza, con una vista del Pilar al fondo. "La instantánea puede evocarnos otra muy similar, protagonizada por Lorca y Buñuel, también a bordo de un aeroplano pintado, tomada en Madrid con motivo de las fiestas de San Antonio de la Florida, en el año 1923", recuerda Hernández Latas. En los jardines de la Lonja de Zaragoza, entre los años 1925 y 1978, aposentó su cámara minutera el popular fotógrafo Ángel Cordero Gracia (1904-1978).

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