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Obesidad infantil, la otra pandemia

Investigadores aragoneses lideran algunos de los proyectos punteros que buscan cómo combatir esta otra pandemia, que afecta ya a más del 40% de la población infantil.

La obesidad está considerada como uno de los problemas de salud pública más graves de este siglo
La obesidad está considerada como uno de los problemas de salud pública más graves de este siglo
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Las cifras inquietan, preocupan, asustan. En España –en Aragón, aunque no hay estudios específicos, los datos corren parejos–, cuatro de cada 10 escolares presentan exceso de peso, es decir, el 40,6%. De este porcentaje, el 23,3 % se corresponde con sobrepeso y el 17,3 % con obesidad. Lo corrobora el Estudio Aladino sobre la Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad (2019). Un Estudio que se viene realizando desde 2011, entre escolares de 6 a 9 años, a través de la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, adscrita al Ministerio de Consumo.

De hecho, la obesidad está considerada como uno de los problemas de salud pública más graves de este siglo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su 57ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en mayo de 2004, la declaró "epidemia del siglo XXI" por las dimensiones que ha adquirido a lo largo de las últimas décadas y por su impacto sobre la morbimortalidad, la calidad de vida y el gasto sanitario. Y son muchos los expertos que la denominan ya ‘la otra pandemia’. "No es exagerado hablar en estos términos, ya que lo que define a una pandemia es la presencia de una enfermedad con una frecuencia muy elevada en todo o en gran parte del mundo; y la obesidad presenta esa frecuencia muy elevada en todo el planeta, especialmente en el caso de la obesidad infantil", afirma Luis Alberto Moreno Aznar, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza, coordinador del grupo GENUD (Growth, Exercise, Nutrition and Development) e investigador principal de dicho grupo en el Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2), el Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Nutrición y la Obesidad (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III de Madrid.

"La mitad de los niños españoles no consumen una dieta que se pueda considerar mediterránea"

Aunque todavía es pronto para conocer el impacto de la pandemia del coronavirus en la obesidad infantil, "todo apunta a que se ha incrementado el consumo de alimentos más energéticos y ha disminuido la actividad física, sobre todo, en los momentos de confinamiento más estricto. La pandemia, nos va a hacer dar un paso atrás en todo lo que habíamos conseguido en los últimos años", explica Moreno, que argumenta que, hace tan solo dos semanas, se presentaron los datos comparativos de más de 40 países europeos y que España ocupa el segundo lugar –por detrás de Chipre– con mayor porcentaje de sobrepeso y obesidad infantil, "así que no estamos en una situación muy buena".

Desde hace dos años y medio, este investigador, experto en nutrición y obesidad infantil, lidera el estudio ‘Meli-POP’ (Mediterranean Lifestyle in Pediatric Obesity Prevention), en el que colaboran investigadores del (IIS Aragón), reconocido recientemente por el Ministerio de Consumo con el Premio Estrategia NAOS, en la modalidad sanitaria de su XIII edición, y por la Fundación Alimerka.

Un centenar de familias zaragozanas, con hijos de 3 a 6 años, en las que al menos uno de los progenitores presenta sobrepeso u obesidad, participan en este estudio, que nació para "prevenir la obesidad infantil, mediante etilos de vida que incluyen la alimentación mediterránea tradicional y el ejercicio físico. Para motivar a las familias, les ofrecemos, gratuitamente, aceite de oliva virgen extra y pescado, además de dos sesiones de actividad física-lúdica a la semana. Es una manera de fidelizarlas en estos hábitos", apunta Moreno. En el estudio, que implica un seguimiento, "un acompañamiento" durante diez años, participan también otras dos ciudades españolas: Santiago de Compostela y Córdoba; en total, más de 700 familias. Pero, como en todo, la pandemia ha dejado su penosa impronta «y nos hemos tenido que adaptar –añade–. Muchas actividades han dejado de ser presenciales para impartirse ‘online’ –incluidas las sesiones de actividad física– a través de vídeos de recetas, de sesiones educativas de alimentación... Lógicamente, las consultas virtuales en los centros de salud que participan en el proyecto y las dificultades que estamos encontrando han contribuido a frenar la incorporación de nuevas familias en el estudio", que ya mostró su eficacia en un programa piloto, "al mejorar la composición corporal a corto plazo. Entonces, ya pensamos que era prometedor e intentaremos que se mantenga".

A vueltas con la dieta mediterránea

Retomando la importancia de la dieta mediterránea para combatir la obesidad infantil, Moreno insiste en el largo camino que todavía queda por recorrer, ya que, en estos momentos, la mitad de los niños españoles –curiosamente los suecos se adhieren más– no consumen una dieta que se pueda considerar mediterránea: "Fruta, verdura, legumbres, cereales poco refinados, aceite de oliva, por supuesto, algo de lácteos, a ser posible fermentados, más pescado y carne en cantidades moderadas. Si pensamos en los años 60, que es cuando en España se consumía la dieta mediterránea, no se comía tanta carne como ahora", aclara. Para el especialista en nutrición, este cambio en la alimentación viene asociado –«y sin querer culpabilizarlos»– al poco tiempo que tienen los padres, en la actualidad, para cocinar, lo que, sin duda, ha influido en que las familias consuman "alimentos semipreparados o semicocinados, que suelen tener una cantidad de calorías elevada y también de sal o azúcar". Ahora mismo, hay una gran oferta de productos que son "muy apetitosos, especialmente para los niños, y relativamente económicos", como la bollería industrial, por ejemplo. "Sin embargo, los alimentos más sanos, a veces, son más caros, hay que prepararlos y no son tan apetecibles ‘a priori’ para los pequeños. Tenemos barreras muy grandes y, si no nos mentalizamos de que debemos consumir una alimentación más sana..., es complicado", afirma. En este sentido, continúa, las familias con menor nivel socio económico tienen más riesgo de que sus hijos sean obesos, "porque presentan un mayor consumo de este tipo de alimentos con una elevada densidad energética y menos oportunidades para realizar alguna actividad física moderada o intensa, que, en edad escolar y adolescente, debería ser de una hora al día, todos los días de la semana".

"Se consumen muchos alimentos que se preparan rápido, muy apetecibles para los niños porque tienen mucha grasa, sal, azúcar..."

La escuela también desempeña un papel crucial en esta lucha contra la obesidad infantil. Aunque la calidad de los menús, evidentemente, podría mejorar, Moreno otorga un «notable» a los comedores escolares aragoneses. "Los padres demandan que sus hijos reciban una alimentación de calidad –se han recuperando las cocinas en muchos centros– y las empresas de cáterin, sujetas a una normativa, saben que su negocio depende de la calidad general y nutricional". "El comedor escolar –continúa– es también un espacio educativo y trabajamos en programas que contemplan la formación de los monitores de comedor, para que estén formados y motivados".

Dormir poco también engorda

"Sabemos que la falta de sueño está relacionada con la aparición de obesidad en niños y que la frecuencia es mayor en países del Mediterráneo –dormimos menos–, que en el Norte de Europa, pero todavía no sabemos por qué". Además, añade, "la oferta de programas infantiles de televisión, el uso de ordenadores, videojuegos... no tiene límites, aunque el comportamiento menos favorable es ver la televisión, porque solo recibes información, no reaccionas; ante un videojuego, por lo menos, piensas, decides, es más activo a nivel mental. Debemos intentar que no tengan muchos dispositivos en sus habitaciones, porque el uso de las pantallas dificulta la conciliación del sueño". "Y también sabemos –continúa– que la lactancia materna contribuye a evitarla, no solo por el hecho en sí, sino porque es un indicador de la actitud de la familia, sobre todo de la madre, en relación con la alimentación del niño. Además, los que han consumido leche materna se acostumbran mejor a los sabores. Hay aromas y sabores que, de manera muy suave, están incorporados en la leche de la madre". Y, como muy bien explica, acostumbrar a los pequeños a los sabores es fundamental. "Cuando se introducen los alimentos en su dieta, a partir de los 6 meses, uno de los errores más frecuentes que cometemos es que, si no les gustan, a la tercera vez dejamos de insistir, de ofrecérselos. Hay que insistir más, tener un poco de paciencia. Que perciban bien el gusto, por ejemplo, de las judías verdes y que se acostumbren a ese sabor".

"El comportamiento menos favorable, el menos activo, es ver la televisión. Sentado frente al televisor solo recibes información, no reaccionas"

Sus investigaciones también se han orientado al campo de la genética, "responsable, más o menos, del 60% de lo que llamamos la variabilidad en el índice de masa corporal o porcentaje de grasa corporal. Pero, cuando identificamos familias en las que alguno de los padres presentan obesidad, puede ser debido a la genética, sí, pero también a un ambiente obesogénico, es decir, al consumo de alimentos energéticos y poca actividad física, o a las dos causas. La obesidad es un problema de susceptibilidad genética, poligénico, multifactorial y, por lo tanto, pueden tocarte unos pocos números en el sorteo de la lotería de la obesidad o te pueden tocar muchos; cuantos más lleves, mayores posibilidades de desarrollar el problema".

La obesidad afecta a todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo. "Las complicaciones más frecuentes en los niños son las psicosociales, sobre todo la baja autoestima, y los problemas orgánicos más visibles son de tipo ortopédico, como el genu valgo –las rodillas que se meten hacia dentro– y los pies planos; las que más impacto pueden tener a medio y largo plazo son la hipertensión arterial –ya hay un porcentaje relativamente importante de niños con obesidad que tienen la tensión alta– y la resistencia a la insulina, el primer paso hacia el desarrollo de la diabetes. Pero, de poco sirve intentar convencer a un adolescente, diciéndole que, dentro de 40 años, se puede poner enfermo. Eso no es algo que les motive mucho", concluye el doctor Moreno.

Videojuejos activos versus obesidad infantil

Mucho más estimulante para los pequeños resulta el proyecto, también del GENUD, ‘Videojuegos activos frente a la obesidad y el sedentarismo en niños y niñas de 9 a 11 años: una propuesta disruptiva’, liderado por el catedrático del Área de Educación Física y Deportiva de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza José Antonio Casajús, que acaba de conseguir el segundo accésit en la modalidad ‘Actividad física en el ámbito familiar y comunitario’, en la XIV edición de los Premios Estrategia NAOS.

"Desde el año 85, aproximadamente –explica el responsable del proyecto–, venimos observando cómo se triplican las tasas de sobrepeso y obesidad, y cómo los proyectos que desarrollamos, desde principios de este siglo, con propuestas de mayor actividad física, actividades extraescolares... no arrojan los resultados que esperábamos". Del mismo modo, han constatado, asevera, cómo las nuevas actividades de ocio apartan de la calle, de la actividad natural, que requiere espacios y tiempo, a niños y niñas de esta franja de edad, que, por otro lado, tienen una oferta, tremendamente atractiva, con elementos de pantalla: móvil, ordenador, tablet, televisión... "Y hay un grupo que, para nosotros, tiene un especial interés, ese grupo de niños con sobrepeso y obesidad, que no disfrutan haciendo deporte, porque su condición motora es muy mala, es decir, que son torpes. Siempre ha habido uno o dos en cada clase, pero ahora ese grupo es muy grande. Son niños sedentarios, con patrones motores, que se tienen que desarrollar en esa etapa de su vida, muy poco desarrollados. Y, si no somos capaces de revertir esta situación, nos vamos a encontrar con adultos que van a ser inactivos, torpes, sin interés por la actividad física, que van a aumentar más el sobrepeso, lo que les va a conducir a una comorbilidad, aparición de patologías –diabetes, hipertensión, osteoporosis–, que si en un ciclo de vida normal suelen aparecer hacia los 60 años, ellos las pueden padecer a edades muy tempranas, a los 40, lo que supondrá una pérdida de calidad de vida tremenda", explica Casajús.

"Los videojuegos activos permiten desarrollar las habilidades motrices de los niños y niñas con sobrepeso u obesidad, a la vez que se divierten"

Bajo estas premisas, surgió el proyecto ‘Videojuegos activos frente a la obesidad y el sedentarismo...’, en el que participan 65 niños en Zaragoza. "A través de los centros de salud, en colaboración con los pediatras, diseñamos una propuesta de intervención, tres días a la semana, ofreciéndoles lo que a ellos les gusta; y sabemos que si ven una pantalla o una tablet, enseguida se apuntan. Se trata de darles opciones para que se diviertan, pero sudando, y así conseguimos el objetivo, no tanto de que pierdan peso, porque con este tipo de acciones el gasto energético no es muy alto, pero sí que mejoren mucho las habilidades motrices y que adquieran ese gusto por la competición –todos los críos son competitivos–, y aprovechando ese tipo de estímulos intentar que tengan interés por participar en las actividades extraescolares que les proponen en los colegios, en deportes en grupo o individuales...", comenta el catedrático.

Por supuesto, hablamos de videojuegos activos, en los que tiene que haber una interacción física de movimiento entre el videojuego y el jugador. "Es una herramienta amigable para ellos. Cuando están en las sesiones, que son de 5-6 niños, durante 50 minutos, la interacción entre ellos es estupenda, el sudor y el ejercicio facilitan mucho la comunicación. Y las familias están encantadas", concluye. Ahora toca analizar los datos arrojados por el estudio, aunque la pandemia, una vez más, ha reducido a la mitad la duración de un proyecto diseñado para tres años.

El sobrepeso es más frecuente en las niñas, la obesidad, en los niños

La Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), adscrita al Ministerio de Consumo del Gobierno de España, viene realizando desde 2011 el Estudio Aladino sobre la Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad, en que participan escolares de 6 a 9 años de todas las Comunidades Autónomas y que permite conocer, con el máximo rigor científico, la prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil en España. El último informe de 2019 desvela que cuatro de cada 10 de los escolares presenta exceso de peso, es decir, el 40,6%. De este porcentaje, el 23,3 % se corresponde con sobrepeso y el 17,3 % con obesidad. El sobrepeso es más frecuente en niñas (24,7%, frente al 21,9 %), mientras que la obesidad, incluida la severa, lo es en niños (19,4%, frente al 15%). También es muy significativo el factor relacionado con la percepción que los progenitores tienen del peso de sus hijas e hijos. Nueve de cada 10 progenitores de escolares con sobrepeso consideran normal el peso de su hija o hijo; lo mismo ocurre con cuatro de cada 10 progenitores de escolares con obesidad.

La pandemia y la evidencia que paulatinamente se va obteniendo sobre la covid-19 indican que la obesidad representa un factor de riesgo para esta enfermedad.

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