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tribunales

Juzgados por 7 sabotajes que pusieron en "peligro real" a los viajeros del tren a Teruel

La fiebre del cobre llevó a los ladrones a usar tractores para arrancar cable de la catenaria y de otros servicios.

Estación de Cariñena, que ya cuenta con una máquina de autoventa, en una imagen de archivo.
Cinco de los robos de cable se produjeron en el municipio de Cariñena en 2014.
Heraldo

Una ola de sabotajes en la línea de ferrocarril que une Zaragoza y Teruel disparó en la primavera de 2014 todas las alarmas, ya que la sustracción de cable de la catenaria y de la red de servicios llegó a poner en «peligro real» a los viajeros. «Las consecuencias pudieron ser muy graves», declaró un funcionario del Adif durante el juicio que se celebró este viernes en la capital aragonesa contra una banda a la que se atribuyen hasta siete robos en el tramo de vías que discurre entre Botorrita y Cariñena.

El Juzgado de lo Penal número 6 pretendía enjuiciar a los siete acusados, cuatro de ellos, miembros de las misma familia. Sin embargo, uno se encuentra desde hace tiempo en paradero desconocido y no se sentó en el banquillo. La Fiscalía les atribuye distintas funciones en el marco de la supuesta organización delictiva: desde el robo material del cobre, siempre de madrugada, hasta su posterior venta o receptación en una misma chatarrería. Las penas que propone para todos ellos suman 31 años de prisión, a los que añade la devolución del importe de la mercancía sustraída y los daños causados: 101.650 euros.

La identificación y arresto de los sospechosos –las hermanas María y Sofía E. H., sus respectivas parejas, Rafael L. B. y Juan Antonio M. M., un amigo de los anteriores, Israel H. H., y los chatarreros Luis Teodoro C.S. y Jaime C. S.– resultaron bastante laboriosos. Sin embargo, gracias a una serie de escuchas telefónicas, la Guardia Civil logró desenmascarar a los saboteadores, a los que llegó a fotografiar cuando retiraban el cable que habían cortado la noche anterior.

Como habían hecho hasta ahora, los acusados lo negaron ayer todo. Lo máximo que reconocieron algunos fue que vendieron  o compraron alguna vez chatarra. «Pero siempre de forma legal», señalaron. Sus abogados –entre otros, Javier Osés, Olga Oseira, Carmen Sánchez o Carlos Castillo– impugnaron varias de las pruebas que llevaron a la detención los sospechosos, para los que pidieron la absolución.

Tractores para cortar el cable

La ola de sabotajes por la que se juzgó a la banda se inició 5 de febrero de 2014, cuando se llevaron 400 metros de tendido en Cariñena. Los seis robos posteriores se registraron en este mismo municipio, en Botorrita y en Longares.Según los cálculos del Adif, se sustrajeron un total 4,5 kilómetros de cable de cobre. El gestor público se ha personado como acusación particular y reclama una indemnización algo mayor que la Fiscalía: 173.768 euros.

Según los investigadores, para  arrancar la catenaria y el resto de cableado los acusados se valían siempre de tractores que sustraían en naves agrícolas próximas. A la banda también se le atribuye la sustracción de 460 aspersores en una finca de Ejea y de 6,4 toneladas de magnetita en Tierga.

Acusado de sisar cobre valorado en 91.179 euros

El lucrativo negocio del cobre, sobre todo cuando es robado, sentó también ayer en el banquillo a Alex Javier N. G., un peón que prestaba servicios para una empresa de recuperación y reciclado de  metales de La Puebla de Alfindén. Según la Fiscalía y la propia compañía, este consiguió hacerse con 18 toneladas de troquel-pletina, material valorado en 91.179 euros. Razón por la que le atribuyen un delito continuado de robo con fuerza y solicitan para él hasta cinco años de prisión.

El acusado empezó a trabajar en la empresa el 1 de diciembre de 2014. Cuando se produjeron las sustracciones de cobre, entre el 19 de julio de 2017 y el 5 de octubre de 2018, el empleado tenía contrato indefinido. Al parecer, durante la jornada laboral, el hombre apartaba material que después se llevaba de madrugada. Lo hacía, mantiene la empresa, utilizando una llave que había conseguido de forma ilícita para colarse en las instalaciones, ubicadas en el Camino de Épila de Zaragoza

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