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Medio centenar de furgonetas de fruta y solidaridad en una mañana

El Banco de Alimentos de Zaragoza repartió en 2020 casi 4 millones de kilos que llegaron a 26.200 personas. Tras la ruta de una de sus cajas hay una dura realidad.

En el Banco de Alimentos de Zaragoza este miércoles toca reparto de frutas y hortalizas frescas del Fondo Español de Garantía Agraria. Las cajas se apilan en la explanada exterior y los voluntarios las llevan hasta los vehículos asegurándose de guardar las distancias entre ellos. Se monta una especie de yincana con forma de ‘u’ para evitar aglomeraciones. Su presidente, José Ignacio Alfaro, cuenta que en 2020 se repartieron 3,9 millones de kilos, frente a los 3,7 del año anterior, entre 164 entidades sociales de toda la provincia. Atendieron a 26.245 personas. Los donativos que han recibido y la gran recogida que se sustituyó por cheques les ha permitido poder elegir lo que compran y han incorporado a los menús segundos platos, algo poco habitual en las donaciones de productos. En este 2021 hasta finales de febrero ya llevan otros 498.611 kilos distribuidos. De los 828.000 euros que se obtuvo en la gran recogida, la mitad está ya invertido.

La superiora de las Misioneras Eucaristía de Nazaret, Mª Antonia Acosta, llega con una pequeña furgoneta. "Somos como el centro de la comunidad latinoamericana. Antes teníamos 80 familias y ahora estamos en las 150. A algunas tenemos que decirles que no porque ya no nos alcanza y las derivamos a otros sitios", cuenta.

Entre las 45 entidades que esta mañana van a recoger los alimentos se encuentra también el centro de recursos San Pablo, que gestiona en este barrio zaragozano la Sociedad San Vicente de Paúl. "Somos fijos, venimos por lo menos tres veces a la semana", apunta Francisco Soto, uno de los voluntarios que junto a otro compañero se llevan 2.400 kilos de lechugas, pimientos, plátanos, berenjenas, calabacines...

El jueves a las 10.30 empieza su reparto en el local del Gancho. "La media de atenciones mensuales durante 2020 fue de 285 familias y ahora tenemos 311 activas, que son unas 956 personas", resume Teresa Lafuente, coordinadora del centro. No habla de "desbordamiento", quizás, como dice, porque viven en él de continuo, pero sí de un "mayor uso de los recursos". "Antes a por los productos frescos venían el 50% de las familias y ahora pocas fallan".

El local de la calle de Las Armas se les ha quedado pequeño para almacenar las cajas e ir preparando los lotes individuales. Se hacen al momento y de uno en uno. Disponen de otro sitio a unos pocos metros en el que a esa misma hora descargan más lotes que acaban de traer del Banco de productos envasados y leche.

Reparto matinal de alimentos en San Pablo
Reparto matinal de alimentos en el barrio de San Pablo de Zaragoza este pasado jueves
Toni Galán

Omar, nombre ficticio, les echa una mano. A sus 50 años lleva casi tres décadas afincado en la capital aragonesa. Su situación era como la de muchos hogares con unos ingresos fijos de un sueldo, pero se quedó en paro hace un año cuando cerró el restaurante en el que trabajaba como cocinero y va a empezar a cobrar el subsidio de desempleo, 450 euros mensuales. "El propietario se declaró insolvente y ni ERTE ni nada, hemos ido de juicio. Con los gastos normales de una familia y dos hijos que estudian o en prácticas la situación se hace muy complicada", dice. No tiene demasiada confianza en volver a enganchar a corto plazo en una hostelería "muy tocada", pero le sobra experiencia en otros campos. "He sido también mozo de almacén, repartidor, monitor de tiempo libre... Siempre hay esperanza".

Por primera vez acude a colaborar Álex, un brasileño que en un par de meses hará dos años que llegó a España con su mujer huyendo de la violencia de Río. Aquí han tenido a su bebé de 14 meses. Diseñador de profesión, ha vivido hasta ahora de los ahorros y de "servicios" como pintor para ir tirando, "el último hace 40 días". "Veníamos con la idea de montar un negocio pero fue el peor momento. Además, todos los trámites se paralizaron y llevo desde junio con la petición del permiso de residencia", se lamenta.

Los comedores sociales son otro lugar al que se acercan cada día más personas a conseguir lo más básico. A finales de octubre de 2019 se puso en marcha el del barrio de Delicias, impulsado por la parroquia de San Pedro Arbués y la Fundación Sesé. Desde entonces han servido 10.000 menús solidarios (una simple aportación de tres euros vale). Ahora cada día entregan 40, de los que sirven a domicilio nueve. "¿Cómo le va?, ¿qué tal está hoy?", pregunta una de las voluntarias mientras tiende una bolsa. "Para mi edad, no me voy a quejar", contesta Manuel, que este viernes se llevó el último. Hace unos meses que acude. Pintor de 60 años, se quedó en paro hace cuatro, cuando quebró la empresa en la que trabajaba y ahora a su edad le resulta imposible volver al mundo laboral. "Cobro el subsidio y pago 180 euros por una habitación alquilada, con lo cual esto me viene muy bien para alargar más los 430 euros. Nadie está a salvo de verse en una situación similar", reflexiona. La parroquia también cuenta con un banco de alimentos al que acuden 60 familias. "Y la solidaridad que no falte", se despide María Luisa Salvador, una de las voluntarias.

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