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Día de la Marmota

La marmota, un animal que regresó a las praderas aragonesas tras miles de años

Cada 2 de febrero se celebra el Día de la Marmota, una fiesta estadounidense que tiene como protagonista a este roedor con cierta presencia en Aragón.

Marmota en el collado de Sahún
Un ejemplar de marmota, en el collado de Sahún
Rodrigo Pérez

2 de febrero: Día de la Marmota y de la Candelaria, unas fiestas populares que están íntimamente ligadas con el tiempo. En Estados Unidos la salida de la marmota Phil de la madriguera pronostica el cambio de estación. La tradición dice que si este animal es capaz de ver su sombra, el invierno se alargará seis semanas más; si no lo hace, la primavera llegará antes de lo esperado y con temperaturas superiores a la media. Este animal cada año ocupa minutos de televisión en todo el mundo y notas en periódicos de todos los idiomas.

Las marmotas son unos roedores que pueden llegar a pesar en torno a los cuatro kilos y su apariencia es rechoncha. De su redondeada cabeza, cubierta por un denso pelaje, asoman dos pequeñas orejas. Pardo grisáceo es el color de su dorsal, negra la punta de la cola y crema la partes inferiores. Esas patas son cortas y fuertes, rematadas con unas garras de largas uñas, además luce grandes incisivos. Así los definen en 'Mamíferos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido', un libro editado por la Diputación de Huesca.

En ese enclave pirenaico, en Ordesa, es uno de los lugares donde reside una "población numerosa y boyante" de marmotas. Se puede comprobar en un paseo por sus parajes, ya sea al divisarlas o a través de sus reconocibles silbidos ante cualquier amenaza, previenen mediante "códigos sencillos que avisan del peligro".

"Habitó el Pirineo, pero desapareció de allí hace 10.000 años"
Marmotas, seis meses hibernando
Una marmota, en una imagen de archivo.
Benone Coteanu

Esta especie vivió en Aragón hace millones de años, sin embargo, terminó desapareciendo. "Habitó el Pirineo, pero desapareció de allí hace 10.000 años, en el Pleistoceno, en una fase interglaciar cálida", se desvela en 'La fauna invasora en Aragón', del Gobierno de Aragón. Ejemplares de marmota persistieron en los Alpes occidentales y en los montes Tatra, entre Polonia y Eslovaquia.

A finales de la década de los cuarenta del pasado siglo fueron reintroducidas en los Pirineos por la vertiente francesa por ser presa habitual de otras especies, como águilas reales o zorros. "En 1948 y años posteriores fue introducida en el Pirineo Francés a partir de ejemplares procedentes de los Alpes. Las introducciones se realizaron tanto por particulares como por las instituciones francesas, con el objetivo o justificación de disminuir la presión de depredación del águila real sobre el sarrio y posteriormente para favorecer fuentes alternativas de alimento al oso pardo", se apunta en la publicación sobre fauna invasora.

Dos décadas más tarde, sus patas comenzaron a dejar huella en tierras aragonesas. "A partir de 1968 los primeros ejemplares empezaron a verse en las montañas oscenses, y en la actualidad es el roedor de mayor tamaño en Aragón", se señala en la misma obra. Desde entonces, se ha establecido como parte de la fauna local, ya que en las praderías cercanas a los roquedos de los puertos pirenaicos han encontraron un "hábitat favorable", donde ponen la nota de movimiento entre las cotas de 1.700 y 2.500 metros.

Marmotas, seis meses hibernando
Marmotas, en imagen de archivo.
Benone Coteanu

En el norte de Aragón excavan sus madrigueras y también establecen su morada en cavidades de las rocas, donde hibernar, de esta manera, "evita los periodos glaciales y los fenómenos adversos", explican en 'Mamíferos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido', así se han adaptado al medio. La profundidad de los suelos de Cuello Arenas o los Llanos de Millaris favorece su adaptación. En los casi seis meses que aguardan en sus cados, "bajan su temperatura corporal hasta unos 5 o 6 ºC y la frecuencia cardiaca a unos seis latidos por minuto", se añade en la publicación de la DPH, donde se añade que esa forma de vida acarrea un coste: "Supone la primera causa de mortalidad en la especie, sobre todo en individuos jóvenes poco experimentados".

Su relación en el medio

En los manuales de fauna se establece que su alimentación "se basa en herbáceas y bulbos que consumen con avidez, sin depredar sobre huevos de aves o vertebrados, como pueden hacer otros roedores", detallan en 'Mamíferos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido'. Por su carácter colonial, genera presión herbívora, "pudiendo competir localmente con el ganado, las perdices pardillas o nivales". En 1997 preocupó a los cazadores y ganaderos por las consecuencias ecológicas en las explotaciones agrícolas y en los prados de altura que ocupaban los rebaños.

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